Las fachadas de tres edificios en el centro de Alicante.

Las fachadas de tres edificios en el centro de Alicante. M. H.

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La amenaza invisible en las paredes de tu casa: los expertos alertan del peligro del amianto en las reformas clandestinas

El fin de la vida útil del fibrocemento expone este material ampliamente usado en viviendas de los años 60 a 90 a partículas cancerígenas si se expone el material.

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El amianto sigue siendo una presencia constante y silenciosa en nuestras ciudades. Aunque su uso en fibrocemento se prohibió hace décadas, su legado constructivo plantea hoy un reto de salud pública y gestión de residuos.

Iván Valero, jefe del departamento de innovación, información y reacciones del Colegio Territorial de Arquitectos de Alicante (CTAA), advierte que el problema reside en la propia naturaleza del material. "El problema que tiene el amianto es que tiene unas partículas que cuando se parten generan un polvo muy pequeño que es invisible, pero está en el aire".

Este polvo puede permanecer en suspensión entre dos y cuatro horas. Al ser inhalado, se aloja en los bronquios o pulmones, pudiendo desarrollar "muchos problemas de varios tipos de cáncer y varias patologías". Valero matiza que los efectos no son inmediatos: "Pueden aparecer hasta 20, 30 o 40 años después".

El riesgo actual se ve agravado por el envejecimiento de los materiales. En la España de la expansión urbanística de los años 60 el fibrocemento era una solución muy práctica y el amianto entonces no estaba prohibido. Iván recuerda que tantas décadas después, estos materiales han agotado su vida útil, son materiales muy envejecidos que no sabemos muy bien cómo van a reaccionar".

Si bien este es un problema extendido, el experto del CTAA matiza que se tiene muy estudiado su uso e implantación en el pasado. Principalmente, el amianto se encuentra en cubiertas de naves industriales.

El problema empieza a aparecer cuando está en elementos cotidianos de nuestras viviendas. Entre sus aplicaciones más comunes, "está en bajantes, en chimeneas, en salidas de humo, en canalones de cubiertas y depósitos de agua".

¿Y entonces qué sucede? Para la tranquilidad de los vecinos, Valero explica que, en entornos habitables, el material suele estar encapsulado. "Normalmente tiene un muro de pared que lo rodea o, si está en techos, tiene otro techo debajo. Esa aportación directa a corto plazo no debería ser un problema".

Sin embargo, el escenario cambia drásticamente cuando se realizan obras. "El riesgo está, sobre todo, cuando se parte, cuando se taladra o cuando se rompe". Es aquí donde surge lo que el arquitecto denomina el "gran problema": la gestión de las reformas domésticas.

Mientras que las grandes industrias suelen contratar empresas especializadas con trazabilidad de residuos, en las viviendas particulares impera a menudo la improvisación. "Muchos lo hacen sin control, lo destruye un albañil y lo sabemos porque cada cierto tiempo aparecen restos de amianto tirados en las calles o en ecoparques".

Esta gestión "clandestina" multiplica el peligro. Valero denuncia que, para ocultar el material en bolsas de basura comunes, se opta por trocearlo. "Al trocearlo para esconderlo, estás generando todo ese polvo que es lo peligroso. Estás generando más problemas de los que podía haber".

La legislación actual, mediante una ley de 2022, marca una hoja de ruta clara: el año 2032 es la fecha límite para que España esté libre de este material, que empezó a prohibirse en 1984. "Hay una cierta voluntad de mapear todas las construcciones de amianto para que se vayan retirando progresivamente, sobre todo en zonas vulnerables como colegios y hospitales".

Para saber si un edificio está afectado, el experto da una clave temporal: "Si es un edificio que se construyó entre los años 60 y finales de los 90, lo más probable es que tenga conductos de fibrocemento", que haya usado amianto como fibra.

El correcto cuidado

En muchos casos, la presencia de amianto solo se detecta cuando surgen problemas de mantenimiento. "Es muy común que estas bajantes se acaben rompiendo y aparezcan humedades. Ese es el momento de cambiarlos".

Desde el Colegio de Arquitectos se hace un llamamiento a la responsabilidad colectiva y a la contratación de empresas autorizadas. "Hay comunidades que hacen lo que deben hacer: llaman a una empresa, se limpia y se cambia todo. Esas son las que hay que fomentar y motivar".

El reto es mayúsculo, especialmente con aquello que está en el interior de las casas. "Las grandes infraestructuras preocupan poco porque siempre se gestionan bien. El problema son todas estas pequeñas piezas de amianto que no salen en las fotos de satélite porque están embebidas en tuberías y bajantes".