Extrema derecha

Dresde: viaje a la cuna de los 'respetables' ultras de Pegida que desafían a Merkel

Son maestros, taxistas o ingenieros. "Tenemos miedo por nuestros hijos", dicen los miembros del movimiento islamófobo que sacude Alemania. 

Dresde, la cuna de Pegida

Dresde, la cuna de Pegida Getty Images

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Dresde recibe el sobrenombre de la "Florencia del norte” en virtud de su espectacular casco antiguo, que es parte esencial del Valle del Elba y es un entorno reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Atractivos como la Iglesia de Nuestra Señora hacen que hoy la ciudad, reconstruida tras haber quedado en ruinas durante la II Guerra Mundial, sea hoy uno de los principales destinos turísticos de Alemania.

Sobre las baldosas del Neumarkt, la plaza donde se encuentra esa iglesia barroca del siglo XVIII, alguien ha arrojado un folleto de la revista soberanista Compact.

Compact es la publicación que en uno de sus números ponía en su portada una polémica imagen de Angela Merkel con un chador. Era una forma de criticar la supuesta orientación multicultural de la política migratoria de la canciller.

La revista tiene un publico minoritario en Alemania y sus tiradas mensuales rondan los 60.000 ejemplares. Pero muchos de sus lectores estaban en el Neumarkt el lunes pasado, cuando se celebró aquí la manifestación más reciente del movimiento islamófobo Pegida.

Cientos de personas se reunieron entonces a la vera de la Iglesia de Nuestra Señora de Dresde. Una de esas personas era Michael, un empleado en la hostelería de 43 años. "Todo el mundo lo sabe: Europa está siendo islamizada. Se construyen cada vez más mezquitas en Alemania", dice. "Lo que pasó en Colonia ocurre a diario pero en menor medida”, añade aludiendo a las agresiones sexuales perpetradas en Nochevieja junto a la catedral gótica de la capital renana. Según los informes de la policía, decenas de inmigrantes participaron en esas agresiones.

Una preocupación similar a la que transmite Michael inquieta a Marion y Peter, una pareja de quincuagenarios. "Tenemos miedo. Estamos preocupados por nuestros hijos y por nuestros nietos porque los musulmanes, al menos una gran parte, no quieren integrarse aunque digan que 'sí'", afirma Peter, que trabaja como ingeniero. "La gran mayoría no se quiere integrar", subraya su esposa, que trabaja como educadora en la ciudad.

Los manifestantes que se concentraron el lunes en el Neumarkt no tienen en apariencia nada que ver con la escena de la ultraderecha alemana. No había, por ejemplo, individuos de marcada estética neonazi como los que se ven a veces en otros puntos del país.

Miedo a la islamización

"Pegida no es igual en Dresde que en otros puntos de Alemania. En el resto del país hay movimientos que se presentan como Pegida y que son más extremos. Aquí el fenómeno no es de extrema derecha ni pertenece a la escena neonazi", dice Hans Vorländer, politólogo y director del Centro de Estudios Constitucionales y Democracia de la Universidad Técnica de Dresde.

"Una parte de los manifestantes, alrededor de un tercio, son nacional-conservadores e islamófobos y otra gran parte están con ellos pese a esas opiniones racistas", añade Vorländer, autor de uno de los estudios científicos más recientes sobre el movimiento.

El alcalde de la ciudad es Dirk Hilbert, del Partido Liberal. “Los que participan a las convocatorias de Pegida suele ser gente que gana más de la media. También hay parados, pero en general son gente que está económicamente por encima de la media”, explica en su despacho, situado cerca del lugar donde se celebran las manifestaciones de la organización islamófoba.

El alcalde de Dresde.

El alcalde de Dresde.

A simple vista, los congregados componen un grupo muy heterogéneo, formado por cuadrillas de amigos de todas las edades. También hay familias, aunque escasean los niños.

"No somos nazis", aseguraba en la última concentración una señora mayor. Llevaba una pancarta con este mensaje: "Antes era tolerante, ahora soy extranjera en mi propio país". Otro señor tenía otra con esta frase: "El islam pertenece a Alemania como la mierda a la mesa de comer". Un mensaje que alude a las palabras que pronunció hace un año Angela Merkel según las cuales "el Islam pertenece a Alemania".

La población musulmana en Alemania no llega al 2%, según el último censo elaborado en 2011. La estimación del Pew Research Center es más generosa. Calcula que alrededor del 5,8% de los habitantes de Alemania son musulmanes. Es decir, cerca de cinco millones de personas sobre una población de 81,3.

"La población musulmana en Dresde es muy pequeña, no hay ninguna islamización", descarta Hilbert. A su entender, lo que ocurre es que, en el actual contexto de crisis de los refugiados, "en el Este de Alemania tenemos un miedo creciente frente a los inmigrantes". Alemania recibió algo más de un millón de demandantes de asilo en 2015 y prevé acoger este año otros 800.000.

Hilbert cree que el "miedo es menor en el Oeste de Alemania porque allí hay más inmigrantes".

"En mi opinión, la escasez de contacto propicia que la gente no conozca a los inmigrantes. Ante lo desconocido, hay miedos”, manifiesta el alcalde, que recuerda un detalle de la historia de Sajonia, que durante décadas perteneció a la Alemania comunista: "En el Este de Alemania, tras la reunificación, la gente ha experimentado el cierre de fábricas, el paro, la necesidad de volver a formarse. Ahora muchos tienen miedo a perder lo que han construido después de la reunificación". 

Georg en las galletas.

Georg en las galletas.

Georg, un veinteañero que vende galletas en la estación central de Dresde, apunta a este otro temor cuando dice que "comprende" a los que van a las manifestaciones de Pegida: "Aquí la gente ha trabajado duro para tener lo que tiene. Ahora temen que la llegada de nuevos inmigrantes implique perder eso por lo que han trabajado".

En Dresde se celebran contramanifestaciones y hay gente decidida a contraprogramar las marchas de los lunes. Pero muchos habitantes de la ciudad toleran el fenómeno de Pegida.

"Hay que preservar la libertad de expresión y el derecho a manifestarse aunque yo nunca iría a una de sus manifestaciones", dice Michael, un camarero de 36 años que trabaja en un restaurante español del centro de la ciudad. "Lo que ocurre es que esas manifestaciones son algo malo para la ciudad", explica. "La gente de Dresde, por ejemplo, sale menos los lunes".

Un problema para el turismo 

En los comercios del centro, dejó de haber clientes a la hora de la reunión de Pegida. Además, el turismo ha bajado y por eso Martin Dulig, responsable de Turismo de Sajonia, se ha referido a los efectos del movimiento en la ciudad como unos "daños enormes, económicos y culturales".

"Para nosotros esto es algo doloroso porque da una imagen negativa de Dresde como ciudad", reconoce el alcalde. Hilbert y su equipo se esfuerzan por convencer a los habitantes de la capital sajona de acudir a unas sesiones informativas en las que intercambian opiniones sobre el contexto multicultural que vive Alemania. El país de Angela Merkel es el que más solicitantes de asilo ha acogido desde que estallara la crisis de los refugiados este verano.

La marcha por el primer aniversario de Pegida en octubre.

La marcha por el primer aniversario de Pegida en octubre.

El alcalde de Dresde pone cara de circunstancias cuando explica que no todos los que van a las manifestaciones de Pegida son de su ciudad. "Hasta el 70% de quienes participan en esas reuniones no son de aquí sino de los alrededores o de otras regiones", dice Frank Richter, director de la Agencia Sajona para la Educación Cívica. "Dresde es una ciudad floreciente, con mucho turismo, pero en los alrededores, la gente no participa de este crecimiento".

En este sentido, no es casualidad que Lutz Bachmann, cofundador de Pegida, viva en Kesseldorf, una pequeña localidad de los alrededores de la capital sajona. Bachmann fue quien empezó a convocar protestas contra la islamización de Europa en el otoño de 2014 a través de Facebook. Sin su empeño, Pegida no habría sido posible, según Hans Vorländer, el politólogo de la Universidad Técnica de Dresde.

Dresde y la región de Sajonia son lugares muy conservadores. Desde la desaparición de República Democrática de Alemania, Sajonia siempre estuvo en manos de la conservadora Unión Cristiano Demócrata (CDU).

"Este movimiento siempre ha gozado de la atención de los medios de comunicación  y desde el primer momento generó reacciones muy fuertes en el ámbito político”, dice el politólogo Vorländer. Angela Merkel se refirió a Pegida como gente "con odio en el corazón" en su mensaje de Nochevieja de 2014. "Ralf Jäger, el responsable de Interior de Renania-Westfalia, los tachó de neonazis a todos", recuerda Richter.

Según los expertos, esos comentarios reforzaron al grupo, que llegó a superar las divisiones de principios del año pasado, cuando miembros relevantes de las primeras manifestaciones decidieron marcharse por no estar de acuerdo con la línea adoptada por Bachmann y compañía. Esto hizo perder capacidad de movilización.

Thomas trabaja como taxista y dice tener "cincuenta y muchos años". Al principio iba a las manifestaciones de Pegida. Pero luego la cosa se orientó hacia la dirección equivocada, "demasiado a la derecha". Según Vorländer, "Pegida se ha hecho más radical con el tiempo aliándose con grupos de la nueva ultraderecha como Jurgen Elsasser [el editor de la revista Compact]".

Según Tino Heim, sociólogo y también investigador de la Universidad Técnica de Dresde, "Pegida depende cada vez más de fenómenos externos". Antes de la explosión de la crisis de los refugiados, a las manifestaciones sólo iban unas 3.000 personas. En otoño y coincidiendo con la llegada masiva de demandantes de asilo, la formación llegó a reunir a unas 20.000 personas en el centro de la ciudad.

De acuerdo con los medios de comunicación locales, el lunes pasado y pese al intenso frío, se dieron cita casi 4.000 personas frente a la Iglesia de Nuestra Señora. Al lado de este magnífico templo se encuentra la Escuela Superior de Bellas Artes de la ciudad. Sobre sus rejas hay una cita de Johann Wolfgang von Goethe: "El país que no protege a los extranjeros se hunde pronto". 

Un ejemplar de la revista Compact.

Un ejemplar de la revista Compact.