Añón de Moncayo se recupera tras un incendio que puso a prueba a los vecinos de la localidad.
La segunda vida de los pueblos más castigados por los incendios en Aragón: "Cuando viene el fuego, todo se desborda"
Ateca, Añón de Moncayo y Luna siguen recuperándose tras perder miles de hectáreas. Años después, el verde "se va abriendo paso" entre el gris del monte.
Más información: El incendio de Orés se desata con más de 12.000 hectáreas calcinadas: es el peor en al menos 4 años en Aragón.
Luna, Ateca y Añón de Moncayo tienen algo en común. Los tres son pueblos de Zaragoza y los tres saben lo que es sufrir en sus propias carnes un gran incendio forestal como el de Orés, que ya ha devorado más de 15.400 hectáreas y se ha convertido en el peor de lo que va de año en España.
En Luna, donde el censo no llega a los 700 habitantes, se vivieron momentos dramáticos aquel fatídico 2015, cuando las llamas arrasaron 14.000 hectáreas. A Ateca, el fuego les sorprendió en 2022, y en Añón, las imágenes de los vecinos luchando y escapando de las llamas dieron la vuelta al mundo.
Solo este último arrasó más de 6.000 hectáreas y obligó a desalojar a 1.500 personas, unas horas de máxima tensión que sus gentes no han conseguido olvidar.
"Cuatro años después quedan muestras... y, sobre todo, recuerdos", cuenta su alcalde, José María Vijuesca.
El regidor asegura entender perfectamente la "desesperación" que están viviendo estos días los vecinos de Orés, Asín, Luesia, Malpica de Arba y Uncastillo, evacuados por el avance de las llamas y sin fecha para volver a casa.
A él, apasionado del monte, todavía le cuesta ver las imágenes.
"Cuando uno vive un incendio de estas magnitudes, todo se desborda. Por eso, nos solidarizamos con quienes los están sufriendo ahora y nos ponemos a su disposición. A veces, las pequeñas cosas como tener agua o un bocadillo resultan muy importantes", explica.
Él formó parte de los voluntarios que se quedaron dentro del pueblo para proteger sus calles y casas, una labor intensísima que evitó que los daños fueran a mayores.
En estos años no ha dejado de pensar en todo lo que podría haber hecho y no hizo: "Pero al final, te das cuenta de que si viene un incendio de esas magnitudes es muy difícil pararlo".
"Una equivocación"
La recuperación de la zona no está siendo ni fácil ni rápida. Vijuesca reconoce que, con la comarca de las Cinco Villas en llamas, "no es momento de hablar mal de nadie", pero asegura no creer en la regeneración natural que se ha planteado desde el Gobierno de Aragón.
"Es una equivocación, se tendría que estar haciendo más. No hay una regeneración forestal correcta. Se ha apostado por el 'lo que sale, sale", lamenta.
En Ateca, de unos 1.800 habitantes, el color verde se está volviendo a abrir paso entre el gris del monte. "Pero no por los árboles, sino por los arbustos, que se están apoderando de la zona quemada. Al menos, es un primer paso", cuenta su alcalde, Ramón Cristóbal.
Tras el incendio, los técnicos optaron por dejar pasar el tiempo para ver cómo evolucionaba la zona afectada. En muchos casos, cuenta el regidor, se regenera por sí sola con los años, pero en otros hay que 'empujar'.
En este se terminaron haciendo actuaciones en parte de la superficie calcinada, pero "no en toda su extensión". Lo que se hizo fue poner medios para erosionar lo menos posible la zona.
No obstante, basta con acercarse por allí para comprobar que para volver a ver el verdor de antaño harán falta "años y años". "La regeneración espontánea cuesta mucho. Se empieza a apreciar a los cinco o seis años y aquí se ha notado, pero ahí estamos", admite.
Como el alcalde de Añón, recuerda aquellos días del incendio como jornadas de mucho trabajo. Las decisiones recayeron en el dispositivo del Gobierno de Aragón, pero el Ayuntamiento jugó un papel fundamental para proveer de comida y bebida a los equipos de extinción y ejercer de nexo con los vecinos, las administraciones y los medios de comunicación.
La suerte quiso que no hubiera daños en las viviendas o en la maquinaria agrícola, lo que hizo que, aunque el municipio fuera declarado zona catastrófica, las ayudas del Estado no influyeran mucho.
Años después también está por aclarar qué o quién originó el incendio, una cuestión que ha terminado en los juzgados, según recuerda el propio alcalde.
Calma tensa en Luna
En Luna, otro de los pueblos de Aragón más castigados por las llamas, el recuerdo queda algo más lejano. Han pasado 11 años del trágico suceso, pero estos días no pueden evitar mirar de reojo todo lo que está sucediendo en Orés.
Las llamas se les han ido acercando en las últimas horas, aunque siguen lo suficientemente lejos como para pensar que no habrá problemas.
"Se ve humo por detrás del pueblo, pero no fuego", confirmaba su máximo representante, Luis Miguel Casajús.
Esto no quiere decir que no haya un cierto nerviosismo entre la población. Sobre todo entre quienes vivieron las consecuencias del incendio de 2015.
En su caso, la imagen del monte deja una década después una de cal y otra de arena.
"Se está repoblando, pero hay unas zonas que sí y otras que no. Lo llevan los técnicos del Gobierno de Aragón, que vienen de vez en cuando, miran donde no se está regenerando y, poco a poco, van haciendo alguna pequeña plantación", expone.
El paso del tiempo ha hecho que, ahí sí, la imagen haya cambiado bastante respecto al gigantesco manto gris que cubrió el monte, pero aún se ve algún tronco quemado.
A esto hay que añadir las zonas a las que no ha llegado esa segunda vida. "Luna ha sufrido otros incendios anteriormente y cuando algo se quema dos veces cuesta mucho más que haya una regeneración", indica.
Petición a la población
En Las Cinco Villas, comarca a la que pertenecen los municipios afectados por el incendio de Orés, ni siquiera se puede pensar aún en la recuperación. El fuego ha acabado con una superficie de altísimo valor ecológico y, según las previsiones, va a tardar "días y días" en controlarse.
Por ahora, lo que más preocupa es que la población no se acerque hasta la zona próxima al incendio para que los efectivos puedan trabajar con las máximas garantías de seguridad, de ahí que desde el Gobierno de Aragón se haya hecho un llamamiento pidiendo expresamente que nadie se desplace hasta allí salvo que sea estrictamente necesario.
Una vez que se apaguen las llamas se podrá empezar a hablar de la recuperación, pero en el territorio son conscientes de que, con un incendio que va camino de convertirse en el peor de la historia de Aragón, se necesitará mucha paciencia y años de trabajo.