Carlo Ratti, en el congreso 'El mundo que viene', en Zaragoza

Carlo Ratti, en el congreso 'El mundo que viene', en Zaragoza E. E.

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Carlo Ratti, arquitecto: "La arquitectura puede jugar un papel muy importante para adaptarse a climas extremos"

Ratti reflexiona sobre el presente -ya tangible- de las ciudades inteligentes, el papel del arquitecto ante algoritmos y sensores, y los retos que plantean fenómenos como el cambio climático.

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Zaragoza
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Carlo Ratti, arquitecto e ingeniero italiano y una de las voces más influyentes en la intersección entre urbanismo, tecnología y datos, lleva dos décadas anticipando cómo las ciudades pueden transformarse en sistemas vivos capaces de adaptarse en tiempo real. Director del Senseable City Lab del MIT, su trabajo ha redefinido la forma en que entendemos el espacio urbano en la era digital.

Con motivo de su participación en el congreso “El mundo que viene”, organizado por Fundación Ibercaja en Zaragoza, Ratti reflexiona sobre el presente -ya tangible- de las ciudades inteligentes, el papel del arquitecto ante algoritmos y sensores, y los retos que plantean fenómenos como el cambio climático o la irrupción del coche autónomo.

En esta conversación, el urbanista defiende una visión en la que lo digital no sustituye a lo humano, sino que amplifica la capacidad de las ciudades para aprender, adaptarse y evolucionar.

P.- Usted ha defendido que las ciudades pueden “sentir” y reaccionar en tiempo real gracias a los datos. ¿Hasta qué punto cree que esto ya es una realidad y no solo una promesa?

R.- Lo que me gusta de la información en tiempo real es que es sobre la vida y la naturaleza, no sobre nosotros. Este feedback es un principio clave de la vida.

Por eso siempre me ha gustado esta idea de una ciudad que se convierte en algo casi como un ser vivo. No es solo la ciudad hecha de piedras, es un lugar donde los bucles de retroalimentación pueden cambiar realmente la dinámica urbana y humana.

Empezamos a trabajar en este tema hace 20 años, en la Bienal de Venecia, donde hicimos por primera vez este tipo de datos en el momento real en una ciudad grande usando redes de teléfono. Eso nunca se había hecho. Pero ahora sucede todo el tiempo en nuestro bolsillo.

Solo miras cualquier cosa que te interese, si estás interesado en el tráfico, si estás interesado en comprar algo, en conocer a alguien, etc. Todos estos son movimientos de información en tiempo real. Es una realidad y sigue evolucionando muy rápido.

Carlo Ratti, en el congreso 'El mundo que viene', en Zaragoza

Carlo Ratti, en el congreso 'El mundo que viene', en Zaragoza Fundación Ibercaja

P.- Sus proyectos exploran la intersección entre arquitectura y tecnología digital. ¿Cómo cambia el papel del arquitecto en una ciudad gobernada por algoritmos y sensores?

R.- No es que estemos explorando específicamente la tecnología digital, sino que lo que nos interesa es realmente esta fusión entre lo natural y lo artificial. Y, de alguna manera, lo digital es una de las formas en que funciona lo artificial.

Como definió Herbert Simon, por ejemplo, lo artificial tiene que ver con los edificios, los objetos, y las ciudades. Y, por tanto, lo digital es una de las formas en que estas cosas se están comportando cada vez más como seres vivos.

Eso es lo que me entusiasma. No es necesariamente lo digital en sí mismo, sino esto. Y está claro que eso cambia la forma de pensar como arquitecto y vuelve a centrar la atención mucho más en el lado humano de las cosas, porque es eso lo que interactúa con este tipo de ciudad viva.

P.- En muchas de sus propuestas aparece la idea de movilidad flexible y adaptativa. ¿Están cometiendo errores las grandes ciudades?

R.- Es bueno hacer errores. Lo importante es que debemos poder gestionar los errores. Es, como dicen las personas en ecosistemas innovadores, como Silicon Valley, fallar rápido para hacer un error, pero aprender de él.

Así que creo que el problema es no hacer errores, que siempre suceden, cuando no estás aprendiendo de ellos. Y a veces la arquitectura, por ejemplo, los arquitectos siempre están muy asustados con la evaluación post-occupancy, con ver cómo los edificios realmente funcionan. Pero en realidad es un gran modo de ver si algo funciona, si algo es un error, y puedes aprender de él la próxima vez.

Así que, como dijimos antes, las cosas clave son los grupos de respuesta que nos ayudan a aprender de ello y hacerlo mejor la próxima vez.

Carlo Ratti, en el congreso 'El mundo que viene', en Zaragoza

Carlo Ratti, en el congreso 'El mundo que viene', en Zaragoza Fundación Ibercaja

P.- ¿Cree que el coche autónomo transformará realmente las ciudades o está sobrevalorado frente a soluciones más simples como el transporte público o la micromovilidad?

R.- La historia de los autos autónomos ha sido interesante. Cuando hace 20 años nadie creyó en ellos, hace 10 años todos pensaban que ya eran realidad. Ahora están empezando a escalarse. Hace una semana estuve en Estados Unidos, y en muchas ciudades ya te lo ofrecen. Ahora, como todas las tecnologías, pueden ser buenas o malas.

Déjenme darles dos escenarios. Un buen escenario es en el que muchos coches se vuelven autónomos. Los coches particulares están parados el 95% del tiempo. No solo no los usan, sino que usan espacio valioso en nuestras ciudades. Hicimos un estudio científico que mostró que, teóricamente, podrías operar en una ciudad como Singapur, con una fracción de los coches que tenemos hoy, y con mucho menos aparcamiento en la ciudad.

También puedes imaginar un escenario distópico, que es que los coches autónomos se vuelven tan baratos que la gente deja de usar el bus, y todo el mundo quiere que le lleven de un lado a otro. Además, para no pagar el aparcamiento, el coche puede seguir circulando sin rumbo fijo, como un zombi, y te da más tráfico y más contaminación.

Entonces, ¿qué camino se tomará? Solo dependería de una cosa, que es de la gente, de nosotros. Seremos nosotros quienes decidamos, como todas las tecnologías, cómo queremos usarlo.

P.- El calor extremo es cada vez más frecuente. Lo podrás conocer hoy en Zaragoza. ¿Qué soluciones urbanísticas considera más urgentes?

R.- Es algo que nos preocupa a todos. De nuevo, no nos interesa lo digital, pero sí cómo se puede negociar mejor la frontera entre lo natural y lo artificial. Sin duda, el cambio climático está actuando en esa frontera

El tema que dirigí en la Bienal de Venecia era realmente sobre cómo podemos usar todo tipo de inteligencia a nuestra disposición, natural, artificial y colectiva, para adaptarse a un mundo cambiante. Es una de las cuestiones clave: cómo podemos realmente concebir la arquitectura como una forma de adaptarnos a un clima cambiante

Hoy en día, ahora que el clima podría volverse más extremo, la arquitectura puede desempeñar de nuevo un papel muy importante para adaptarse a ello.

P.- ¿Cómo pueden las ciudades más tradicionales incorporar tecnología sin perder su identidad histórica y cultural?

R.- Muchas tecnologías digitales no alteran realmente la estructura física de la ciudad. Zaragoza se remonta a la época romana, y los antiguos romanos tenían dos palabras para referirse a la ciudad: la ciudad física, y la ciudad formada por los ciudadanos y la comunidad.

Y lo interesante es que muchas tecnologías digitales tienen un impacto en la comunidad, en cómo nos organizamos, pero no necesariamente en la ciudad física. Así que no hay que temer perder ese tipo de identidad física.

P.- La sostenibilidad es un eje central en el urbanismo actual. ¿Puede la tecnología digital acelerar realmente la transición ecológica?

R.- Sí. De nuevo, todo depende en gran medida de cómo se utilice. Ahora bien, las tecnologías digitales también pueden ser parte del problema. La IA consume gran cantidad de energía, lo que dificulta la transición. Pero también se dispone de herramientas que nos ayudan a pensar mejor, por lo que también puede ser parte de la solución.

P.- Tras la pandemia, muchas ciudades han replanteado sus espacios públicos. ¿Qué cambios han llegado para quedarse y cuáles cree que se revertirán?

R.- Hay algo muy bonito que ha aportado la Covid-19. Obligó a las ciudades a innovar más. Las ciudades tuvieron que probar cosas y, de verdad, tuvieron que pasar por un proceso de ensayo y error, fracasar a veces, probar otras cosas… Y eso fue muy interesante.

Esto dio lugar a un sinfín de cambios. En ciudades como París, por ejemplo, surgió un lugar llamado «Rue Delivery». Tradicionalmente, era una calle con muchos carriles de tráfico. Ahora es una zona totalmente peatonal, dedicada casi por completo a las bicicletas, a las personas y a algunos medios de transporte público.

Lo que debería quedarse no es algo en concreto -eso dependerá de la situación de, por ejemplo, Zaragoza o Barcelona-, sino el método. Un método en el que los alcaldes realmente actúen por ensayo y error con medidas temporales. Se prueba algo, se comprueba si funciona y, a continuación, se adapta.