Corridas toros

Triunfo de Paco Ureña frente a Ponce y Talavante

El murciano cortó una oreja a cada toro de su lote y salió a hombros en solitario en una tarde con las figuras. A la corrida de El Pilar le faltó clase y entrega. Ponce perdió los trofeos por la espada y Talavante recibió una sonora bronca tras desinhibirse con el quinto.

Paco Ureña saliendo por la puerta grande.

Paco Ureña saliendo por la puerta grande. Prensa Paco Ureña

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Cinco minutos después de las seis pisaron la arena los alguaciles. A la gente le dio igual el retraso. El desenfado de las fiestas llega hasta la metálica plaza, aunque no del todo. A Chopera se le vacía también Palencia a pesar de la furgoneta que ha pregonado la feria durante toda la semana por las calles de la ciudad: el siglo XXI y el taurino son irreconciliables. A lo mejor hay que asumirlo ya.

El primero de El Pilar tuvo el aire de la casa. Altón, castaño, un punto cuesta arriba. El morrillo como eje. Todo armazón. Enrique Ponce ganó los medios, marcando las diagonales suelto a la verónica, con facilidad. Lo único que se escuchó fue un "ole, maestro" a grito pelao cuando remató. Igual de hábil la templada larga del quite con la que acompañó al toro. No obligó Ponce después con la muleta. La faena se basó en la mano derecha y el torero de Chiva hizo lo que quiso. El toro obedecía a los toques, acudía con un galope juvenil, rebrincado. Nunca le obligó Ponce, que sobre todo estuvo pulcro y a medio gas. Pudo parecer que tuvo fondo el toro, pero encontró en la muleta un ovillo al que seguir, brincando alegre y sin exigencias. Al natural no hubo continuidad. Molestó la brisita. Dos molinetes como cumbres. Otro pase de pecho. Su faena de provincias la dilapidó Enrique Ponce después con la espada. A la cuarta enterró media.

Los intentos de Talavante de majar un inicio de rodillas quedaron frustrados. Llegaba lanzado el extremeño después de Colmenar. Había brindado al público. El burraquito buscó primero la libertad, en el único galope que dio durante la lidia, y después se quedó encima. Un extraño hizo cambiar a Talavante de mano. Cogió la izquierda. Sin poder, ni celo, acudía el toro. Dos tandas intentando alargar la embestida. Inapetente el bicho, iba por compromiso. La música apagó el crujir de las pipas, el murmullo del aburrimiento. Talavante lo toreó en los medios. Quizá le pesaron esos terrenos por su vacía condición. Lo mató fatal.

Más cuajado fue el tercero. Negro, también despegado del suelo y acapachado, noble la expresión. Ureña lo recibió con varias largas cambiadas, alguna verónica y tafalleras. El mixto lobo tan de moda. Eso volvió loca a la gente. Luego, lo llevó al caballo con tapatías al paso y quitó con una mezcla de saltilleras y gaoneras, muy quieto.

Es que la tarde era para arrear con las figuras. Se echó de rodillas en la primera raya del tercio. Varios pases bajo los gritos de las mujeres. En esa posición quiso torear en redondo con más actitud que solvencia. Luego, el resto fue muy deslucido. El toro embestía sin decir nada, montado. No se entregó. Ureña lo intentó con las dos manos. Se lo dejó llegar al bordado en un arrimón no muy natural pero efectivo. Qué entusiasmo del público. Lo mató por derecho. Las peñas la tomaron con la chapa a modo de celebración y los tendidos volaron los pañuelos. Oreja. Dio la vuelta al ruedo esquivando la manguera y operarios con gafas de sol.

Le molestó el aire a Ponce en la salida del cuarto. El capote pegado a las espinillas, tan desagradable. Era el más basto este. La exigua cara compensaba el cuerpo. Midió reducido el saludo en los medios. El encuentro con el peto lo tiró al suelo. Se sostenía de milagro 'Guajiro'. Un par de banderillas lo sentó de culo y fue devuelto. El subalterno Jocho lo metió en toriles arreándolo solo con la montera. 'Merecidito', el sobrero, se cayó también en el capote después de dos lances genuflexos de Ponce. El puyazo lo rebotó como si las pezuñas llevaran flubber. Bien podían haberlo dejado de titular, más armónico que el anterior.

Más que nada, el toro era desagradable. Despedía un tornillazo. No tocó la muleta. Ponce lo zarandeó en dos tandas en las que el que mandó fue el toro. Más metidos en el tercio tuvo tres arrancadas buenas 'Merecidito' por el pitón derecho. Esos fueron los mejores muletazos. A la cuarta perdió las manos. La gente coreaba el pasodoble y Ponce por allí buscando algo. Cómo encuentra motivación en casos así después de tantos años es un misterio. La siguiente serie fue por fin redonda, el toro ya había perdido el gañafón, Ponce tiró de él. Obligó de nuevo y se cayó 'Merecidito'. Ponce se encaró con su falta de fuerzas, haciendo gestos de desolación. Luego remontó tapando toda salida posible y enganchó una ristra explosiva de molinetes. Cuando se fue a por la espada el público estaba en pie. Mató perpendicular, y los descabellos enfriaron tan rápido como se había propagado el calentón. Saludó una cariñosa ovación.

El quinto era fino, largo y ensillado. Se paró a la vez que Talavante se estiró a la verónica. Sin recorrido el lance, el toro echaba las manos por delante. Gran tercio de Juan José Trujillo. Qué ventolera se había levantado. "Que cante Talavante", gritó alguien. Bastante tenía con sujetarse allí en el vendaval del tercio. Lo intentó al natural. El toro agarrado. Una repentina pereza sobrevino a Talavante. Se le vio en el gesto. Macheteó, dejó la ayuda y se acabó. Menuda bronca cuando se perfilaba. La misma desgana para entrar a matar.

Todo estaba a favor para Ureña. Allí apareció el sexto, tan lavado, tan escurrido. 515 kilos. Tenía un perfil feo de armatoste. Pura adolescencia desgarbada, recién cumplidos los cuatro años. Las verónicas las tomó a saltos. Ureña lo sacó hasta los medios. Allí una chicuelina guardaba la tragedia. Dudó un instante en el embroque y le pasó el tren a milímetros. Luego, el resto fueron lances engarrotados. Se soltó liberado en la buena larga de remate.

Brindó al público. El toro no se desplazaba. Paco Ureña comenzó la faena por banderas. Aquello acrecentó su condición y al natural salía el toro de los muletazos lanzado hacia arriba. Ah, la música. Dos series más por ese lado, con la embestida salpicada. Ureña era todo ganas. Muy difícil limpiar el muletazo. Él lo consiguió en la mayoría hipotecada la expresión. Por el derecho reponía. Apretó el matador en una nueva tanda. Llegaron los circulares. Ya estaba hecho todo. Ureña se fue a por la espada cabizbajo, sin vender nada. Sí se tiró detrás del morrillo. Lo mejor de su actuación fueron los dos espadazos. Otra oreja aseguró la puerta grande.

EL PILAR/ Enrique Ponce, Alejandro Talavante y Paco Ureña

Campos Góticos. Miércoles, 31 de agosto de 2016. Segunda de feria. Menos de media entrada. Toros de El Pilar, se dejó el 1º, 2º descastado y sin celo, no se entregó el 3º, 4º bis sin fuerzas de buen pitón derecho, 5º agarrado.

Enrique Ponce, de espuma de mar y oro. Pinchazo muy bajo, pinchazo arriba, pinchazo arriba, pinchazo hondo que se soltó, media contraria (silencio). En el cuarto, espadazo atravesado, casi entero y perpendicular. Tres descabellos. Aviso

Alejandro Talavante, de visón y oro. Metisaca y espadazo superficial en el número. Un descabello (silencio). En el quinto, espadazo muy tendido y contrario, bajonazo y estocada caída.

Paco Ureña, de azul pavo y oro. Buena estocada (oreja). En el sexto, buena estocada (oreja). Salió a hombros.