TOROS

La catástrofe genética de Cuvillo: "Hemos perdido un patrimonio importante"

Las lluvias torrenciales han matado esta semana a 51 de las vacas de la ganadería con sus hijos. “Un 10% de las madres”.

Una de las reses muertas.

Una de las reses muertas. Twitter

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“La ganadería está en una zona húmeda, lluviosa en invierno, pero nunca he visto llover de esa forma. Cayeron 250 litros en tres días y 70 en tres horas, demasiado”, habla Álvaro Núñez del Cuvillo, propietario de la ganadería Núñez del Cuvillo, sobre las lluvias que esta semana han acabado con la vida de 51 de sus vacas. “Un 10% de las madres”.

Las precipitaciones han golpeado con fuerza la provincia de Cádiz. Vejer de la Frontera, Conil o Chiclana han sido las localidades más afectadas junto a las pedanías situadas en el entorno. Muchos vecinos quedaron atrapados entre el agua y el lodo y el alcalde de Vejer ha pedido la declaración de zona catastrófica. Las vacas de Cuvillo no pudieron escapar. Pastaban en El Algallarín, una de las cuatro fincas que como fortalezas ecológicas guardan el hierro. “Esa finca está en Vejer, muy cerca del mar. Coincidió además que había pleamar. Veía que llovía muchísimo, demasiado. Por el cercado en el que estaban las vacas cruza un arroyo y ahí se sentían protegidas. Tienen un gran instinto de supervivencia. Aguantaron, subió mucho el arroyo y se ahogaron”.

Perecieron junto a sus becerros, el futuro de la ganadería. “A veces sí se nos han ahogado crías pero no sus madres, ni tantas. Esta vez, todos. Lloviendo así imaginaba que algo podía pasar, porque diluviaba, pero no hasta ese punto. Al día siguiente vimos los daños y, claro, se queda uno mal”, explica el ganadero. Todos los animales muertos estaban en el mismo cercado y formaban parte de un proyecto que tenía el objetivo de apuntalar la sangre Osborne que existe en la ganadería, parte del incalculable patrimonio genético bravo repartido por las dehesas. “El mayor daño es el genético y el sentimental”, señala con tristeza. “Hubo una época en la que Osborne no nos funcionaba como queríamos y ahora estábamos intentando potenciar esa línea, porque habíamos visto posibilidades”.

En 1982, su padre, Joaquín Núñez del Cuvillo, formó la ganadería con reses que adquirió de Hermanos Osborne Domecq. Pasaron los años y a Cuvillo se incorporaron otras sangres, otros bichos y otros conceptos. El sedimento Osborne hacía de base, diluyéndose con el tiempo. El pelo ensabanado, blanco, señalaba a los productos de esa procedencia. “Ahora tenemos un semental con esa capa, en la línea de ‘Atrevido’, el que toreó Antoñete. Se llama ‘Juguetón, número 5’”. El semental pasó la prueba del tentadero hace dos años. “Ese pelaje es recesivo, no es dominante, y se va perdiendo. Junto con esas vacas estaba dando un pelo precioso, mucha variedad. Daba gusto ver a los becerros, los niños estaban encantados”.

Antes de ‘Juguetón’, “lo ensabanado no aseguraba la clase de Osborne. Una cosa es la pinta y otra el comportamiento. Son animales muy especiales, con una forma de embestir muy sutil”, deletrea la acometida Núñez del Cuvillo. “Lograr recuperar esas características es muy difícil. La ganadería es lenta y hay que trabajar mucho. Estábamos muy ilusionados con este lote que le habíamos preparado. Los primeros becerros eran preciosos”.

Ahora hay que empezar de nuevo un trabajo de años. “El padre es muy bueno. Por suerte, él se ha salvado”. Lo difícil será encontrar otra vez el equilibrio entre padre y madre. “Volver a juntar un grupo de vacas así, tan buenas, con pelos tan bonitos, para afianzar esa parte de la ganadería, va a ser complicado. Casi imposible”.

¿Qué supone económicamente esta pérdida? “No sabría decirte, las predicciones se hacen a cinco o cuatro años vista, no se puede saber bien ahora. De todas formas no es lo que más me duele, el daño económico es lo de menos”. ¿Vais a poder recuperarlo? “En eso estamos con el seguro, que cubre sobre todo bajas en los toros, no en las vacas. Además, ha venido en un mal momento. Habíamos reducido la ganadería para acoplarnos al mercado y tratar de mejorar y ahora contamos con medio centenar de animales menos”, se resigna Álvaro Núñez.

Un fundido en negro para una buena temporada. “El año había salido rozando lo excelente para nosotros, el pasado fue bueno, pero este fantástico. Nos guardaba el final de temporada una mala noticia. Es casi peor cuando no embisten los toros y sale todo al revés. Al mal tiempo hay que ponerle buena cara”.