TOROS

El aficionado que salvó la vida a una antitaurina: “Me la jugué por ella y no me dio ni las gracias”

David Andrés, voluntario en la organización del toro de fuego de Medinaceli, una tradición de cinco siglos, evitó la tragedia cuando una mujer saltó a “acariciar” a la bestia librándola de una cornada segura. “La habría matado”, asegura.

Momento en el que el toro estás más cerca de la antitaurina.

Momento en el que el toro estás más cerca de la antitaurina.

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“La vi claramente”. Dos bolas de fuego cortaban la oscuridad en Medinaceli. “El toro iba hacia ella”. Dos ovnis incendiados y afilados, saltarines en medio del vacío, sostenidos por una mole de carne, lanzados hacia una mujer. “Se quedó paralizada y caí: era una antitaurina de las que habían ido al pueblo a protestar, a insultarnos”.

El bufido de babas y frío envolvió la figura congelada, el derrote llenó de chispas el aire en el instante en el que una mano la devolvió a tierra firme. El tirón lo dio David Andrés, sin capa ni nada, voluntario en el toro Jubilo, la tradicional celebración castellana en la que se corre a un toro con bolas de fuego en los pitones y se devuelve vivo al campo.

“Salí corriendo pensando ya en coger al toro del rabo, imaginándome la cogida. Cuando vi que lanzaba el cabezazo hacia un lado, la agarré y la giré hacia el otro”. Dos vidas unidas por una milésima. “El toro se entretuvo un instante con la bandera y salimos del apuro”.

“Tuvo muchísima suerte”, jadea David. Había acudido a Medinaceli “para ayudar”. Tiene 43 años, dos hijos, es agricultor y vive en una localidad vecina. “Era la primera vez que iba. Había mucho follón fuera de la plaza controlado por la Guardia Civil y nosotros, que estábamos pendientes de que nadie bajara al ruedo mientras embolaban al toro”, se refiere al momento en el que se coloca el artefacto desde el que se alzan las bolas ardientes.

Fuera llovían los insultos. “Nuestra función era también que se respetara al toro en todo momento, estar pendiente de él y de que no ocurriera nada”. Y sucedió. “No me lo pensé. Obviamente no me importó que fuese antitaurina. Era una persona. No hubiera podido dormir si dejo que el toro la coja”. “Saltó con otro compañero”, continua, “pero él salió corriendo y la dejó ahí”.

-¿Le dio las gracias?

-Qué va. De hecho, me insultaron los demás que estaban con ella.

David lo tiene claro. “La hubiera matado. No es sólo ya la cornada más o menos grave: es el fuego. Con que lleves un poco de plástico en la ropa ardes directamente”. Él también se la jugó. “Un resbalón o cualquier cosa y quién sabe qué hubiera pasado”. Achaca este comportamiento a la ignorancia. “Ella quería acariciarlo. No saben qué es un toro. Se piensan que es una mascota. Su compañero se dio cuenta y huyó”. Sacarlos de la plaza fue más complicado. “¡Querían ponerse alrededor del toro! ¡Apagar el fuego! Es increíble. Se los hubiera comido”.

“A los antis les ha salido el tiro por la culata”, reflexiona. “Querían provocar y lo que han conseguido es lo contrario. Nosotros sí respetamos”. La prensa acudió a Medinaceli buscando la polémica. “En televisión sólo ha salido el momento en el que la arrastro. No sé qué pretenden. Le salvé la vida y lo hice encantado”.

Una tradición de cinco siglos

Alberto de Jesús, experto en este tipo de festejos y director de la revista Bous al carrer, también se queja del silencio mediático. “Imagina que sucede una tragedia o que, al revés, un aficionado pega a un anti. (...) Estaban allí presentes casi todos los programas de televisión y no hay salido en ningún lado. ¿Qué está pasando, qué intereses existen?”.

Una multitud contraria al toro Jubilo acudió a Medinaceli. “Aparecían por todos lados, insultando, tirando cosas y formando follón. Eran como guerrillas, estaban totalmente organizados por grupos de 15 o 20 personas. Conocían el pueblo, aparecían por cualquier calle y se congregaron en una zona concreta donde les esperaban las cámaras. Todo muy extraño. El alcalde alucinaba. (...) Su único objetivo era crear el caos. Y no lo consiguieron”, explica de Jesús.

La controversia en torno a esta tradición no es nueva. “Siempre ha habido quejas y cada año van a más”.

En Medinaceli mantienen intacta la celebración desde hace casi 500 años. “Viene de las Guerras Púnicas, en las que se utilizaron toros de fuego. Es el único toro de fuego que se hace en Castilla y Léon y está reconocido y protegido por la Junta y por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial”. Se hace, además, de la manera más tradicional. “En otros lugares, como en el Levante, se utiliza un método más industrial. Aquí cogen al toro entre unos cuantos, lo agarran con una cuerda y va colocando el hierro”. Al toro también se le embarra. “Eso se mantiene de antes, cuando el fuego estaba muy cerca del animal y era peor. Ahora hay una distancia de unos 40 centímetros entre los pitones y las bolas de fuego y no pasa nada”.

Alberto de Jesús vuelve a la antitaurina que saltó. “Si la mata el toro hubieran conseguido tener un mártir, como algunos de los cabecillas de estas organizaciones me han dicho. Están creando ignorantes que se creen que el toro es inofensivo”. Hay algo más. “Utilizan la fiesta taurina como punta de lanza, pero su objetivo es más amplio. Llevan al extremo su ideología. Están organizados, subvencionados. Huele mal”.

David Andrés, el héroe del sábado, arremete contra ellos. “El encierro de mi pueblo no lo podemos hacer ya. Lo único que han conseguido es que se vuelque todo el pueblo, ha dado ánimos a los que antes pasaban del toro. Si no te gusta, no vayas, es lo único que pido”.