Una mujer disfrutando de su soledad.

Una mujer disfrutando de su soledad. Shutterstock

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Juan Gil-Albert, filósofo: "Es terrible saber que estamos solos, pero hay momentos en que es delicioso poder estarlo"

El ensayista alcoyano fue una de las voces más singulares de la literatura valenciana del siglo XX y un referente del pensamiento íntimo.

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Alicante
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Ya lo decía Juan Gil-Albert: la soledad pesa cuando se siente como una condena, pero puede convertirse en un lujo cuando se elige. En ese territorio íntimo, -sin miradas ajenas, sin ruido, sin expectativas-, uno se escucha con más claridad. Y a veces, precisamente ahí, empieza el cambio.

El escritor alcoyano lo formula con una lucidez desarmante en una de sus reflexiones más citadas: "En general, es terrible saber que estamos solos, pero hay momentos en que es delicioso sospechar que podemos estarlo: que nadie nos ve, que nadie nos observa, ni nos escucha, ni nos juzga; que nuestra soledad absoluta, con sus yerros, pero también con sus virtudes, nos pertenece por completo".

En su idea, la soledad no es solo un vacío. Es una habitación cerrada por dentro, donde por fin se puede respirar sin el peso de la opinión.

En esa "soledad absoluta" caben los errores, -los "yerros"-, sí, pero también lo mejor de nosotros: la capacidad de pensar sin filtros, de ordenar lo que sentimos y de mirarnos con honestidad.

No es una invitación a aislarse del mundo, sino a detenerse antes de seguir. A estar a solas para entender qué nos duele, qué repetimos por inercia, qué hemos aceptado por costumbre.

La soledad elegida funciona como un espejo sin maquillaje. Y, cuando uno se reconoce, puede pasar a la acción: cambiar hábitos, romper dinámicas, tomar decisiones que no nacen del miedo ni de la urgencia.

Gil-Albert conocía bien esa tensión entre el ruido exterior y la vida interior. Nació en Alcoy (Alicante) en 1904 y, aunque su familia se trasladó a València cuando él era niño, su vínculo con la provincia nunca se diluyó.

Alcoy aparece como refugio, como escenario de veranos y pausas, como esa casa de campo a la que se vuelve cuando hace falta perspectiva.

Estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universitat de València, pero no terminó ninguna de las carreras: eligió la literatura.

Publicó su primer libro, La fascinación de lo irreal, en 1927, después de colaborar en la prensa de la época. A finales de los años veinte vivió en Madrid, donde entabló una breve amistad con Gabriel Miró, a quien consideró uno de sus maestros.

La Guerra Civil supuso una fractura. Gil-Albert se implicó con la causa republicana y participó en la fundación de la revista Hora de España.

Tras la derrota, salió del país con el XI cuerpo del ejército, pasó por el campo de concentración de Saint-Ciprien y se exilió en México. También vivió en Brasil y Buenos Aires, y en Argentina publicó Las ilusiones.

Regresó a España a finales de 1947, pero su vuelta estuvo marcada por una vida "silenciosa y tranquila" que no había elegido.

En los años 70 fue redescubierto por escritores jóvenes como Jaime Gil de Biedma, y a partir de 1974 se publicaron casi todos sus textos. Llegaron los premios y el reconocimiento: la Medalla de Oro de Bellas Artes, el Premio de las Letras Valencianas (1982) y la presidencia del Consejo Valenciano de Cultura desde 1985.

Hoy, su legado se conserva en la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu, que custodia el Archivo Juan Gil-Albert. Un fondo que recorre su vida privada y pública: desde la infancia, el exilio y la correspondencia, hasta los borradores, fotografías y etapas creativas.

En Alicante, se encuentra el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, un organismo que gestiona la Diputación de Alicante.

"La entidad que organiza toda clase de manifestaciones relacionadas con el ámbito de la cultura y de las ciencias jurídicas y sociales: publicaciones de libros, ayudas a la investigación y a revistas, congresos y seminarios tanto nacionales como internacionales, ciclos de conferencias y de debate, exposiciones, etc.", tal y como explican en su página.