Desde el pasado sábado, con el inicio de una nueva ofensiva por parte de Israel y EEUU contra Irán no amparada por el derecho internacional ni siquiera debatida en el seno de la ONU, está abriendo todo tipo de debates.
En las redes sociales todo el mundo opina sobre cuáles han sido las causas y cuáles serán sus consecuencias políticas, económicas y sociales del nuevo conflicto. Y es que esta nueva guerra, en Oriente Medio, amenaza con determinar un nuevo orden mundial. Y mientras la Inteligencia Artificial sigue avanzando en la configuración de lo que será la sociedad del futuro, su empleo, su convivencia e incluso el futuro de la especie humana que por primera vez será vulnerable frente a un poder superior.
Vivimos en un mundo muy cambiante. Escuchamos noticias acerca de la deuda de EEUU y Japón, previsiones acerca de sus bonos nacionales. También sobre la “sobrecapacidad” china, que ha construido una capacidad industrial que supera con creces lo que su propio mercado interno de demanda puede absorber de forma rentable.
Desde un punto de vista humanista, optimista por antonomasia, hay que pensar en que de un modo u otro el ser humano como especie prevalecerá, será resiliente, como se dice ahora. Al igual que lo ha hecho cuando ha sucumbido cualquier otra civilización, cuando se ha diezmado la población mundial por plagas y hambrunas, etc.
Un motivo que me lleva a ser optimista es que precisamente el humanismo surgió en el Mediterráneo, lo que demuestra que nuestra cultura es éticamente superior a la anglosajona, que es la que ha provocado históricamente todos los efectos perversos que ahora nos afectan en Oriente Medio.
Sin embargo, cabe otra perspectiva mucho más pesimista y crítica. A la vista de cómo se comportan los gobiernos y las sociedades humanas (en general) y su tendencia al belicismo y la explotación de los recursos naturales y de otras poblaciones más vulnerables, ¿merece la pena que la especie humana sobreviva a esta nueva crisis? ¿Somos una plaga sin remedio para el planeta tierra y el resto de las formas de vida que lo habitan?
Personalmente me inclino más hacia la primera. El mundo está lleno de personas moralmente buenas, que trabajan para la supervivencia de sus familias sin agredir al prójimo, que colaboran para que las sociedades sean más justas ,más éticas, mejores.
Además, cualquiera que tenga hijos se encuentra preocupado, como lo estoy yo, con el devenir histórico de nuestra especie y la cantidad de líneas rojas que estamos traspasando. Seguramente, como en el pasado, en proporción. Lo que pasa es que ahora, en un mundo global, nos la jugamos todos.
En este contexto acabo de leer El Mono arrogante. La supremacía humana y sus consecuencias (editorial Crítica), de la primatóloga Christine Webb. Un texto realmente incómodo en el que se plantean muchos interrogantes sobre nuestra supuesta centralidad como especie en el universo.
Weeb cuestiona la supremacía de los humanos, a nivel cognitivo y moral, sobre el resto de especies que habitan la Tierra. El dogma construido por la ciencia de que el ser humano es el único que piensa, el único que es empático, el único que es consciente de sus actos y sus consecuencias, el único que puede proyectar sus deseos y retos hacia el futuro. En suma, el único que tiene un alma que trasciende los meros instintos de los animales.
Los seres humanos nos creemos únicos y superiores respecto del resto de formas de vida. Incluso lo hemos comparado científicamente con otras especies, monos y ratas en laboratorios. Pero nuestra superior capacidad intelectual no ha sido probada en condiciones comparables a las de otros animales en sus propios hábitats.
Especialmente en nuestra civilización judeocristiana el mito fundacional es precisamente lo mandatado en el Génesis: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra".
¿Ciencia o activismo? No entro en esa dialéctica. Webb expone pocas ideas pero claras y concisas: solo la humildad biológica puede ayudarnos a regenerar el planeta. Y yo completo: puede ayudarnos también a no sucumbir como especie ante los cambios que se avecinan.