El equipo señor femenino de baloncesto de San Gabriel, tras su victoria.

El equipo señor femenino de baloncesto de San Gabriel, tras su victoria.

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La victoria de un club "de barrio" que convierte Alicante en un referente del baloncesto femenino: "Vivimos un sueño"

Si mantienen su plaza entre las cuatro primeras de Autonómica, el año que viene jugarán Primera Nacional, la cuarta categoría del baloncesto femenino español.

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Alicante
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Con 8 años algunas empezaron a introducir el baloncesto en su vida, siempre compaginándolo con sus estudios durante toda su adolescencia e incluso en su vida adulta.

Ahora, en 2026, esas niñas tienen ya entre 19 y 30 años y acaban de proclamarse campeonas de la Copa Sénior Femenino Autonómico organizada por la Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana.

Este es el logro del sénior femenino del Club Básquet San Gabriel, que compite bajo la denominación Astel Logistic BSG y acaba de hacer historia en el barrio alicantino.

Tras la victoria, si mantienen su plaza entre las cuatro primeras de Autonómica, el año que viene jugarán en Primera Nacional, la cuarta categoría del baloncesto femenino español.

Del cole al alto nivel

Basket San Gabriel nació hace unos doce años, casi como una aventura de "gente mayor" que montó un equipo en el patio del cole del barrio y empezó a hacer baloncesto con los críos de la zona.

De aquel primer grupo en un colegio público del barrio se ha pasado a una estructura con unos 300 niños y niñas federados, que llenan las pocas pistas disponibles y obligan a cuadrar horarios al milímetro.

La esencia, sin embargo, sigue siendo la misma, un club de barrio, muy pegado a los coles públicos y al tejido social de San Gabriel, donde muchos jugadores y entrenadores actuales empezaron botando el balón en ese mismo patio.

El propio club llegó a invertir unos 12.000 euros en arreglar la pista de un colegio del barrio ante la desidia institucional, convencido de que lo que el barrio les da "hay que devolvérselo al barrio".

Un ascenso con sabor a casa

El senior femenino ha firmado una primera vuelta brillante que les ha permitido disputar y ganar la Copa, un título que les otorga un derecho preferente de ascenso a Primera Nacional si terminan la liga entre las cuatro primeras.

No es todavía matemático, pero en el club ya hablan de "algo histórico": una entidad que nació en un patio, con jugadoras formadas desde benjamines, midiéndose ahora a equipos con jugadoras que cobran por jugar.

El orgullo tiene nombres propios. Una capitana que volvió "por las amigas" y se ha reencontrado con la pasión que dejó hace ocho años.

Las chicas estirándose antes de la competición.

Las chicas estirándose antes de la competición.

Una jugadora que empezó con ocho años en el colegio del barrio y hoy está a las puertas de Primera Nacional con la camiseta del club de su vida.

Y otra jugadora, que tocó "el primer balón" del club y esta temporada ha debutado con las "pros", mientras estudia en la universidad y entrena a equipos de la base.

Vida, trabajo y entrenos a las 23:30

Este ascenso tiene un contexto que conviene conocer para atribuirles un mérito extraordinario. Ellas no son profesionales. Entrenan dos días a la semana, unas cuatro horas en total, porque hay que repartir las pocas pistas entre todos los equipos del club.

Hay jugadoras que salen de trabajar, otras que encajan exámenes, guardias de enfermería o fines de semana arbitrando partidos para llegar a entrenar a última hora y terminar a las 23:30.

Durante dos meses, además, han entrenado en una pista sin líneas reglamentarias por falta de instalaciones adecuadas, mientras competían contra rivales con más horas de pista y mejores condiciones. "Divertirnos, pero compitiendo" se ha convertido en mantra y este es el equilibrio que las ha llevado hasta la Copa y que ahora quieren mantener para certificar el ascenso.

Un espejo para las niñas

En las gradas y en las pistas de minibasket del barrio, unas 130 niñas miran al senior femenino como un espejo cercano. Ven a sus entrenadoras levantar una Copa y sueñan con jugarla ellas "dentro de unos años". Algunas, como cuentan, han calculado ya la edad exacta a la que les tocaría disputar esa misma fase con sus ídolas.

Sin embargo, ese impulso choca con la realidad del baloncesto femenino, pues para vivir solo de jugar hay que estar en la máxima categoría, mientras que en masculino, un jugador de Primera o incluso Segunda puede salir de su carrera con la vida "medianamente resuelta".

La jugadora de Liga Femenina, incluso con salario mínimo fijado recientemente, casi siempre estudia o trabaja en paralelo. En Primera Nacional, donde aspiran a estar ellas, la mayoría de jugadoras compatibilizan estudios o empleo, y muchas siguen pagando por jugar, al menos en parte.

Profesionalizar un sueño

El ascenso abre un nuevo escenario para el club. Primera Nacional implica más viajes por Alicante, Valencia, Murcia, un ritmo competitivo más intenso y un nivel de exigencia económica mayor.

Pues ya no se trata de ir a Santa Pola, sino de mantener una categoría estatal con garantías. Hoy por hoy, ellas todavía pagan por jugar, pero el objetivo mínimo que se marca la dirección deportiva es que el año que viene, como poco, se cubran sus gastos.

Las chicas durante la competición.

Las chicas durante la competición.

La entidad tiene entre 15 y 20 empresas colaboradoras que ya han anunciado que harán "un esfuerzo un poquito más grande" la próxima temporada, pero no basta.

La hoja de ruta son seis meses de trabajo institucional, picando puertas y sumando apoyos sin repercutir el coste en las cuotas de los 300 niños y niñas del club. "Lo que se han ganado en la pista lo tienen que tener fuera", repiten.

Donde está lo que importa

El fin de semana de la Copa fue también la confirmación de algo que no sale en las estadísticas, como lo es la construcción de un grupo.

Al principio de temporada el vestuario estaba partido por edades y afinidades: las "mayores" por un lado, las "peques" por otro.

La concentración de tres días en una casa, el viaje un día antes, las comidas y el desayuno preparado por el equipo masculino terminaron de soldar las piezas.

Esa convivencia se tradujo en la pista: dos partidos, dos victorias y una Copa que sabe a mucho más que un título. Ellas mismas lo cuentan como un punto de inflexión: "Pase lo que pase ésta tarde, el finde ya ha merecido la pena", se dijeron antes de la final.

A partir de ahí, la presión es distinta. Existe, porque ganar la Copa obliga a "materializarlo" en la liga, pero el motor sigue siendo el mismo, competir sin perder la alegría.

El relevo que ya está

La historia del senior femenino también es la historia de un relevo que ya está en marcha. Varias jugadoras de hoy entrenan a niños y niñas del club, igual que antes fueron entrenadas por otras que ahora comparten vestuario con ellas.

Esa cadena crea algo más que equipos, pues introduce identidad y futuro. La dirección lo tiene claro, cuando ellos den un paso al lado, la próxima generación ya está preparada para coger el relevo.