Terrorismo

Niños 'terroristas' en Europa, ¿cómo es posible?

Los niños 'soldado' ya no son una tragedia de países lejanos y el Estado Islámico los convierte ante nuestros ojos. Eso pretendían, presuntamente, también los imanes detenidos en Ibiza.

Un soldado francés frente a la Catedral de Notre Dame

Un soldado francés frente a la Catedral de Notre Dame Reuters

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“Un nuevo adolescente, el tercero en menos de una semana, ha sido inculpado y puesto bajo custodia este sábado en Francia, [como] sospechoso de querer llevar a cabo un ataque yihadista. Todos parecen estar relacionados con Rachid Kassim, propagandista virulento del Daesh [acrónimo del árabe para Estado Islámico], que ha teleguiado varios ataques en Francia”. Así comenzaba una noticia del diario Le Figaro el pasado 14 de septiembre. El presunto terrorista en cuestión es un chico de 15 años. Ya estaba fichado y le acusaban de “asociación con malhechores terroristas criminales”, la figura gala similar a la de “pertenencia a banda armada” en España.

Otro chaval de la misma edad también había sido detenido en París bajo la sospecha de que pudiera actuar ya mismo en la capital francesa. También estaba fichado con anterioridad. “No es un terrorista (…). No es un niño violento”, clamó su madre en la emisora Europe 1con una voz totalmente calmada. “Me ayuda en las cosas de casa. Es abierto con todo el mundo, inteligente, cortés”. La madre se convirtió al islam hace años y es abierta y tolerante, según personas de su entorno con las que pudo hablar la radio francesa.

Y otro niño más, que precisamente este septiembre cumplía 15 años, fue detenido en ese corto lapso de tiempo. Se había ofrecido para llevar a cabo una “acción terrorista”, según indicaron fuentes cercanas de la investigación a la Agencia France Presse (AFP). En menos de una semana, Francia detuvo a tres adolescentes por sus presuntas vinculaciones con el grupo terrorista autodenominado Estado Islámico (EI) y su disposición a matar.

Pero tampoco acaba aquí el repaso a los últimos casos de sospechosos terroristas menores de edad que han saltado a la luz en las últimas semanas. 16 años tenía un refugiado sirio en Alemania cuando la policía de Colonia le detuvo a finales de septiembre. La revisión de su teléfono móvil demostraba que tenía “contacto con una persona residente en el extranjero relacionada con el Estado Islámico”, según la investigación recogida por el periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Cabe recordar asimismo al joven de 17 años que atacó el pasado julio con un hacha en un tren de camino a Wurzburgo (Baviera) arengado también por Kassim, precisamente. Sin olvidar a los terroristas que poco después de alcanzar la mayoría de edad pasaron a la acción: los dos franceses de 19 años- que degollaron al cura de Saint Etienne du Rouvray (norte de Francia) mientras celebraba misa e hirieron a los feligreses.

Existe algún ejemplo aislado anterior en suelo europeo, pero tantos en tan corto espacio de tiempo no se habían producido antes. En Siria ya se sabía que hay niños a los que el EI instruye para matar, o hay jóvenes que han acudido desde Europa a unirse al grupo terrorista allí. En Europa son adolescentes, en algunos casos ya en edad con responsabilidad penal, pero todos son niños según la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, que defiende a todos los menores de 18 años por igual.

Radicalización en Occidente

Se calcula que hay unos 30.000 terroristas extranjeros en las filas del EI en Siria e Irak y unos 5.000 de ellos proceden de Europa occidental. La mayoría son jóvenes, aunque no menores. Los expertos consultados por EL ESPAÑOL coinciden en que la aparición de adolescentes dispuestos a matar por el EI dentro de Europa es un fenómeno nuevo, aunque no les sorprende particularmente, porque los niños siempre han estado en el punto de mira del reclutamiento de este grupo terrorista.

En suelo europeo, la radicalización se produce en personas jóvenes; en cuántos menores en todo el continente es difícil de cuantificar. En el caso de Francia, para el experto en islamismo y profesor francés Olivier Roy, del Instituto Universitario Europeo de Florencia, no hay duda de que los menores de 18 años conforman un buen porcentaje de las personas listas para atentar en nombre del Estado Islámico. Añade que la experiencia indica que “grosso modo, el perfil de los aprendices de terroristas son los mismos o muy similares desde Dinamarca a Francia, y del Reino Unido a Alemania”.

En España, sin embargo, la media de los hombres radicalizados está en los 30 años, mientras que las mujeres no suelen llegar a los 20 años, explica Carola García-Calvo, investigadora experta en terrorismo islamista en España del Real Instituto Elcano. Siempre hay excepciones, como el de un niña que con 14 años fue condenada en el verano de 2014 a un par de años de internamiento con un programa de rehabilitación. “Fue detenida cuando intentaba cruzar a Marruecos para unirse a otras niñas para llevarlas hasta siria”, recuerda García- Calvo.

Algo más del 5% de todas las mujeres detenidas en España por su presunta relación con el EI eran menores de 15 años, y entre 15-19 años, casi el 37%, según sus datos. Sin embargo, en el caso de los hombres, únicamente hubo un 5% en edades entre los 15 y 19 años. Y es que las niñas interesan a los terroristas como sus supuestas esposas, que en realidad se convierten en esclavas, para procrear las siguientes generaciones de lo que pretenden convertir en un Estado con su visión tergiversada y violenta del islam.

“Cuantos más niños nazcan en el califato, mejor: simplemente los vas a educar así, para que nazcan ya con estas premisas de violencia. En Occidente, los reclutadores han desplegado sus encantos en mujeres menores, niñas muy jovencitas a las que convencen de que se van a casar con un muyahidín (para vivir una vida mejor)”, explica la investigadora.

Rafaello Pantucci, director de Estudios Internacionales de Seguridad en el Instituto Real de Servicios Unidos (RUSI) de Londres, también recuerda que en el pasado ya hubo episodios en los que atentaron jóvenes en Reino Unido, incluidos los atentados de Londres del 7 de julio de 2005, en el que uno de los terroristas tenía 18 años. Que sean menores es otra historia. Únicamente recuerda el caso de una pareja de menores arrestados hace un par de años y reconoce que resultan “preocupantes las cifras que estamos viendo ahora” de menores dispuestos a cometer actos terroristas en Europa.

Permanencia en Europa

¿A qué se debe este incremento ahora en Europa? Por una parte, la propaganda del Estado Islámico estuvo centrada desde el principio en los jóvenes, llamándolos incluso a viajar a Oriente Próximo para experimentar en la vida real el videojuego bélico Call of Duty. “Hay campañas publicitarias destinadas a niños. Han sido tan astutos que han sabido adaptar perfectamente su lenguaje a los jóvenes occidentales y utilizan hasta videojuegos para radicalizar”, lamenta García-Calvo.

Por otra parte, ahora las fronteras con Siria ya no son tan porosas como hace un par de años y si antes le resultaba difícil a un menor pasar desapercibido en las aduanas para llegar hasta los territorios controlados por el EI en ese país o Irak, ahora ya resulta misión imposible.

“Vemos desde hace varios años que cada vez hay más menores fascinados por Daesh [acrónimo del EI proveniente del árabe]. Eso no quiere decir que estén en contacto directo con ellos (necesariamente). Están fascinados por Daesh a partir de internet: miran sus páginas web, escriben mensajes en los que simpatizan con ellos, dicen que quieren partir a Siria”, señala el experto francés. “El Estado Islámico está desarrollando una mejor actividad dirigida a la gente joven. Se copian unos a otros. Antes habitualmente hacía falta tener una conexión (con el grupo terrorista en cuestión), pero ahora es mucho más fácil (con las redes sociales)”, comenta Pantucci.

Aun así, los estudios del Real Instituto Elcano señalan que la captación no sucede únicamente a través de internet en España, sino que el cara a cara y los círculos próximos siguen jugando un papel importante en la radicalización. “Lo que vemos es que las redes sociales son importantes a la hora de captación, de identificar individuos que hacen preguntas con alguna inquietud política, por ejemplo, y a partir de ahí llevarle a espacios más reservados: vídeos y lecturas. El tú a tú y el espacio físico sigue siendo importante (para el EI)”, señala la investigadora.

Este martes la Guardia Civil detuvo en la isla de Ibiza a dos imanes radicales por ensalzar, presuntamente, al EI y pretender radicalizar y captar a los fieles de su mezquita, también a los niños. Igualmente divulgaban propaganda a través de las redes sociales.

Uno de los aspectos que preocupa a los investigadores "ha sido la influencia que ambos individuos tenían sobre los integrantes de la comunidad islámica de la isla, destacando como especialmente grave, el ámbito de los menores que asisten a las clases impartidas por ellos mismos en la mezquita", dijo el Ministerio del Interior en un comunicado.

Los dos hombres, en la treintena, son los únicos acusados y fuentes antiterroristas han recalcado a Efe que se trata de un caso muy puntual frente a la actividad normal de la amplia mayoría de los imanes en España. Sí se trata del último ejemplo del intento de adoctrinamiento y captación de los más vulnerables, no necesariamente ejercido directamente por el Daesh sino por presuntos simpatizantes del grupo terrorista.

Algunos menores, más fácilmente manipulables por su edad, son objetivo de los seguidores del autodenominado 'Estado Islámico', que les proporciona una identidad que no encuentran. Los menores que se radicalizan suelen ser adolescentes nacidos en Europa, pero cuyos padres o abuelos provienen de países de mayoría musulmana. No se sienten identificados ni con el país de origen de su familia ni con el país donde nacieron y el pretendido 'Estado Islámico' les ofrece un “proyecto” de vida, no la pertenencia a una organización terrorista.

Blanca Carazo, responsable de programas de Unicef en España, prefiere no hablar de niños “terroristas” ni entrecomillándolo, porque “ese tipo de terminología de alguna manera culpabiliza o criminaliza a los niños”. Para el organismo de protección de la infancia de Naciones Unidas, el menor “llega a una situación extrema y se ve vinculado en actos de violencia y grupos armados, porque hay una historia detrás en el que no ha tenido acceso a la educación (o) ha sido víctima de una manipulación”.

Para Roy, estos menores “no buscan cometer un atentado que sea militarmente útil, sino que buscan convertirse en una especie de héroes”, ser famosos y ver sus fotos en los periódicos. Por eso comulga totalmente con la decisión de varios medios galos de no seguir publicando fotos de los terroristas. “Estoy súper de acuerdo”, enfatiza.

Cómo prevenir la creación de menores “terroristas”

Para Roy el problema es el marco legal y la gestión de los sospechosos. “Normalmente se puede localizar fácilmente (a los menores “terroristas”); no son tan prudentes como los mayores de 20 años. Se les puede detener [por compartir mensajes] del Daesh en Facebook y meterles tres semanas en prisión, por ejemplo, ¿pero después qué? ¿Se va a disuadir así a alguien? Se pueden radicalizar aún más. El problema no es la localización, sino la gestión de esta categoría de personas”.

El analista francés propone compensar el interés de los adolescentes por el grupo terrorista ofreciéndoles una alternativa con la que se sientan identificados. En Francia se está haciendo todo lo contrario en este sentido, en su opinión: “Es la laicidad pura y dura: eso no les interesa. Yo digo que en lugar de ir a la caza de los signos religiosos en los espacios públicos, es necesario -al contrario- dejar que las figuras positivas emerjan en el espacio público. Por lo tanto en lugar de hacer una caza contra las mujeres que portan el velo, hay que dejar hablar y mostrarse a estas mujeres, que podrían jugar un papel un poco maternal con estos chicos”.

Ya hay programas de desradicalización en marcha en países como Francia. Roy considera que no son efectivos para adultos, pero sí cree que “hay que intentarlo” con adolescentes en edades de 14-15 años.

Pantucci valora que en Francia las autoridades estén frustrando muchos planes para atentar, pero cree que “no hemos entendido la naturaleza de las redes sociales ni cómo funcionan las aplicaciones de comunicación” tipo Telegram, un servicio cifrado de mensajería instantánea similar al Whatsapp muy usado por el EI, “ni la forma en que la gente desarrolla relaciones a través de estos medios”. Cree que es “crucial” comprender esto y trabajar en la educación de un pensamiento crítico con los chavales. En Reino Unido hay algunos cursos en marcha en este sentido para adolescentes a partir de los 16 años, indica.

La investigadora española coincide en que “todavía tenemos que conocer más sobre el rol de internet; es verdad que se llega a más perfiles y hace que los tiempos de radicalización hayan caído: lo que antes era cuestión de 4 años y medio, ahora vemos cómo ocurre en semanas o meses”.

Desde Unicef, Blanca Carazo reconoce que no tienen “programas directos de prevención de este tipo de situaciones en Europa ahora mismo”, pero reconoce que la “situación es muy cambiante y hay riesgos nuevos para los niños; podríamos valorarlo”. Sí tienen proyectos en los que ofrecer un entorno saludable a estos menores en riesgo de radicalización en el Norte de África y Oriente Medio. En esa región se duplicó la presencia de niños en grupos armados entre 2014 y 2015. Allí el número total de niños reclutados verificado por Unicef es de 1.168 en 2015, comparado con 576 el año anterior. Sobre el fenómeno en Europa no dispone de datos.

Para Carola García-Calvo resulta “importantísimo” crear una “narrativa alternativa” a la propaganda del EI: “ofrecer un proyecto, ilusionar a jóvenes con otras opciones otras ventanas de oportunidad para canalizar su ansia de identidad”. Pide que en esta asignatura pendiente que repiten los expertos en terrorismo de todo el mundo desde hace tiempo también se involucre la sociedad civil con un papel activo.

“Los reclutados son jóvenes y cada vez lo son más. Ahora el proyecto que ofrece el EI es muy atractivo, porque canaliza una contestación al sistema hegemónico y también a la crisis del proyecto europeo, que ahora mismo no está ofreciendo a la juventud algo ilusionante en valores y futuro. Los países europeos no han sido capaces de evitar hacerles sentirse alguien de segunda en el país en el que han nacido”, sentencia.