Lula da Silva y Jair Bolsonaro en un debate televisivo.

Lula da Silva y Jair Bolsonaro en un debate televisivo. Efe

LA TRIBUNA

Brasil puede perder aunque Lula gane

Si Jair Bolsonaro se niega a aceptar el resultado de las elecciones en caso de victoria de Lula da Silva, podría alentar un levantamiento violento en una población cada vez más armada y dividida.

30 octubre, 2022 02:21

Brasil elegirá hoy a su nuevo presidente. La carrera presidencial está muy ajustada entre el titular, Jair Bolsonaro, y el aspirante, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Lula ganó la primera vuelta de las elecciones el pasado 3 de octubre por 5,23 puntos porcentuales y estuvo a menos del 3% de asegurar la victoria en la primera ronda. El hecho de que ningún candidato presidencial que vaya a la zaga en la primera vuelta haya ganado la elección general favorece a Lula. Sin embargo, sus partidarios deben tener en cuenta que, al  mismo tiempo, desde 1998 todos los candidatos titulares han ganado la reelección.

Banderas de Bolsonaro y Lula durante la campaña electoral en Brasil.

Banderas de Bolsonaro y Lula durante la campaña electoral en Brasil. Ueslei Marcelino Reuters

Estas elecciones están marcadas por la polarización y el miedo. Son las más divisivas en la historia de Brasil. La preocupación y la ansiedad sobre el futuro del país no se limitan solo al electorado, sino a los aliados internacionales de Brasil en todo el mundo.

El último debate presidencial, el 15 de octubre, exacerbó estos sentimientos. Lula, como era de esperar, salió fuerte en la primera parte, recriminando a Bolsonaro su gestión de la pandemia, y cómo el presidente alentó bulos sobre la enfermedad y retrasó la adquisición y distribución de vacunas que salvan vidas

Sin embargo, a medida que avanzó el debate, Lula perdió fuerza. No mencionó que Bolsonaro ha desacreditado constantemente el proceso electoral de Brasil, incluido su petición de abolir la Corte Suprema de Brasil. En los últimos momentos, Bolsonaro tomó la iniciativa, aprovechando que Lula le había dejado con siete minutos para hablar libremente sin interrupción.

[Tensión entre Lula y Bolsonaro en su último debate antes de las elecciones de Brasil]

El presidente arrojó sobre su rival acusaciones infundadas de corrupción. Luego eludió las sospechas sobre su propio "presupuesto secreto", un fondo que ha dado a los miembros del Congreso brasileño acceso a más de 44 millones de dólares, en forma de subvenciones públicas anónimas.

Bolsonaro, sin embargo, se centró en desgranar su agenda ultraconservadora. A saber, la protección de la familia heterosexual tradicional, la prohibición del derecho al aborto y el derecho de la población a portar armas. Alardeó también de ser cristiano y acusó a Lula de ser antirreligioso (a pesar de que Lula fue quien creó la ley de libertad religiosa).

"Las encuestas de opinión en la primera ronda encontraron que el apoyo de Bolsonaro era en realidad 10 puntos porcentuales más alto de lo que se pensaba inicialmente"

Todo esto puso de manifiesto que el presidente no solo se dirigía a sus bases, simpatizantes de extrema derecha, evangélicos, mujeres conservadoras y una gran proporción de hombres blancos de clase media a alta. Sino también a bolsonaristas envergonhados [bolsonaristas avergonzados]. O sea, votantes que apoyan al presidente, pero que no se atreven a declarar sus verdaderas intenciones a los encuestadores.

Esta circunscripción de votantes, y su vacilación para comprometerse públicamente a votar por Bolsonaro ha cobrado prominencia después de las encuestas de opinión en la primera ronda, que encontraron que el apoyo de Bolsonaro era en realidad 10 puntos porcentuales más alto de lo que se pensaba inicialmente. El refrito de Bolsonaro de las promesas de campaña de 2018 durante este debate también puede interpretarse como un guiño al grupo de votantes bolsonaristas arrepentidos, que ayudaron a elegirlo entonces, pero que han llegado a desaprobar su mandato.

Gran parte de la inquietud sobre las elecciones brasileñas se centra también en si Bolsonaro aceptará una victoria legítima de Lula este domingo. Cuando salieron los resultados de la primera ronda, Bolsonaro dijo que "nunca ha perdido unas elecciones y eso no va a suceder ahora".

En una entrevista en TV Record el 29 de septiembre, se presentó sin pruebas como una víctima de la Corte Suprema Electoral, pero dijo que respetaría los resultados de las elecciones "si las elecciones son limpias". Queda por ver si respetará el resultado de la votación de hoy.

"Muchos senadores y gobernadores bolsonaristas elegidos el 2 de octubre trabajarán para bloquear la implementación de las promesas electorales de Lula"

Pero, claramente, en su campaña ha sembrado dudas sobre la legitimidad del proceso electoral de Brasil. En el debate presidencial, Bolsonaro concluyó declarando que quiere que Brasil sea "un país libre", entendido como libre de la "ideología de género", las drogas y el aborto. Lula respondió calificando a Bolsonaro de "dictadorzuelo", que se preocupa poco por los 33 millones de brasileños que viven en la pobreza extrema.

Los votantes que quieren echar a Bolsonaro del cargo están convencidos de que continuarán los ataques contra los derechos civiles, los grupos minoritarios, los problemas ambientales y el tejido democrático de Brasil si es reelegido.

Dada su estrategia de promover la división, temen que pueda tomar nota del estilo de Trump e incitar a una insurrección, similar a la que se vivió en el Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021. La inclinación de los bolsonaristas por las noticias falsas y la propagación de la violencia política que se ha extendido por todo el país durante el mandato del presidente significan que no se puede descartar tal escenario.

[Opinión: Si pierde Bolsonaro, es probable un 'asalto al Capitolio' en Brasil]

El hecho de que la posesión de armas en Brasil haya aumentado en tres puntos entre 2019 y 2021, y que los propietarios de armas generalmente se alineen con Bolsonaro y sus ambiciones políticas, implica que las elecciones de este domingo y sus consecuencias inmediatas podrían ser un polvorín para la democracia de Brasil.

Incluso si la votación transcurre sin altercados, y Bolsonaro es derrotado y acepta el resultado, Brasil todavía tendrá un largo camino por recorrer en su rehabilitación.

Por un lado, Lula tendrá que lidiar con un Congreso de signo político opuesto. Por no mencionar a los muchos senadores y gobernadores bolsonaristas que fueron elegidos el 2 de octubre y que trabajarán para bloquear la implementación de sus promesas de proteger el medioambiente, defender los derechos de las minorías, apoyar la educación, fortalecer el sistema de salud pública y hacer crecer la economía.

Puede ser que Lula gane, y que haya una transición pacífica del poder. Sin embargo, el legado y la sombra del bolsonarismo, y la división que ha sembrado en la sociedad brasileña, no desaparecerán de inmediato.

*** Vânia Penha-Lopes es investigadora de la Washington Brazil Office y autora del libro Las elecciones presidenciales de Trump y Bolsonaro, los hombres blancos y la nación.

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