Pablo Verdú Héctor Fernández

El deporte alicantino aún está en estado de shock diez días después de que el Intercity, un proyecto de club nuevo y diferente, y la Fundación Lucentum, la entidad modélica de la ciudad, unieran sus caminos en una fusión sin precedentes. El ideólogo del proyecto, Salvador Martí (Alicante, 2-02-1978) explica en EL ESPAÑOL los secretos de esta unión, sus expectativas para el deporte alicantino y su relación con el Hércules, el club histórico de la ciudad.

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Ya han pasado dos semanas desde la unión con el Lucentum. ¿Cómo cree que ha sentado esta operación en la sociedad alicantina?

Yo creo que más del 90% de la gente está contenta. Es imposible contentar a todos, pero creo que hemos explicado bien el proceso.

¿Por qué cree que hay ese recelo en parte de los aficionados?

Hay aficionados que comparten su pasión por el Lucentum con un equipo que ahora es rival nuestro (Hércules) y otros que creen que este proceso supone una pérdida de identidad, pero no es así. Todo será igual que hasta ahora. El Lucentum mantiene su estructura, su escudo, sus colores…

El año pasado el equipo estuvo a una eliminatoria de ascender a la ACB y si hubiera subido habría sido un problema, porque no tenía estructura ni dinero. Ahora no pasaría eso. Nosotros les aportamos el músculo económico para que cuando logren el ascenso puedan consolidarse en la élite. La unión Intercity y Lucentum es un win-win para todos, los dos clubes y los aficionados.

¿Qué le aporta al Intercity el Lucentum?

Nosotros somos un club joven, pero ellos tienen un equipo gestor espectacular. Toni Gallego y Dani Adriasola nos van a ayudar a profesionalizar todo. La misma estructura del Lucentum se puede integrar en el Intercity. Y si podemos sumar algo de su afición, perfecto. Me encantaría.

Salvador Martí, durante la entrevista. Iván Villarejo.

¿Cómo surgió la idea de esta unión?

Hace dos meses que se planteó. Habíamos contactado con ellos antes de los playoffs porque nos gustaba su proyecto. La cosa se paró en el verano y hace unas semanas nos llamaron ellos. Estudiamos los dos clubes y comenzamos a ver sinergias por todos lados, pero tampoco queríamos dar un paso en falso. Cualquier crecimiento en la estructura tenía que estar vinculado a salir a cotizar. Quedamos en que si salía todo bien en la bolsa iríamos para adelante.

Toni Gallego aparece ahora como el nuevo hombre fuerte de la entidad.

Él es la parte más importante de la SAD. Todo está delegado en él. Es el consejero delegado, la máxima autoridad ejecutiva y fundador de la Fundación Lucentum. Va a dedicar todo el tiempo a gestionar dos clubes que no son rivales, sino complementarios. Es un gestor espectacular y es uno de los principales aciertos desde el nacimiento del Intercity. Nos faltaba esa figura. Lo que él y Dani han conseguido desde la nada es espectacular. Increíble. Si les podemos dar más recursos aún lo harán mejor.

El grupo ya tiene tres escudos potentes, Alicante, Intercity y Lucentum, pero no instalaciones propias. ¿Es ese el siguiente paso?

Lo primero para el fútbol es tener su ciudad deportiva, eso es imprescindible. Hacer un estadio ahora no tiene sentido porque somos tan pequeños que solo conseguiríamos hipotecar el proyecto. Lo que sí hace falta son instalaciones para el fútbol base. Campos sintéticos para los niños y de hierba para el primer equipo, que cada semana entrena en cuatro sitios. Eso hay que solucionarlo. En el baloncesto estamos bien en el Centro de Tecnificación. No está en la hoja de ruta tener un pabellón nuevo, pero sí ayudar, si nos dejan, a acondicionarlo.

Pero en Alicante existe el rumor de que ya tienen un proyecto de gran estadio que han presentado a las autoridades.

Sí hay proyectos, pero solo son eso. Es más fácil hacer primero la ciudad deportiva que un estadio. Si lo hiciéramos sería un estadio para 6.000 o 7.000 espectadores, con un anillo que irá aumentando según crezca el club. ¿Para qué queremos un estadio de 20.000 personas? ¿Para enseñar cemento?

Lo que sobra en esta ciudad es cemento. Los colores y el sentimiento se heredan y se ganan con el tiempo. Yo soy del Hércules y como todos los alicantinos tengo fotos de pequeño con la camiseta del Hércules. La gente se tiene que hacer del Intercity poco a poco. Ahora mismo estamos genial en el Antonio Solana.

Salvador Martí, durante la entrevista. Iván Villarejo

¿Qué objetivos se marcan para los dos equipos?

Consolidar al Lucentum para subir en dos años a la ACB y ascender con el Intercity. El objetivo siempre es un ascenso por año. Hay que ser sinceros, ese es el ADN del Intercity, aunque luego la realidad es otra. No concibo un equipo como proyecto a cinco años. A veces los directivos pecamos de prudentes, pero los que quieran venir a Lucentum e Intercity tienen que saber que vienen a un proyecto ganador. No concibo un año de transición. El objetivo es subir. Si tardamos un año, mejor. Si tardamos cinco, pues bien. Pero lo vamos a intentar en cada uno de esos cinco años.

¿Qué le diría a la gente del Hércules que mira con recelo su proyecto?

No tienen por qué sentirse amenazados. Nosotros somos un niño de cinco años y el Hércules es un señor con historia, con masa social y el equipo de la ciudad. Ni somos una amenaza ni venimos a robar nada. De los 400 accionistas del Intercity unos 350 son aficionados del Hércules que van al Rico Pérez. El problema es ese pequeño porcentaje de fanáticos que hacen ruido en las redes sociales. Pero no son la mayoría. El histórico es el Hércules y nosotros vamos por nuestro camino. Yo creo que en Alicante caben dos equipos en la élite.

En la presentación del proyecto apelaron a una nueva forma de ver el deporte, más como espectáculo que como pasión a unos colores.

Es un proyecto abierto a todo. Hay gente que solo quiere unos colores, pero hay mucha también a la que lo que le atrae es el espectáculo del deporte. Intercity lo que pretende es que se puedan ver el mayor número de espectáculos deportivos. Por la mañana fútbol playa y por la tarde fútbol o baloncesto.

Tras la unión del Lucentum, ¿cuántos clubes de otros deportes han llamado ya por teléfono para mostrar su deseo de unirse al proyecto?

Alguno ha llamado, pero vamos despacio. Si vemos algún proyecto que pueda aportar algo al club, a la sociedad alicantina y al deporte, lo estudiaremos. Por ahora no hay nada concreto.

¿Qué valoración hace de las primeras semanas en bolsa?

Que estamos súper atomizados. Hay muchos accionistas pequeños y eso me gusta.

¿Por qué el club decidió no hacer abonados y abrir las puertas esta temporada?

Porque queríamos dar a conocer el proyecto. No podemos vender algo que no se conoce. Comenzamos con 30 personas en las gradas, novias y familia de los jugadores, y poco a poco ya vamos siendo más. Cada accionista siente como suyo el club y eso aumenta el número de aficionados que van a ver al equipo.

El club nació en Sant Joan d’Alacant, pero poco a poco ha ido creciendo. ¿Qué vinculación va a mantener con este municipio?

La distancia entre Alicante y Sant Joan es una calle. El club se llamó Intercity porque no queremos que una calle nos ponga barreras. Somos de toda la provincia. Tenemos fútbol sala en Crevillente, fútbol playa en la Playa de San Juan, el femenino en Sant Joan… Si sale algo en Mutxamel o San Vicente lo estudiaremos.

El Ayuntamiento de Sant Joan nos ha tratado bien y lo más normal es que la ciudad deportiva esté allí, donde está ahora el aparcamiento del Polideportivo. Los dos próximos campos estarán allí, pero a lo mejor el cuarto, quinto y sexto estarán en otras localidades. Nuestro espejo en este caso es la cantera del Villarreal.

Todo el proyecto del Intercity gira en torno a su persona. Pero otros proyectos mesiánicos en la ciudad no han funcionado bien.

Es que mi objetivo es que esto no dependa de una persona. Para llegar al fútbol profesional hay que poner pasta. Pero cuando el mecenas se cansa, se aburre y se va deja un muerto económico que provoca, a veces, la desaparición del club. Ojalá el máximo accionista solo tuviera el 3% porque esa es la única manera de que el resto de los propietarios pueda tomar decisiones.

Lo importante es que el accionista tenga fuerza y que se puedan exigir cuentas y echar al consejo si lo hace mal. Mi objetivo no es ser eterno en el fútbol ni en nada. Yo tengo fecha de caducidad. Es un mes no tendré ni firma y me dedicaré a ir al fútbol o al baloncesto a pasármelo bien.

Ustedes juegan a varias bandas y con distintas administraciones. ¿Cómo les están tratando los políticos?

A veces se mezclan ideologías políticas, pero nosotros no vamos a los sitios a pedir dinero. Incluso llegamos a proponer cubrir nosotros los gastos de mejora o reparación de instalaciones, pero la normativa no lo permite. Tenemos que ir dándonos a conocer poco a poco porque somos los nuevos. Es normal.

Es un empresario de éxito, como ha demostrado con la multinacional tecnológica Facephi. ¿Qué le dicen sus colegas de otras compañías cuando ven que le ha dado ahora por complicarse la vida con el fútbol?

Que estoy como una cabra. Y algo de razón tienen. La empresa iba bien y llegó un momento en el que me apetecía hacer otra cosa, crear un proyecto, una ilusión nueva. En la vida es importante saber en qué se es bueno y en qué no. Yo soy un emprendedor, pero no un buen gestor. Yo creo el coche y luego busco al mejor piloto para que lo conduzca, que para mí es lo más difícil. Le he dado las llaves a Toni (Gallego), que es un piloto espectacular.

¿Cómo es su relación con los dirigentes del Hércules?

Espectacular. No van a poner un tuit desde la cuenta oficial cuando ganamos, pero me llaman para felicitarme si ganamos, igual que yo a ellos. Ojalá subamos los dos. Me encantaría enfrentarnos en Primera o en Segunda. Con todos los respetos, prefiero un Hércules-Intercity que un Intercity-Valladolid.

Enrique Ortiz ha buscado socios bajo las piedras en los últimos años para pilotar el Hércules. ¿Nunca le llamó?

No, yo lo conozco después de crear el Intercity y entonces ya no tendría sentido. Un proyecto con el Hércules sería un proyectazo, pero sería ahora imposible, porque está gestionado de otra manera. Nosotros hemos tomado el camino de la transparencia y eso significa que no te avergüencen tus vergüenzas. Podemos decir que tenemos dos millones de pérdidas sin ocultar un dato y explicándolo todo. Mucha gente está en el Intercity porque no le gustaba lo que veía allí.

Ya habrá comprobado que dirigir una multinacional tecnológica es un juego de niños comparado con un equipo de fútbol.

Desde luego. En Facephi tomas una decisión y nadie te la discute. El fútbol y la medicina son las profesiones más jodidas, porque todo el mundo sabe. Si en la empresa decidía por una línea de biometría nadie me lo cuestionaba, pero aquí se critica si es mejor que juegue un lateral derecho u otro. Y yo el primero. Yo opino, pero no decido. Mi suerte es que no sé de fútbol.

El fútbol también tiene un enorme poder mediático y hace que personas sensatas se crean capaces de levitar. ¿Cómo va su ego?

Yo soy realista. Aquí no hemos subido porque somos más listos, sino porque nos hemos gastado mucho dinero. Yo le digo a mi padre que lo que hemos conseguido en el fútbol no tiene mérito. En Regional teníamos un equipazo, como en Preferente y Tercera. ¿Por qué siempre ganan Madrid y Barcelona? No es porque tengan los mejores estadios o aficiones, sino porque pueden pagar a los mejores jugadores. No hay otro secreto. Está claro que el director deportivo tiene que ser bueno, pero si no le damos presupuesto…

¿Cree que el Intercity puede ser pionero en una nueva forma de gestionar el deporte profesional?

Creo que el modelo de otros tiempos ya no es posible, porque ahora tiene todo mucho más visibilidad. Por ejemplo, ahora pagar en B es imposible.

¿Qué lección ha aprendido durante este tiempo como dirigente deportivo?

Que no te puedes crecer. Por suerte vengo del mundo empresarial, donde también nos hemos pegado bastantes hostias. Hay veces que la acción de Facephi ha estado a 0,30, pero también a 9 euros. Eso quiere decir que hay gente que ha perdido mucho y también otra que se ha hecho millonario. Esi te enseña que hay que hacerse una burbuja y aislarse de estas cosas, porque ni eres dios si la acción sube ni un villano cuando la pelota no entra.