Trabajadores del Tram de Alicante inspeccionan y pintan las vías de blanco contra la dilatación térmica.

Trabajadores del Tram de Alicante inspeccionan y pintan las vías de blanco contra la dilatación térmica. Tram d'Alacant

Alicante

El Tram de Alicante se prepara para el calor extremo con refuerzos en vía, drenajes y retirada de vegetación

Más de 5 kilómetros de vía pintada, 15 kilómetros de plataforma reforzada y actuaciones preventivas contra el riesgo climático.

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El cambio climático es ya una emergencia global respaldada por el consenso científico. Una realidad que, más allá de controversias políticas sobre el factor o los agentes responsables, requiere de iniciativas concretas mediante las cuales mitigar sus efectos. Y en el caso de las infraestructuras, como las del Tram de Alicante, se ha convertido en una realidad operativa que obliga a repensar cada tramo de vía, cada drenaje y cada actuación de mantenimiento.

Las temperaturas máximas baten récords, los episodios de lluvia son más intensos y breves, los veranos se alargan y la vegetación seca multiplica el riesgo de incendio. En ese contexto, la red ferroviaria alicantina ha reforzado una estrategia basada en la prevención, la vigilancia constante y la adaptación técnica de su infraestructura.

La singularidad del Tram de Alicante hace que este desafío sea todavía mayor. No se trata de una red convencional, sino de un sistema ferroviario que discurre por una franja costera compleja, entre las comarcas de l’Alacantí, la Marina Baixa y la Marina Alta. Su trazado se adentra en un paisaje marcado por acantilados, barrancos, laderas, curvas cerradas y rampas pronunciadas.

Esa belleza geográfica que percibe el viajero es, al mismo tiempo, uno de los entornos más exigentes para el mantenimiento ferroviario, especialmente cuando el calor extremo, las lluvias torrenciales y la vegetación reseca presionan sobre la vía y sus elementos auxiliares.

La respuesta de Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana (FGV) no ha sido esperar a que aparezcan las incidencias, sino anticiparse a ellas. La lógica que guía esta actuación es clara: cuanto antes se detecte un riesgo, más fácil resulta evitar que se convierta en una interrupción del servicio o en una amenaza para la seguridad. En un escenario donde los fenómenos meteorológicos extremos han dejado de ser excepcionales, la planificación deja de ser una opción complementaria para convertirse en la columna vertebral de la gestión ferroviaria.

Pintado de carriles

Una de las medidas más llamativas es el pintado de carril en curvas con radio inferior a 200 metros. En esos puntos, la aplicación de pintura reflectante blanca sobre la vía en balasto permite reducir la temperatura superficial del acero entre 8 y 10 grados, lo que amplía el margen de seguridad frente a la dilatación térmica.

Esta actuación ya se ha aplicado en más de 5 kilómetros de vía y, según la información que ha facilitado la Conselleria a este diario, se estudia su ampliación a otros puntos de la red. Se trata de una intervención sencilla en apariencia, pero de gran impacto en la prevención de incidencias durante los meses de mayor calor.

Junto a ello, el TRAM ha ejecutado más de 15 kilómetros de muros guardabalasto y ha ampliado el hombro de balasto para reforzar la plataforma ferroviaria. El objetivo es confinar mejor las traviesas y preservar la geometría de la vía, incluso cuando se producen precipitaciones intensas o episodios prolongados de calor.

En una infraestructura sometida a tensiones constantes por la orografía y por el clima, mantener la estabilidad física de la vía es una condición básica para asegurar la continuidad del servicio.

La vegetación también forma parte de este frente preventivo. Durante el último año se han retirado más de 50 árboles de gran porte con riesgo de afección, una medida que busca evitar tanto interrupciones como daños sobre la infraestructura. En un entorno mediterráneo especialmente vulnerable durante el verano, el desbroce preventivo adquiere una importancia decisiva.

La retirada de vegetación seca junto a la plataforma reduce el riesgo de incendio sobre la catenaria, la señalización o los vehículos, y contribuye a disminuir la exposición de toda la red a un posible siniestro.

La limpieza de drenajes es otra pieza esencial de esta estrategia. Durante el verano se revisan y limpian cunetas, colectores y pasos de agua para garantizar que, cuando llegue el otoño y con él la temporada de DANA, el sistema esté preparado para evacuar el agua con eficacia.

La experiencia demuestra que la infraestructura no solo debe resistir el calor, sino también responder ante lluvias torrenciales capaces de poner a prueba cualquier punto débil de la red. Tener los drenajes operativos antes de esos episodios es, según la lógica de mantenimiento que sigue el TRAM, una forma directa de proteger la circulación.

A todo ello se suma una inspección reforzada que combina revisiones periódicas a pie de vía, desde cabina de conducción y en elementos específicos como estructuras y drenajes. La idea es que ninguna anomalía pase desapercibida y que el sistema mantenga un nivel alto de supervisión durante todo el año. En el ámbito ferroviario, la seguridad no depende solo de reaccionar ante un problema, sino de construir una red de observación y mantenimiento que reduzca al mínimo la probabilidad de que ese problema aparezca.

Desde la Conselleria recuerdan que los viajeros del Tram de Alicante y de Metrovalencia disponen de un transporte que combina eficiencia, sostenibilidad y seguridad. Detrás de cada trayecto sin incidencias hay un equipo de profesionales cuyo trabajo consiste, precisamente, en que eso no cambie y no le afecte el tiempo.