Nahum Méndez en La 2, en imagen de archivo.

Nahum Méndez en La 2, en imagen de archivo. La 2

Alicante

Nahúm Méndez, geólogo, sobre cómo Google alerta de los terremotos: "Usa las ondas sísmicas para avisar"

El experto alicantino explica que el sistema no los predice, sino que los detecta de forma casi instantánea con sus sensores.

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Los dos terremotos que sacudieron Venezuela ha vuelto a poner sobre la mesa el papel de la tecnología a la hora de intentar detectar seísmos.

Aunque hoy en día aún es imposible predecirlos, miles de personas recibieron una alerta en sus teléfonos móviles segundos antes de que llegara la sacudida más intensa, lo que llevó a muchos usuarios a creer erróneamente que Google había sido capaz de anticipar el movimiento de tierra.

El geólogo y divulgador alicantino Nahúm Méndez, conocido en redes sociales como 'Un geólogo en apuros', aclara que el sistema no predice terremotos, sino que los detecta de forma casi instantánea gracias a la física de las ondas sísmicas.

"He escuchado que Google predijo el terremoto de Venezuela o que se anticipó a él, pero eso no es del todo cierto y la diferencia es muy importante", explica el experto en un vídeo en redes sociales.

Según Méndez, una predicción supondría conocer con antelación el lugar exacto, la hora y la magnitud de un terremoto, algo que la ciencia todavía no puede hacer.

"Una predicción sería decir que mañana, a las seis y media de la tarde, en una ciudad concreta, va a ocurrir un terremoto de magnitud 7. A día de hoy la ciencia no puede hacer eso. No podemos predecir los terremotos como nos gustaría", afirma.

Lo que sí existe son sistemas de alerta temprana, implantados desde hace años en numerosos países con elevada actividad sísmica, y que Google ha incorporado a millones de teléfonos Android.

Su funcionamiento se basa en una característica de los terremotos: las distintas ondas sísmicas no viajan a la misma velocidad.

Cuando una falla se rompe, libera energía que se propaga en forma de ondas. Las primeras en llegar son las ondas P (primarias), que se desplazan a mayor velocidad y suelen provocar movimientos menos destructivos. Después llegan las ondas S y, finalmente, las ondas superficiales, responsables de las sacudidas más violentas.

"El truco está en aprovechar esa pequeña diferencia de tiempo entre unas ondas y otras", resume el geólogo.

Los sismómetros, acelerómetros e incluso los sensores incorporados en los teléfonos móviles pueden detectar la llegada de esas primeras ondas. Si el sistema calcula que el terremoto superará un determinado umbral de intensidad, envía automáticamente una alerta a las zonas donde todavía no ha llegado el movimiento más fuerte.

"Google no llegó antes que el terremoto ni fue capaz de adivinar el futuro. Lo que hizo fue detectar muy rápido que el terremoto ya había empezado", explica.

Segundos que pueden salvar vidas

La ventaja que ofrece este sistema suele ser reducida. En función de la distancia al epicentro, la alerta puede llegar con apenas cinco segundos de margen o, en algunos casos, con 20 o incluso 30 segundos. Si el usuario se encuentra muy cerca del origen del seísmo, es posible que no reciba ningún aviso.

Pese a ello, Méndez insiste en que ese breve margen de tiempo puede resultar decisivo.

"Esos segundos pueden servir para alejarte de una ventana, agacharte, protegerte, detener un ascensor, frenar un tren o activar protocolos automáticos en hospitales, colegios o infraestructuras críticas. Nos puede parecer poco tiempo, pero en una emergencia unos segundos pueden marcar la diferencia entre la vida o la muerte", señala.