Dos niños juegan en uno de los espacios centrales de Tak Fun Park.
Jugar libres, sentirse seguros: el modelo Taka que eleva el ocio infantil en Alicante
Un equipo presente en todo momento convierte la supervisión en una experiencia de cuidado real y no solo de vigilancia.
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En los parques infantiles, la diversión solo funciona de verdad cuando va acompañada de confianza. La seguridad no es un complemento, sino la base sobre la que las familias pueden dejar jugar a sus hijos con tranquilidad, sabiendo que detrás de cada gesto, cada control y cada protocolo hay un equipo pendiente de todo.
Una pulsera verde en la muñeca de un niño indica que el juego continúa. Cuando cambia a azul, llega el momento de merendar. Cuando se ilumina en rojo, la sesión está a punto de terminar. Para los pequeños, ese código de colores se convierte casi en parte del juego. Para el equipo de Taka Fun Park, es una herramienta de organización. Para las familias, una forma sencilla de saber que todo está bajo control.
Esa escena resume bien la filosofía de Taka: un espacio en el que los niños pueden moverse, descubrir, saltar, correr y explorar con libertad, pero dentro de un sistema pensado para acompañarlos en todo momento. Porque en Taka, la diversión no se entiende como algo improvisado, sino como una experiencia diseñada con método, tecnología y una vocación muy clara: cuidar mientras se juega.
No es una promesa. Es una realidad que los padres pueden observar en todo momento desde cristaleras en la terraza del parque infantil, dónde disfrutar de la bahía de Alicante con total confianza.
María Escarpín, responsable de comunicación de Grupo Magma
“Queríamos que Taka no fuera un parque infantil más, sino un universo propio, con personajes, identidad visual y una historia que los niños solo pudieran encontrar aquí"
El nuevo proyecto de Grupo Magma supone la entrada del holding alicantino en el ocio familiar, después de una trayectoria consolidada en sectores como ocio, hostelería, eventos, construcción y comunicación. El grupo, fundado en 2016 y liderado por Mario Puche, cuenta actualmente con una estructura de alrededor de 120 empleados fijos durante el año, una cifra que puede alcanzar los 160 profesionales en temporada alta, cuando la actividad de sus establecimientos y eventos se intensifica. Esa dimensión empresarial, unida a su diversificación en áreas como ocio, hostelería, eventos, construcción y comunicación, le permite abordar proyectos desde una visión integral.
En Taka, esa experiencia se traslada a un terreno especialmente sensible: el ocio infantil. Pero Taka no quiere ser solo un parque de bolas más. Su propuesta parte de una idea más ambiciosa: crear un universo propio para los niños y, al mismo tiempo, ofrecer a las familias un entorno seguro, profesional y confortable.
Uno de los toboganes de Taka Fun Park.
Universo creado para los niños
El punto de partida está en el propio imaginario de Taka. María Escarpín, responsable de comunicación de Grupo Magma y creadora del storytelling del parque, explica que el universo creativo nace con la intención de unir “el juego tradicional de los niños” con “la tecnología actual”, a través de personajes, colores y una identidad visual diseñada para que los pequeños interactúen de forma natural dentro de un espacio moderno.
La inspiración no surge solo desde una mirada estética. Escarpín también arrastra experiencia previa en el trabajo con niños, algo que le permitió construir el relato desde una lógica infantil: personajes con nombre, edad y personalidad propia, pensados para acompañar los distintos tramos de acceso al parque, de los 3 a los 10 años.
Laura Bernabé, responsable de Taka
“En Taka no hablamos solo de cuidado, sino de acompañamiento real: entender a cada niño, gestionar sus emociones, anticiparnos y crear un entorno en el que se sienta seguro"
La intención es que cada niño pueda encontrar una figura cercana, reconocible y vinculada a su etapa vital, de modo que el storytelling no quede únicamente en la decoración, sino que forme parte de la experiencia.“Queríamos que los niños no vinieran a cualquier parque, sino que quisieran venir a Taka porque Taka y sus personajes solo están aquí”, resume la responsable de comunicación.
En ese sentido, los personajes no funcionan como un simple recurso visual. Son una puerta de entrada al universo Taka: ayudan a ordenar la experiencia, generan identificación y convierten el parque en un lugar con relato propio.
La diferencia no está únicamente en los colores, los nombres o las atracciones. Está en la voluntad de crear pertenencia. Taka se presenta como un mundo propio, un lugar en el que los niños entran, descubren, se orientan y se relacionan con el espacio de una manera intuitiva. Una identidad visual pensada para estimular la imaginación, pero también para ordenar la experiencia.
Actividaxdes de fúlbol en Taka Fun Park.
Más que supervisar: acompañar
Si el universo creativo da forma al parque, el equipo humano es el que sostiene la experiencia. Laura Bernabé, encargada y responsable de Taka, llegó al proyecto con una trayectoria ligada a la educación infantil. Desde esa formación, entiende el trabajo con niños desde una mirada que va más allá de la vigilancia.
“Mi trayectoria siempre ha estado muy ligada al mundo de la educación infantil. Desde que estudié, tuve claro que quería dedicarme al mundo de los niños, pero no solo desde el cuidado, sino desde un acompañamiento real”, explica Laura.
Ese acompañamiento implica observar, anticiparse, entender a cada niño y saber intervenir cuando la situación lo requiere. En un parque infantil, cada edad tiene sus propios códigos. No necesita lo mismo un niño de tres años que acaba de separarse de sus padres durante unos minutos que uno de diez que juega con intensidad en una pista. Tampoco todos los niños llegan con la misma energía, las mismas necesidades o el mismo grado de autonomía.
Cristina Llorens, coordinadora de Taka
“Lo más bonito es ver que los niños vuelven, que nos reconocen y que quieren jugar con una monitora concreta"
Por eso, una de las claves de Taka es que el equipo no trabaja de forma automática. Trabaja con criterio. La supervisión no consiste solo en mirar desde fuera, sino en estar presente, interpretar lo que sucede y actuar antes de que un pequeño conflicto se convierta en un problema.
Cristina Llorens, coordinadora de Taka, lo expresa con claridad: “Nuestro trabajo no es solo estar pendiente. Es estar presente de forma activa y consciente en todo momento de lo que está pasando dentro del parque”.
Esa presencia activa se traduce en gestos constantes: acompañar al baño, servir agua, detectar si un niño necesita ver a sus padres, mediar en un juego, proponer actividades, controlar los tiempos, repartir turnos en las atracciones o simplemente ofrecer una figura adulta reconocible dentro del espacio. Para los niños, saber que hay una monitora cerca no significa sentirse vigilados. Significa sentirse seguros.
La coordinación invisible
Como ocurre en muchos trabajos vinculados al cuidado, una parte fundamental de lo que sucede en Taka no se ve. Antes de que un niño entre al parque, hay pulseras que revisar, dispositivos que activar, previsiones de aforo, organización del equipo, limpieza, turnos, comunicación interna y protocolos preparados para responder a cualquier imprevisto.
“La coordinación es invisible, pero es lo que hace que día a día todo funcione”, explica Cristina Llorens. En esa coordinación entran cuestiones aparentemente pequeñas, pero decisivas: que haya agua para los niños, que las pulseras estén cargadas, que el parque esté limpio, que las monitoras tengan energía, que el equipo mantenga una actitud positiva y que cada persona sepa qué tiene que hacer en cada momento.
Todos los espacios de Taka Fun Park están pensados para la seguridad de los pequeños.
En Taka, el aforo también forma parte de esa filosofía. No se trata solo de cuántos niños caben físicamente en el parque, sino de cuántos pueden ser atendidos correctamente. La diferencia es importante. El equipo trabaja con ratios que permiten mantener una supervisión real y, cuando es necesario, limita la entrada para preservar la calidad de la experiencia.
“Podríamos meter más niños, pero si buscamos seguridad, eso no tendría sentido”, explican desde el equipo. La prioridad no es llenar el espacio a cualquier precio, sino garantizar que cada niño pueda disfrutar del parque sin saturación y que cada monitora pueda llegar a todo.
Esa decisión también habla del modelo de Taka. Frente a una lógica puramente cuantitativa, el parque apuesta por una experiencia más cuidada: menos ruido, más control, más atención y una mayor sensación de tranquilidad para las familias.
Tecnología para reforzar la confianza
Uno de los elementos más diferenciales de Taka es su sistema RFID. La tecnología sustituye a las tradicionales pulseras de papel o códigos QR y permite gestionar el acceso, la fase de estancia y el tiempo de juego mediante una pulsera luminosa que acompaña al niño durante su visita.
El funcionamiento es intuitivo. El color verde indica que el niño está jugando. El azul marca el momento de merendar. El rojo avisa de que la sesión está lista para finalizar. Ese mismo código cromático se replica en el colgante electrónico que reciben los tutores, de manera que pueden conocer en qué fase se encuentra el menor sin necesidad de tener contacto visual directo en todo momento.
La RFID no es un simple reclamo tecnológico. Es una herramienta de control logístico, seguridad y comunicación entre el parque, el niño y la familia. Además, permite vincular la pulsera del menor con el colgante del tutor legal, reforzando especialmente el protocolo de salida: un niño no puede abandonar las instalaciones por sí mismo y la salida requiere la intervención de una monitora, que verifica la correspondencia entre la pulsera y el colgante del adulto responsable.
En un contexto en el que muchas familias buscan espacios de ocio donde poder confiar de verdad, este sistema introduce un cambio relevante. La tecnología no sustituye la atención del equipo, pero la refuerza. Ordena los tiempos, reduce margen de error, facilita la comunicación y permite que padres y madres vivan la experiencia con una tranquilidad añadida.
Las familias, también cuidadas
Taka no está pensado únicamente para los niños. También entiende que el ocio familiar necesita ofrecer respuestas a los adultos. Mientras los pequeños juegan en el parque bajo supervisión, los adultos pueden disfrutar de Zielo, un espacio climatizado con cristalera panorámica hacia la zona de juego, terraza y una propuesta de hostelería pensada para cubrir distintos momentos del día.
Desde un café de especialidad con una tostada hasta una cerveza, una ensaladilla, unas croquetas o algo para picar, Zielo permite que la espera deje de ser una espera y se convierta también en parte de la experiencia. El colgante electrónico avisa cuando la sesión está a punto de terminar, de modo que las familias pueden relajarse sin perder la conexión con lo que ocurre abajo.
Ese planteamiento cambia la experiencia habitual de un parque infantil. Los adultos no quedan relegados a una espera incómoda, ni los niños sienten que sus padres están encima en todo momento. Cada uno disfruta de su espacio, pero ambos permanecen dentro de un mismo sistema de seguridad, comunicación y cuidado.
Para Laura Bernabé, esta es una de las claves del proyecto: que los niños disfruten de su espacio de juego y que las familias puedan desconectar sabiendo que todo está organizado. “No es solo supervisar. Es acompañar y cuidar la experiencia del niño y de los padres en todo momento”, señala.
La propuesta conecta con un perfil de familia que no busca únicamente entretener a sus hijos durante una hora, sino encontrar un lugar donde el ocio infantil esté profesionalizado. Familias que valoran el trato, la seguridad, la limpieza, el control, la calidad del servicio y la sensación de que detrás de cada detalle hay una intención.
Vocación, vínculo y oficio
La profesionalidad, sin embargo, no explica por sí sola lo que ocurre en Taka. Hay una parte más emocional que aparece en el día a día: el vínculo que se crea entre niños y monitoras.
Cristina Llorens lo cuenta desde la experiencia diaria. Para ella, una de las cosas más bonitas de trabajar en Taka es ver cómo los niños vuelven, reconocen al equipo y preguntan por una monitora concreta. Ese gesto aparentemente sencillo dice mucho. Significa que el parque ha dejado de ser un espacio anónimo. Para ese niño, ya hay una cara conocida, una persona de referencia, alguien con quien quiere volver a jugar.
Lo que para las familias es tranquilidad, para las monitoras de Taka Fun Park es atención constante.
“Lo más bonito es ver cómo los niños disfrutan, que te reconozcan y que vean que tú también les reconoces”, explica Cristina.
Ahí aparece una de las grandes fortalezas de Taka: el cuidado no se limita a evitar riesgos físicos. También tiene una dimensión emocional. A veces consiste en acompañar a un niño que llora porque quiere ver a su madre. Otras, en ayudarle a tirarse por un tobogán que le da respeto. En ocasiones, en poner una tirita, servir agua o simplemente preguntarle qué necesita antes de llevarlo con sus padres.
Son gestos pequeños, pero construyen confianza. Y esa confianza es la base de la fidelización: que los niños quieran volver y que las familias sientan que pueden dejarlos en buenas manos.
Un nuevo estándar para el ocio infantil
Taka Fun Park nace con una idea clara: un parque infantil puede ser divertido, pero también riguroso. Puede ser colorido, dinámico y estimulante sin renunciar a la organización, los protocolos y la seguridad. Puede permitir que los niños jueguen libres sin que eso signifique dejarlos solos.
Su diferencia no está únicamente en sus instalaciones, ni siquiera en su tecnología, aunque ambas forman parte esencial de la experiencia. Su verdadero valor está en la suma: un universo creativo propio, un equipo formado, una metodología de trabajo, una RFID diseñada para reforzar el control y una mirada vocacional hacia el cuidado infantil.
En Taka, lo que para los niños es juego, para el equipo es coordinación. Lo que para las familias es tranquilidad, para las monitoras es atención constante. Y lo que parece una tarde de ocio, en realidad es el resultado de una estructura pensada para que cada salto, cada carrera y cada descubrimiento sucedan dentro de un entorno seguro.
Porque en Taka, los niños juegan libres. Pero nunca están solos.