FARC

Una francesa en las FARC: “Pediremos perdón si hay que pedirlo”

La versión hispana de RFI (Radio France International) emite una entrevista a Nathalie Mistral, una ciudadana francesa alistada en las FARC hace 14 años.

Líderes de las FARC observan un desfile en San Vicente del Caguan.

Líderes de las FARC observan un desfile en San Vicente del Caguan. Reuters

“Creo que la firma puede producirse más pronto de lo que tenía en mente”. Estas palabras utilizaba este domingo en el diario colombiano El Espectador Timochenko, jefe de las FARC, haciendo referencia al acuerdo histórico sobre el cese del fuego definitivo entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla, anunciado en La Habana el pasado 23 de junio.

UNA FRANCESA EN LAS FARC

Un día después de estas declaraciones, el programa "París-América" de Radio France International ha hecho públicos los primeros extractos de una entrevista a Nathalie Mistral, una ciudadana francesa de 42 años alistada en el Frente 57 de las FARC, activo en Chocó, al noroeste de Colombia. Sus declaraciones fueron recogidas por Line Hermann, una periodista danesa a la que esta mujer originaria de Montpellier (sur de Francia), cuenta los motivos que la llevaron a abandonar su vida en el Hexágono para unirse a la guerrilla.

“Yo trabajaba con personas en situación difícil, gente que vivía en la calle”, asegura. “En Francia era sindicalista, militante comunista. Me hice muchas preguntas sobre el sistema francés, que vive gracias al despojo de otros países”, continúa. “Yo quise posicionarme como el ‘policía bueno’ y me pregunté en qué parte del mundo había condiciones para hacer una revolución”, explica a la periodista.

“América Latina me interesaba”, continúa la combatiente. “Al principio fui a México, con los zapatistas de Chiapas”. De esto hace ya 14 años. “Leí libros del subcomandante Marcos, pero no encontré una respuesta concreta”, continúa la francesa, que es la segunda ciudadana europea en alistarse en las Farc, junto a la holandesa Tabja Nijmeier. Esta última, más conocida bajo el nombre de Alexandra Narino, forma hoy parte de la delegación de las Farc encargada desde hace tres años y medio de la negociación de paz en La Habana.

El cese del fuego definitivo pondría fin a un conflicto armado de 52 años que dejaría tras de sí 260.000 muertos, 6,7 millones de desplazados y más de 45.000 desaparecidos.

HIJA DE UN FRANCÉS PACIFISTA

Nathalie Mistral cuenta que su caso es excepcional, puesto que los combatientes de la guerrilla suelen cortar el contacto con sus familias, a las que abandonan sin más dilación. “Yo sin embargo tengo todavía mis dos padres, hermanos, hermanas, allí, en Francia. Todo normal”, explica. “Ellos sabían lo que yo venía buscando, y siempre he tenido esa confianza. Sabían lo que yo pensaba, lo que anhelaba”, continúa, precisando que aunque “no lo entendieron mucho”, terminaron por respetar su decisión.

“Me decían: ¿No es un poco extremo? ¿No querías meterte en una ONG? Pero al final lo entendieron y sigo manteniendo contacto con ellos por mail”, cuenta. “Nunca sentí que hubiera un conflicto con eso”.

El padre de Nathalie fue el más reticente a la idea del combate. “Le costó un poco más porque fue un manifestante de mayo del 68 y no entendía por qué eran necesarias las armas en mi lucha. Le expliqué que la de Colombia era una guerra muy particular”.

Cuando, durante el encuentro con la periodista ésta aborda la cuestión de nacionalidad de la combatiente, Mistral responde: “A mí me trajo aquí un sentimiento internacionalista. Soy ciudadana del mundo. Lo que le pasa a alguien en la otra parte del mundo, me toca a mí también”. Y subraya: “Para mí la de Colombia no es únicamente una lucha local. Transformar Colombia es un primer paso para transformar los pueblos, para devolver las tierras a los verdaderos dueños de esas riquezas”.

“PEDIREMOS PERDÓN SI HAY QUE PEDIRLO”

Interrogada por la periodista danesa sobre la etapa posconflicto, Nathalie Mistral no elude responsabilidades y aborda la conciliación con las víctimas de la guerrilla. “Esto puede ser algo muy complejo porque sí, hay víctimas de las Farc”, afirma, antes de añadir que la reconciliación del pueblo colombiano no ha llegado con el simple acuerdo de paz firmado en La Habana. “Será un largo camino”, continúa.

“Nosotros también somos víctimas del Estado, de los paramilitares… Tendremos que perdonarnos los unos a los otros”, lanza. “Vamos a hacer lo posible para reconocer nuestros errores”, explica la francesa. “Pedir perdón si hay que pedirlo y reparar [el daño] cuando pueda repararse”. Mistral hace incluso alusión a su vida después del conflicto, una cuestión que preocupa a los guerrilleros internacionales. Asegura no conocer otros casos de ciudadanos europeos dentro de las Farc, aunque confirma la presencia en las selvas de Colombia de varios combatientes de otros países de América Latina, como Venezuela, Brasil, Chile, Panamá o Ecuador.

Nathalie Mistral, que abandonó años atrás su trabajo como asistente social en Francia para reunirse con los guerrilleros, confirma su intención de quedarse en tierra colombiana durante los primeros “dos o tres años” tras el cese del fuego y justifica que en Choco, la región donde se encuentra, habrá mucho por hacer para construir territorialmente la paz. “Me veo participando, planificando y ayudando como pueda a la construcción de territorios de paz”, dice aludiendo a “centros sanitarios, territorios de paso…” y añadiendo que tras esta primera etapa, irá “donde nos lleve la vida”.

SER MADRE GUERRILLERA

Las combatientes de las Farc deberán además enfrentarse a otro dilema, para el que Nathalie Mistral asegura que sus miembros se están organizando de cara a esta nueva etapa: la maternidad. La francesa explica durante esta entrevista que las condiciones para dar a luz y educar a sus hijos durante el conflicto llevó a muchas de las combatientes a aceptar el aborto forzoso. Tal fue el caso, dice, durante el mandato del expresidente Álvaro Uribe, en el que se vivió una intensificación del conflicto.

“En una guerra como ésta, en una situación de guerrillas móviles, no se pueden tener hijos”, afirma. En cambio, en condiciones de menor actividad por parte de la guerrilla, las mujeres combatientes han tenido, según cuenta Mistral, la oportunidad de elegir entre dar a luz o abortar. En estos periodos, otra posibilidad ha estado siempre sobre la mesa: la de confiar sus recién nacidos a amigos y familiares cuyos paraderos son hoy una auténtica incógnita.

“Estamos haciendo un trabajo de recolección de datos para que [estas madres] puedan ponerse a buscar a sus hijos”, asegura.