Feria de San Isidro

El Juli contra todo

Vigésima de feria El matador madrileño saludó una ovación con división de opiniones tras la muerte del cuarto, después de entender al vellosino y sobreponerse al ambiente crispado por la sustitución de la corrida de Jandilla, que no pasó el reconocimiento.

El Juli da un pase con la muleta a su primero.

El Juli da un pase con la muleta a su primero. EFE

A la corrida de Jandilla, titular este miércoles en Las Ventas, le pasó como a la de Sevilla: se cayó entera. Esta no pasó el reconocimiento veterinario en los corrales. Aquella estaba podrida en el ruedo. Algo extraño pasa con los toros del maíz. Cuidado si esto lo pilla Stephen King. Para sustituirla se eligió una de Vellosino, la que se quedó colgando el día de la suspensión cuando también rechazaron la de Robert Margé. Ya que están aquí...

Del ambiente crispado de la mañana se descolgó una pancarta desde el núcleo duro del '7'. Tarde de terapia antiestrés. Está eso por vender y ahí hay un nicho para los empleados de la capital encajonados entre Metro y esposa, esposo, esposos o esposas. Las escopetas estaban cargadas a cualquier desliz, tropiezo, o doblez del Juli, la especialidad de la casa, por el cambio de hierro. Otros torean con la oreja pegada al hombro y esto hierve. No os hagáis nunca figuras, es el mensaje al pobre. De la sábana se deducía un ¿a quién defiende la autoridad? con mucho sabor. Otro highlight recordado por Hugo Alguacil. Don Juan Carlos presenció la algarabía bajo la asesoría técnica de Enrique Ponce.

El Juli se sobrepuso a los elementos. No molestó el viento ni llovió. Armó su labor con todo a la contra, sacó por la tarde la responsabilidad de figura. El quinto fue el toro más serio de un desfile desigual: agresivos los escurridos y lavados los redondos. Llegó a la muleta queriendo hacer las cosas bien y dobló las manos en un par de ocasiones, costalazo incluido. Las protestas fueron inmediatas. La suavidad era como el maná para todos. Toro y fieras.

Con la primera tanda de derechazos alargó Juli la embestida y el vellosino respondió. Una tanda al natural se desplegó enorme entre los exabruptos, dividida la plaza. Juli le pudo por abajo hasta que asentó al enemigo. Faena de fuego lento, con cabeza y muñeca. De menos a más con el toro a menos. En ese transcurso apareció la esquina en la que se encontraron ambos. El punto medio llegó en un natural que arrancó el olé por fases, según avanzaba el trazo, como la ola del fútbol, echado Juli sobre el muletazo. Del '10' al '6'.

Ya se había apagado el toro. Estaba todo hecho. Se fue por la espada el madrileño. Pinchazo a la primera. La estocada trasera la recibió el público gritándose entre ellos, gesticulando con las manos de tendido a tendido. Viva Madrid. El Juli saludó una ovación salpicada de pitos en su última tarde en San Isidro. Luego la bronca se escuchó más.El primer toro, un castañito de buena expresión, inauguró las palmas de tango. A la puesta en escena le acompañó algún silbato. Ya no dejaron. El toro fue de acá para allá sin emplearse ni ser sometido en los capotes. Comenzó Juli sin exigir. La sosería de la embestida rompía en la muleta tersa. Nada. Calidad transmutada en gazapeo. Siguió toreando el madrileño, pero aquello tuvo menos emoción que un single de Enya.

La salida del sexto no fue impetuosa. Oliendo la cal, a lo suyo, haciendo aguas mayores. Soliviantó a la masa. El toro era un zambombo de 637 kilos estrecho de sienes, un calco del segundo, muy protestado. No gusta en Madrid esto y con razón. No había equilibrio. "¡Toro!, ¡toro!", se arrancó la parroquia. López Simón lo sacó a los medios tirando de él y derrumbado en el caballo conoció a los cabestros, más animosos que él en su encuentro con el ruedo. Qué espectáculo Florito.

De Domingo Hernández resultó el sobrero. Detrás del capote del banderillero se fue y alargó el cuello para echar mano a los que parearon, arrancado al galope. Runrún de buen toro. Galopó también para coger la muleta. Se dobló López Simón hasta la segunda raya y se puso a torear con la derecha. Metía la cara 'Matamoscas' con transmisión. Por la izquierda más exigente. Hubo rapidez en las primeras series, queriendo López Simón hacer todo en un momento, sin reposo. La derecha sacudía la embestida. Enroscado en la cintura se perdió. Con la izquierda lo intentó de uno en uno. Llegó la bajamar del toro. Encontró oxígeno ahí el madrileño. "¡Nunca dejes de creer!", le soltaron, no sé sabe si con buena o mala intención. Milán lo ocupa todo.

Alberto López Simón da un pase de muleta a su primero.

Alberto López Simón da un pase de muleta a su primero. EFE

La imagen frente al tercero fue distinta. El López Simón del año pasado, sin ninguna diferencia, aparecía en el San Isidro de su reventón. Dos tardes y Beneficencia para rendir otra vez el Foro. Ese vellosino fue escurrido. Enseñaba las afiladas puntas. Se cayó en el caballo sin provocar altercados arriba. Huyó de la pelea. Las verónicas de Simón fueron tesoneras. No se empleó mucho tampoco en el quite de Juli el castaño.

Con la muleta algún derechazo con rodilla en tierra tuvo entidad. Por la misma mano encadenó con más aplomo una serie ligada, limpia y enroscada, con el compás abierto. Encendió a los tendidos enseguida. Tiene facilidad para eso Simón, gran virtud. Julián Guerra como director de orquesta. Los tiempos muertos que no dio al último sí los aplicó bien aquí. Al natural fue más deslucido 'Molino', tomando el primero descompuesto. Apretó otra vez por la diestra poniendo el trofeo a la temperatura de cocción justa. El toro ya iba a su aire, soltando miradas. Sin celo. Tragó en una tanda más. El final de faena, primero por ayudados queriendo gustarse el matador y después con manoletinas al atragantón, no fue limpio y emborronó un poco lo anterior. Pinchó en un brusco encuentro y a la segunda fue. Con el descabello llegó el aviso y el silencio.

A Perera la feria se le ha escurrido sin pena ni gloria ni suerte. Su primero traía cara agradable, bonita, engatillado con la punta negra, muy torera. 600 kilos por detrás. Comenzó la faena Perera con ayudados por alto. En el capote del subalterno ya lo había hecho. El derrote con los dos pitones en mitad de la arrancada bucólica. Este tampoco decía nada. Los derechazos largos lo intentaron. Al natural uno destacó sobre la montaña sosa en la que seguía cayendo un pase tras otro. "¡Que venga Ureña!", gritaba algún enamorado. "¡Antitaurino!", otro malaje. Finalmente, el toro se rajó para gusto de la sesuda afición.

Sin embargo el que completaba el lote fue distinto por delante: su presencia veleta, más abierto, colorado con la imagen esa que dan los chorreados de pavor nocturno. Los 604 kilos los portaba cuesta arriba y, claro, no humilló. Cuando lo hacía, le dolía, sacaba la cara por arriba sin poder. Perera se decidió por el arrimón visto lo visto. Circulares, el toro por la taleguilla y oliendo los alamares. Ni siquiera así. La estocada fue al sótano.

VELLOSINO/ El Juli, Miguel Ángel Perera y López Simón

Monumental de las Ventas. Miércoles, 25 de mayo de 2016. Vigésima de abono. Lleno. Toros de Vellosino, un soso 1º con calidad, rajado el 2º, un 3º a menos, se apagó el buen 4º, descastado el 5º y buen un sobrero (6º bis) de Domingo Hernández que embistió con transmisión.

El Juli, de burdeos y oro. Media estocada tendida y trasera y un descabello (silencio). En el cuarto, pinchazo muy trasero y estocada trasera (división de opiniones).

Miguel Ángel Perera, de celeste y oro. Pinchazo hondo (silencio). En el quinto, pinchazo y estocada baja (silencio).

López Simón, de verde botella y oro. Pinchazo, estocada entera tendida y suelta y dos descabellos. Aviso (silencio). En el sexto, estocada atravesada (silencio).