La filmoteca del Arniches y la Universidad de Alicante recuperan las películas de Berlanga.

La filmoteca del Arniches y la Universidad de Alicante recuperan las películas de Berlanga.

Cultura CINE

Alicante se entrega de nuevo a la comedia de Berlanga

Los continuos enfrentamientos del cineasta contra la censura y su magistral gandulería al rodar aparecerán en las charlas que ofrecen Arniches y UA.

1 junio, 2021 01:08
Alicante

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Lo berlanguiano nunca desaparece. Véase La escopeta nacional, la película que recupera este martes la filmoteca del Arniches en Alicante. José Sazatornil interpreta a un empresario que monta una cacería a nombre del marqués de Leguineche para conseguir que un ministro decrete que los telefonillos que fabrica sean obligatorios. Como siempre en sus películas, todos los planes se van al traste en situaciones cada vez más absurdas.

Esta es una de las lecciones que aprendemos al repasar los diecisiete trabajos que legó Luis García Berlanga a nuestro patrimonio nacional. Y de ello se encargará de explicarlo Israel Gil, en una de las diversas conferencias que está dando estos días, en homenaje al centenario del director valenciano: "Los españoles aprendemos más del cine español porque nos enseña muchas cosas de nosotros mismos. Espero que Berlanga no se acabe nunca".

"Son películas fantásticas que nos hacen ver cómo éramos", cuenta sobre esta trilogía que entre 1978 y 1982 contó las correrías de la familia Leguineche. "La trilogía de Nacional para conocer nuestra idiosincrasia es maravillosa", cuenta risueño. Responsable del Aula de Cine de la Universidad de Alicante, está disfrutando estos días repasándolas dentro del Festival de Cine de Alicante.

Desde el pasado viernes y hasta el próximo 16 de junio estará reviviendo sus clásicos en la gran pantalla y acompañándolos con sus charlas. Este martes, por ejemplo, a las desventuras en color de Saza pasará a la comedia negra de Plácido, que este año cumple sesenta años. Y el jueves, la caza y captura de La Vaquilla.

Siempre de interés

Cada una de ellas es una excusa para ir abriendo hilos de conversaciones que van llevando de una a otra película, a los directores coetáneos y montones de anécdotas. "La etapa más costumbrista, tipo Plácido y El verdugo, siempre tendrá interés. Luego otras como Tamaño natural, más personales, pueden interesarle al espectador actual por la misoginia o el machismo", razona.

La pareja de cintas que mencionaba y que dirigió a principios de la década de los años sesenta puede considerarse la cumbre de una carrera con muchos hitos. Y que son ejemplos de "gandulería". Sí, esa es la expresión que usó el propio director décadas después para explicar por qué hacía tantos planos secuencia, recuerda Gil.

"Decía que los hacía así por no montarlos. Aunque no está claro porque eso obligaba a rodarlos muchas veces si alguien se equivocaba". Fuera cual fuera la razón, el resultado son casos como Plácido, "que técnicamente es un prodigio". Una obra maestra indiscutible, como añade, citando a Trueba.

El guionista censor

Películas que hizo a pesar de las limitaciones de la dictadura franquista. Tema que le da pie a repasar los "problemas que siempre tuvo". En Los jueves, milagro el propio director pidió que los censores pasaran a tener crédito como guionistas de todos los cambios que hicieron, especialmente en la segunda parte de la historia.

Pocos años después, cuando participaba con el fragmento de La muerte y el leñador en la película europea Las cuatro verdades, no pudo hacer el plano de apertura que buscaba. "Quería rodarla empezando con un plano cenital de la Gran Vía y le dijeron que no era posible, así que empezó con uno de detalle. Y años después, el que se le prohibió le dijo que conociéndole sería capaz de sacar a un cura saliendo de un puticlub que había en ella".

La política censora

Aquellas limitaciones le llevaron a probar suerte en otros países, como Argentina con Las pirañas o Francia con Tamaño natural. Y tras la muerte de Franco tuvo grandes éxitos con la trilogía de la familia Leguineche. En ella ve ejemplos muy actuales, "ahora que se habla de la casta, me partía con las excusas que ponía el marqués a Hacienda por no haber pagado nunca".

De ahí recuperó un guion que no pasó la censura, La vaquilla. "Y hubo una parte del sector izquierdista que dijo que los fascistas eran simpáticos. Así que había una parte ideológica que le criticaba".

Su carrera no tuvo la curva berlanguiana que aplicaba a sus protagonistas, que empezaban con un problema a resolver, estos empeoraban "y cuando, al final, el espectador suspiraba porque parecía mejorar, en realidad todo está peor".