Un perro en una consulta veterinaria.

Un perro en una consulta veterinaria.

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Ester, veterinaria con 30 años de experiencia, sobre la presión que sufre el sector: "Hemos registrado agresiones en la clínica"

El estudio indica que el 94% de los veterinarios sufre agotamiento emocional y que 8 de cada 10 han perdido motivación por su profesión.

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Alicante
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Las mascotas han dejado de ser simples acompañantes para convertirse oficialmente en verdaderos miembros de la familia. Desde el 5 de enero de 2022, en España, las mascotas son consideradas jurídicamente miembros de la familia y "seres sintientes", dejando atrás su consideración legal como "cosas" o bienes materiales, y así queda reflejado en el código civil.

Un hito histórico que ha conllevado la mayor concienciación sobre el bienestar animal, pero que a su vez ha derivado en un aumento de la presión ejercida sobre los veterinarios, quienes en ocasiones tienen que enfrentar el comportamiento tedioso de algunos dueños.

Una palabra que de hecho ya no se usa legalmente: "Ahora son oficialmente tutores de los animales", apunta Ester Rodríguez, veterinaria en la Clínica Veterinaria San Blas, en Alicante.

Rodríguez lleva más de tres décadas cuidando animales. Cuando abrió su clínica a principios de los noventa, admite que los tiempos eran otros: "La gente hacía lo que podía. Si el perro se curaba, bien, y si no, pues ya se vería". Ahora, dice, la presión es otra, "porque los perros son ya como hijos, y eso cambia todo".

Esa transformación social que supone el salto del animal de compañía al animal de familia ha traído mucho amor, pero también una carga emocional y una exigencia profesional sin precedentes.

"El dueño te exige que todo salga bien, que cures a su mascota como si fuera su hijo, y si no lo consigues, la frustración es enorme. A veces hasta te culpan, igual que en la medicina humana", cuenta Ester.

Y ese peso, día tras día, está pasando factura.

Según el último estudio de la marca Gosbi sobre salud mental veterinaria, más del 90% de los veterinarios españoles ha sufrido ansiedad relacionada con su trabajo; el 85% sufre insomnio, y 6 de cada 10 presentan síntomas de depresión.

El dato más alarmante: un 11,8% ha tenido pensamientos suicidas o de autolesión en el último año, una tasa 4,5 veces superior a la de la población general, según la comparación con los datos del estudio EDADES.

Un sector bajo presión

"El sector ha cambiado radicalmente", insiste Ester. "Antes nadie pedía análisis ni ecografías; ahora todo tiene que salir perfecto y rápido, como si fueras un hospital humano". Esa exigencia constante se sumó en los últimos años a un nuevo factor de estrés: el Real Decreto 666/2023, que regula la prescripción y dispensación de medicamentos veterinarios.

El informe de Gosbi señala que el 73% de los profesionales veterinarios considera esta normativa injusta y perjudicial para su trabajo.

Además, la obligación de aplicar un IVA del 21%, incrementa la tensión económica de las clínicas y, por extensión, de sus profesionales.

A esta presión laboral se añade el desgaste emocional. El estudio indica que el 94% de los veterinarios sufre agotamiento emocional y que 8 de cada 10 han perdido motivación por su profesión. "Muchos se sienten entre la espada y la pared: atrapados entre el amor por los animales y el agotamiento que les genera el día a día", señala el estudio.

Entre la vocación y el agotamiento

Para Ester, la vocación sigue siendo el motor, pero también la trampa. "Nos quedamos por amor a los animales. Pero cada vez cuesta más y nos llevamos la carga mental de nuestro trabajo a casa. Hay compañeros que lo están pasando mal y hemos tenido hasta agresiones en la clínica".

Y es que, detrás del mostrador de una clínica veterinaria hay muchas más historias que consultas. Hay profesionales que no desconectan ni al llegar a casa, pues el 77% no logra hacerlo, según el informe, que duermen poco y conviven con una sensación continua de exigencia.