Macarena Olona, Fernando Grande-Marlaska y María Jesús Montero.

Macarena Olona, Fernando Grande-Marlaska y María Jesús Montero.

MERODEOS

Sobre el ocaso de los populismos, Marlaska y la regulación de los 'lobbies'

9 noviembre, 2022 01:48

La vuelta al ruedo de Macarena Olona, que abandonó Vox tras su fracaso electoral en Andalucía, revela hasta qué punto los populismos terminan por descomponerse desde dentro, algo que sabe bien Unidas Podemos. Asimismo, la falta de respuestas del ministro Fernando Grande-Marlaska sobre el drama en la frontera de Melilla en la que murieron decenas de inmigrantes ilegales socava más si cabe su credibilidad. Por último, el paso a sede parlamentaria de una nueva regulación de los lobbies y de las relaciones entre ellos y los políticos es una buena noticia.

Macarena Olona.

Macarena Olona.

La nueva política se devora a sí misma

Macarena Olona sigue coqueteando con sus seguidores y negándose a confirmar si creará un nuevo partido en torno a su figura. Pero sus más recientes declaraciones, en las que ataca a su antiguo partido, insinúa su ilegalización y afirma que fue un error presentarse a las elecciones andaluzas, parecen remar en una sola dirección: la de un futuro choque de trenes entre macarenistas y voxistas por la capitalización del voto a la derecha del PP.

No es casualidad que esa disputa entre Macarena Olona y Vox coincida en el tiempo con la batalla por el control del espacio a la izquierda del PSOE entre Yolanda Díaz y Pablo Iglesias. Es decir, entre Sumar y Unidas Podemos. Porque tanto Vox como el partido morado forman parte de esa nueva política que llegó al Congreso para emprender una revolución que lo cambiara todo y que, si algo ha conseguido, es enturbiar la atmósfera y crispar a los ciudadanos hasta extremos jamás vistos en 40 años de democracia.

Concebidos más como movimientos de masas alrededor de un líder carismático que como partidos políticos convencionales, era cuestión de tiempo que Vox y Podemos cayeran en esa eterna disputa entre ortodoxos e idealistas que suele carcomer a todos los redentorismos con tintes mesiánicos. Es decir, a los populismos.

No es tampoco casualidad que ambas crisis, la de la extrema izquierda y la de la extrema derecha, coincidan con unos sondeos que señalan tendencias a la baja para ambos. Las batallas más encarnizadas suelen darse cuando los partidos políticos están en su tiempo de descuento y los rencores que permanecían en barbecho durante los años de bonanza degeneran en vendettas y ajustes de cuentas largamente larvados.

Si eso es lo que está ocurriendo en Vox y Podemos lo veremos durante los próximos doce meses. Pero lo que parece obvio es que el péndulo del escenario español parece moverse de vuelta hacia territorios quizá no bipartidistas, pero sí menos atomizados que los sufridos durante los últimos años por los españoles. Y no precisamente por méritos del bipartidismo, sino por el furor caníbal de esa nueva política.

Fernando Grande-Marlaska.

Fernando Grande-Marlaska.

La situación insostenible de Marlaska

La posibilidad, ventilada por el PP, de que docenas de inmigrantes ilegales murieran el pasado 24 de junio en el lado español de la valla y fueran arrastrados por agentes marroquíes hasta su lado de la verja de Melilla es lo suficientemente grave como para que el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska hubiera respondido ayer martes las preguntas planteadas en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso.

Pero Marlaska no sólo rechazó todas las preguntas sobre el asunto con la excusa del orden del día (en el que no figuraba el asunto del drama de Melilla) sino que ventiló la polémica con una de esas afirmaciones ambiguas a las que tan aficionados son los políticos que intentan blindar sus responsabilidades con subterfugios retóricos impropios de un alto cargo gubernamental: en nuestro lado de la valla, según el ministro, no tuvo lugar "ningún hecho trágico". 

Durante el asalto a la valla de Melilla, que acabó con 24 muertos y docenas de heridos, agentes españoles dejaron pasar al lado español a gendarmes marroquíes para que se llevaran de vuelta a Marruecos a aproximadamente 400 inmigrantes. Así lo afirmaron representantes de la Guardia Civil a los diputados de la Comisión de Interior, aunque la información ha sido posteriormente negada por Marlaska.

Y de ahí, de esa contradicción entre el ministro y los agentes, las peticiones de dimisión que ayer enarbolaron PP, Vox y ERC, así como la petición por parte de Podemos y de Bildu de una comisión en el Congreso que depure responsabilidades políticas.

Marlaska ha conseguido esquivar hasta ahora, probablemente por razones ajenas a él y más relacionadas con los tacticismos políticos de Pedro Sánchez, todas las polémicas generadas por su Ministerio. Pero su falta de transparencia clama ya al cielo y la pérdida de confianza en un ministro clave en cualquier Gobierno democrático es prácticamente total tanto entre la oposición como entre los socios del PSOE en el Gobierno de coalición y en el Parlamento. España no puede permitirse, a las puertas de un año electoral que va a tensar las instituciones y la convivencia al límite, un socavón de credibilidad y de autoridad como el de Marlaska en el Ministerio del Interior.

María Jesús Montero.

María Jesús Montero.

Transparencia para lobbies y políticos

El Consejo de Ministros aprobó ayer la redacción del anteproyecto de ley que pretende regular las relaciones de los lobbies con los miembros del Estado, desde administrativos hasta ministros. Es muy probable que la iniciativa, en su paso por el Congreso de los Diputados, no salga adelante. Ya existe una iniciativa similar bloqueada por la falta de voluntad parlamentaria. Pero esta sería una mala noticia para el país.

Que quede constancia de las reuniones de los representantes públicos con los grupos de presión debería ser lo ordinario. De hecho, sería normalizar lo que ya ocurre en Bruselas. Esta medida no sólo beneficiaría la transparencia y la publicidad del sistema, al registrar el lugar y la hora en que se producen los encuentros, sino que atacaría las puertas giratorias, al incluir una limitación de dos años para los políticos que quieran cambiar el sector público por el privado en cargos asociados a sus competencias anteriores. 

A estos efectos se sumaría otro deseable. La aplicación de esta ley contribuiría a eliminar el oscurantismo que acompaña a los lobbies (sean patronales y colegios profesionales o sindicatos y oenegés) en el imaginario colectivo. Suprimiría, en fin, la sombra de la sospecha en una y otra dirección. Parece evidente que la iniciativa del Gobierno sólo presenta ventajas para el interés general.

*** El Merodeador es el seudónimo colectivo de la sección de Opinión de EL ESPAÑOL integrada por Cristian Campos, Jorge Raya Pons y Víctor Núñez.

La presidenta de la Comunidad de Madrid este lunes, durante su visita a una empresa en Alcorcón.

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