Consulta popular

Venezuela prepara la cuenta atrás para revocar a Maduro harta del hambre

EL ESPAÑOL pulsa la opinión de venezolanos de a pie para conocer sus motivaciones contra su presidente. 

Dos militantes de la oposición venezolana se inscriben de cara a la recolección de firmas.

Dos militantes de la oposición venezolana se inscriben de cara a la recolección de firmas. Reuters

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Faltan menos de dos semanas para la oportunidad clave de la oposición venezolana en su lucha por la convocatoria de un referéndum que podría retirar del poder al presidente, Nicolás Maduro. La coalición de partidos opositores unificados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha explicado esta semana a los ciudadanos cómo ejercer su voto entre los días 26, 27 y 28 de octubre. Esos días necesitan recolectar por lo menos 3.893.129 (20% del total de electores inscritos en el ente supremo electoral del país) para conseguir que se celebre el plebiscito, aunque el Consejo Electoral ha estimado una fecha para la consulta popular sobre Maduro que salvaría el chavismo.

La última encuesta de la firma Venebarómetro, correspondiente al mes de septiembre, indica que el 86,7% de los electores está dispuesto a votar contra Nicolás Maduro para que sea revocado, y que el 76,4% de los venezolanos evalúan como negativa la gestión del sucesor de Hugo Chávez. EL ESPAÑOL ha pulsado la opinión de los caraqueños opositores para conocer sus motivaciones.

“Se va por incompetente”

Conseguir un revocatorio presidencial mediante un referéndum, como establece el artículo 72 de la Constitución venezolana, va más allá de que Nicolás Maduro deje su cargo. “Al sacarlo a él, se tienen que ir todos. Necesitamos que cambie todo el Gobierno”, dice Maritza Miranda.

El apoyo a Maduro se ubica actualmente en un reducido 22% y los motivos para ese desprestigio abundan. “No lo queremos porque no sirve como presidente, porque no tiene ningún grado de instrucción para ese cargo, porque le regala dinero a otros países y nosotros aquí estamos pasando trabajo [penurias]”, opina Adela Ramírez. Ella vive de su jubilación, que no le alcanza para vivir. Se mantiene gracias a un hijo que vive en el extranjero y envía comida y dinero a sus padres. “Gracias a Dios”, completa.

Por haber realizado una mala gestión, para acabar con la corrupción y con la crisis profunda, para que en el país ocurra un vuelco total, incluso para “salir de los sinvergüenzas y de esa gente del Gobierno que no tienen corazón”, reclaman el revocatorio los opositores de base.

La necesidad de cambio es una constante en el sentir de estos ciudadanos venezolanos, y que ese cambio sea democrático es lo que más recalcan. Adriana Calzadilla, de 47 años, lo dice desde lo más profundo de su hartazgo: “Tenemos que retomar la dignidad de este país, la decencia. No puede ser que el pueblo tenga necesidades y que este Gobierno no responda, y sólo quiera mantener a una mafia en el poder”.

Ha perdido su etapa más productiva con este Gobierno, ha enterrado a seres queridos, despedido a familiares y perdido sueños, comenta con la voz quebrada: “Eso no se devuelve, esto tiene que cambiar. Y si viene un gobierno democrático y lo hace mal, lo sacamos también”.

Angustia y preocupación

“Mi vida se resume en comer una o dos veces al día. Yo no desayuno, almuerzo en la calle un pan y un jugo, y ceno algo en la casa. Así está Venezuela”, comenta Julio García. El hombre de 55 años vende unos brazaletes con la inscripción de “Yo Revoco”.

No tiene empleo fijo, vive en una zona popular y con esas ventas informales ayuda en su casa, donde vive con su esposa. “Es triste y doloroso lo que han hecho con este país”.

Angustia y preocupación es lo que resume el sentir de los consultados. Angustia por no saber qué comer, o si el dinero que tienen les alcanzará para satisfacer una necesidad básica. Preocupación por conseguir la medicina que le mandó el médico, por la inseguridad, por el futuro.

Yo caminaba de mi casa a la escuela, desayunaba en mi casa y al llegar a mi escuela desayunaba otra vez. Ahora eso no pasa

“Tengo dos hijos, uno de 13 y otro de 7 años, y la Venezuela que yo viví no es ni la sombra de lo que es esto hoy. Yo caminaba de mi casa a la escuela, desayunaba en mi casa y al llegar a mi escuela desayunaba otra vez. Ahora eso no pasa, hay una desnutrición con unas consecuencias que vamos a ver en décadas”, comenta Eduardo Noguera.

Las frases con las que resumen su vida estos venezolanos coinciden en lo sombrío. “Encerrada en mi casa y haciendo cola para ver qué consigo para comer”, así se pasa el día Yaneth Hurtado. Miedo y tristeza son los sentimientos que la acompañan en esos dos momentos.

“Mi vida es una calamidad”, sintetiza Manuel Figueroa. Es inevitable recordar que hasta hace cinco años podía comer lo que quisiera y elegir, en cualquier tienda de víveres o supermercado, el alimento que más se ajustar a su ingreso. Ahora no.

La escasez de alimentos supera el 80%, según datos de la encuestadora Datanálisis, y frente a eso, y como respuesta a la “guerra económica” que el Gobierno venezolano alega como causa de la ausencia de comida, fueron creados los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que reparten una bolsa de alimentos a las familias más necesitadas, y que en palabras de su coordinador nacional, Feddy Bernal, fueron creados para atender a 20% de la población.

El problema es que incluso a ese 20% de los venezolanos no se les garantizan los alimentos, pues la bolsa no llega con la misma regularidad a todos los sectores populares. La promesa oficial era la entrega, cada 45 días, de la bolsa, una por familia, pero el contenido no alcanza para comer durante ese mes y medio ni tampoco se ajusta a la cantidad de miembros ni a sus requerimientos. No hay una bolsa CLAP universal (no todas incluyen lo mismo) ni un precio único (la bolsa se vende, no se regala); aunque contiene alimentos subsidiados, puede tener un kilo de pollo, un kilo de arroz, un kilo de azúcar y un kilo de harina de maíz precocida, pero en otras zonas puede llegar sin pollo, con dos kilos de arroz, dos kilos de harina de maíz precocida, un litro de aceite y una salsa de tomate o mayonesa. Todo depende de la disponibilidad de alimentos y del consejo comunal (organización vecinal afín con la revolución bolivariana) que lo administre.

Quienes no son favorecidos por los CLAP, el otro 80% de la población, siguen sufriendo por la escasez de alimentos, que se explica además por la disminución de las importaciones. La Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) ha informado que el Estado pasó de invertir 11.000 millones de dólares en importación de alimentos en 2012, a 6.000 millones en 2015.

Para 2016, según las estimaciones del ente, la inversión no pasará de 4.500 millones de dólares. La caída del precio del barril del petróleo es una de las causas que explica el descenso, y así lo ha informado el presidente Maduro, pero también la merma en los ingresos petroleros ha evidenciado cuán dependiente llegó a ser Venezuela y cuán disminuida está la producción agroalimentaria nacional. 

Después de escuchar la pregunta de cómo es su vida, a Andrés Martínez se le aguan los ojos. Reside en Catia, una de las zonas populares más grandes de la capital. “Mi vida es hoy un 40% de lo que era antes. Es dura, es difícil. Tengo 17 años con una rabia que no la aguanto, por eso hay que hacer el revocatorio, saliendo de esto este país se acomoda, si no, la crisis será más profunda".

Volver a la prosperidad

En 17 años de la era chavista, Venezuela ha retrocedido 30 o 40 años, considera Guillermo Soler. “Dimos un salto hacia atrás. Recuperar a este país va a costar”. La crisis se agudiza cada día y la posibilidad de cambio, sin revocatorio, no luce cerca.

En los últimos años de la era chavista ha ocurrido un retroceso en las condiciones del país, que se evidencia en el acceso a los medicamentos (la Federación Farmacéutica de Venezuela asegura que la escasez se fármacos se ubica en 85% actualmente) y en el acceso a los alimentos.

La Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) ha informado que la caída de la producción nacional de alimentos para septiembre de este año se ubicaba en 55% en el caso del arroz, 70% en el caso del maíz y 75% en el caso del café (el país llegó a alcanzar 200 años de tradición exportadora de café). Hace 10 años Venezuela comenzó a depender de las importaciones en el sector agroalimentario y no tuvo mayores problemas para satisfacer el consumo de la población porque las financiaba con la renta petrolera.

Esta semana los venezolanos supieron que Nicolás Maduro no presentará el plan de presupuesto nacional de 2017 a la Asamblea Nacional, como establece la Constitución, sino al Tribunal Supremo de Justicia. “Eso es un golpe de Estado, por eso tenemos que salir de esta gente, pero democráticamente”, acota Andrés Machado.

Sueño con esa Venezuela donde uno iba al supermercado y compraba lo que le daba la gana

Aun así, hay una esperanza que no fallece. La Venezuela con la que sueñan los ciudadanos es una donde puedan satisfacer sus necesidades básicas: salud y alimentación. Donde exista seguridad y prosperidad. “Con esa Venezuela donde uno iba al supermercado y compraba lo que le daba la gana, donde ibas a la ferretería y encontrabas cemento”, sueña Machado. Soler le complementa: “Donde puedas tener todo porque tu trabajo te lo permite, no porque te lo regalen”.

Marco Vilera, joven universitario, no sueña con un país imposible, sino con aquel donde por el simple hecho de trabajar pueda independizarse y tener una familia estable, con satisfacciones personales. Ha pensado en emigrar, dice, “pero aquí estamos luchando”.

Regresar a la llamada “cuarta república”, de la que tanto reniega el chavismo, también seasoma entre las añoranzas de los venezolanos. Antes de Chávez vivía en una democracia que ofrecía alternancia en el poder. “Por lo menos antes el obrero vivía mejor”, opina Manuel Figueroa.

También en esa Venezuela previa al socialismo de Chávez y Maduro, no había resentimiento, división política ni odio, opina Yaneth Hurtado. Desea volver a una etapa así, porque la que vive ahora es para ella muy triste. “¿Qué país tendrán mis nietos?”, se pregunta mientras se seca las lágrimas, sentada en un banco en la plaza Bolívar de Chacao.