Carmelo, el vecino de Torrevieja que denuncia discriminación laboral por edadismo.

Carmelo, el vecino de Torrevieja que denuncia discriminación laboral por edadismo. Cedida.

Economía

Carmelo (63 años) no encuentra trabajo a su edad y vive con su paga de 480 euros: "He echado más de 30 currículum"

El vecino de Torrevieja denuncia la discriminación laboral por edadismo que hace que lleve tres años sin encontrar empleo.

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Alicante
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Carmelo tiene 63 años, experiencia de sobra y ganas intactas de trabajar. Sin embargo, desde hace casi tres años vive atrapado en una tierra de nadie laboral por el edadismo.

En una época en la que las discriminaciones se analizan con lupa, parece que no se tiene en cuenta a las personas mayores que aún están en edad de trabajar.

Carmelo no es el único en esta situación, pues este vecino de Torrevieja dice conocer a muchos otros que, como él, están obligados a parar por el mercado laboral mientras siguen soplando velas.

"Con la edad que uno tiene parece que no tiene derecho a trabajar, pero es muy joven para cobrar la jubilación", lamenta.

Activo "casi siempre", como él mismo se describe, Carmelo lleva desde hace más de tres años sin un empleo estable, cuando la pandemia obligó a cerrar la empresa multiservicios que había levantado.

Eran cinco personas y hacían "de todo": fontanería, electricidad, albañilería, transporte, pequeños arreglos…

Desde entonces, Carmelo encadena rechazos que relaciona directamente con su edad.

"Las empresas me dicen que eche el currículum, que les hacen falta conductores, pero cuando veían la edad ya no te llamaban. Yo estoy seguro de que no me han llamado por la edad", lamenta.

Ha enviado "30 o 40 currículum" durante estos años y todos se han encontrado con el mismo patrón, independientemente del puesto al que aplicaba, ya fuera como conductor, en supermercados, empresas de servicios o trabajos de mantenimiento.

La situación se repite con su mujer, que ronda los 50 años. "A partir de los 50 parece que no quieren a nadie", denuncia.

Hoy sobreviven gracias a ayudas públicas y a un pequeño colchón familiar. Reciben alrededor de 480 euros cada uno.

La ayuda, además, se convierte en una trampa, pues no pueden aceptar trabajos esporádicos sin riesgo de perderla. "Como te pases de 800 u 880 euros al mes, te la quitan", explica. "Encima te joden vivo, porque ganas mucho menos".

Sentirse útil

Sin embargo, aclara que no es el dinero lo que busca, sino sentirse útil y activo. "A mí el dinero me da igual. Yo lo que quiero es trabajar, estar entretenido, estar trabajando aunque sea por lo mismo", resume.

La jubilación aún queda lejos. Carmelo no podrá cobrarla hasta 2029. Su mujer, todavía más tarde. Años por delante sin empleo estable y sin expectativas. "Esto es una vergüenza. Habrá miles, millones como yo", concluye.