El exjefe de Operaciones Especiales y general retirado Demetrio Muñoz en Alicante.

El exjefe de Operaciones Especiales y general retirado Demetrio Muñoz en Alicante. Iván Villarejo

Alicante

El general Demetrio Muñoz alerta: el choque del Gobierno con EE UU e Israel debilita la posición de España

El antiguo jefe de Operaciones Especiales vincula la pérdida de influencia española con el avance de Marruecos como aliado preferente de EEUU.

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Demetrio Muñoz, general de Brigada retirado y antiguo jefe del Mando de Operaciones Especiales en Rabasa (Alicante), ha advertido esta mañana de que la actual actitud “abiertamente beligerante” del Gobierno español hacia Estados Unidos e Israel está alejando a España de la posición más prudente y matizada que mantiene el resto de Europa ante la guerra de Oriente Medio.

Lo ha hecho durante una conferencia en el Cámara Business Club, en la sede de la Cámara de Comercio en el edificio Palas, en la que analizó la nueva geopolítica mundial y el conflicto que enfrenta a Israel y EEUU con Irán.

Muñoz, hoy al frente de una empresa dedicada a la formación y a la gestión de proyectos de fondos europeos en el ámbito de la Defensa, situó el momento actual en la llamada “trampa de Tucídides”: "los periodos de mayor inestabilidad se producen cuando una gran potencia entra en decadencia mientras otra asciende", algo que a su juicio se ajusta al pulso entre Estados Unidos y China.

El general se preguntó si Washington ha alcanzado ya su máxima cuota de poder y está iniciando una fase de declive, o si, por el contrario, ambas potencias acabarán pactando un reparto de zonas de influencia. En su opinión estamos en el punto de inflexión

En su diagnóstico, la Casa Blanca ha emprendido una competencia frontal por el liderazgo mundial tratando de cerrar a China el acceso a recursos naturales estratégicos, como el petróleo, mientras apoya a Israel, que a su vez persigue sus propios intereses, no siempre coincidentes con los estadounidenses.

En paralelo, Pekín ha tejido un “balance” frente a la potencia dominante, comprando alrededor del 80% del petróleo que necesita a Rusia e Irán a través de canales “poco claros”, y multiplicando sus reservas estratégicas, según explicó.

El militar rescató también el análisis del exdirector de la CIA David Petraeus para explicar la posición israelí: Israel no puede aceptar que una potencia vecina se acerque a capacidad nuclear, mientras las negociaciones entre Washington y Teherán se han ido enredando desde antes del estallido de la guerra. Estados Unidos, añadió, ha tratado de eliminar sucesivamente a los “proxis” de China en la región –Irak, Siria y ahora Irán, con ramificaciones como Hezbolá en Líbano, los hutíes en Yemen, Hamás en Gaza o las milicias chiíes en Irak–, al tiempo que busca que Irán acabe alineado con Occidente frente a Pekín.

Irán no es Venezuela

Muñoz alertó de que esa expectativa norteamericana no se cumplirá porque “Irán no es Venezuela”. Recordó que se trata de un antiguo imperio, con una fuerte identidad nacional y una capacidad de resistencia moldeada por siglos de enfrentamiento con potencias externas, cuya columna vertebral es el chiísmo, una religión que legitima la lucha contra el “injusto” hasta la muerte.

Pese a estar perdiendo en términos materiales, añadió, Teherán está ofreciendo el ejemplo de cómo una potencia media puede desafiar a grandes actores globales mediante medios relativamente baratos, mientras Israel ha llegado a gastar en apenas dos días el equivalente al 2% de su PIB en esta guerra, la misma proporción que España dedica a Defensa en todo un año.

Sobre Estados Unidos, el general subrayó que la credibilidad de Washington está también en juego, con una contestación interna creciente, pérdida de influencia en el Golfo y un vínculo debilitado con Europa. En contraste, describió a China como un “poder soft” que refuerza su posición no tanto por la fuerza militar, sino por su capacidad de proyectar influencia sin imponerla de forma directa. Aun así, pronosticó que el conflicto terminará “por agotamiento de la gran potencia”, más que por una victoria clara sobre el terreno.

Fue al aterrizar este tablero global en Europa y España donde Muñoz marcó más distancias con la línea del Gobierno de Pedro Sánchez. A su juicio, la “poca fiabilidad” del Ejecutivo español, en palabras que atribuyó al propio Donald Trump, y su actitud “más beligerante” frente a Israel, están siendo aprovechadas por Marruecos, que se presenta a Washington como aliado preferente ofreciendo incluso bases alternativas a Rota.

Ese movimiento, añadió, ya se está dejando notar en la caída del comercio del puerto de Algeciras y en la percepción de que España se ha situado demasiado cerca de China en este nuevo juego de bloques.

En este punto, el general contrastó la posición española con la del resto de socios europeos, a los que describió como firmemente contrarios a la guerra, pero mucho menos estridentes en su relación con Estados Unidos e Israel.

Europa, sostuvo, “ha tomado una postura clara” de defensa de principios y del derecho internacional, pero sin romper los puentes estratégicos con Washington, mientras que España se habría diferenciado por una retórica especialmente dura que “no suma” en términos de influencia ni de seguridad.

Muñoz defendió que Europa debe entender que las “reglas del juego han cambiado”: Occidente sí, pero “no servil” a los intereses estadounidenses. Para España, sin embargo, advirtió de que el margen de maniobra es más estrecho y exige “cuidar la relación transatlántica” si no quiere quedar descolgada en el nuevo reparto de poder global.

“Necesitamos cambiar la percepción de Estados Unidos de que estamos alineados con China”, insistió, alertando de que el conflicto actual “va a reconfigurar el mundo” y de que las decisiones que se tomen ahora tendrán consecuencias duraderas para la economía, la seguridad y el papel internacional del país.