Elecciones EE.UU. 2016

Las matemáticas lo dicen: la pelea será Trump contra Clinton

Sus adversarios necesitarían una remontada de gigante para arrebatarles las candidaturas.

Clinton y Trump avanzan seguros a la candidatura de sus partidos.

Clinton y Trump avanzan seguros a la candidatura de sus partidos.

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El “Supermartes III” ha sido decisivo. La carrera por la Casa Blanca ha quedado mucho más clara, y se ha cerrado en dos figuras: Donald Trump, quien ha quedado más que encaminado para capturar la nominación presidencial de los republicanos, y Hillary Clinton, quien ya lo ha hecho en el lado demócrata, aunque los números todavía no lo hayan confirmado.

Si Trump mantiene el mismo nivel de respaldo que ha logrado hasta el momento en las elecciones primarias -sin prisa, pero sin pausa-, obtendrá los 1237 delegados necesarios para ser el candidato presidencial del Partido Republicano, un escenario impensable hace tan solo unos meses, y, para muchos, aún inaudito.

El senador ultraconservador de Texas, Ted Cruz, su rival directo, debería conseguir un porcentaje de votos superior al 57% en las primarias que restan para llegar a la convención partidaria de Cleveland con todos los delegados necesarios para convertirse en el nominado. Desde ya, ese nivel de respaldo a Cruz sólo es plausible en un universo paralelo.

El rival directo de Donald Trump, Ted Cruz, necesitaría conseguir el 57% en lo que resta de primarias republicanas

Para el último bastión del establishment, el gobernador de Ohio, John Kasich, la posibilidad de conseguir todos los delegados es nula.

Por todo esto, el triunfo de Trump en Florida ha sido decisivo, y ha contado como una doble victoria. No sólo cosechó 99 delegados, el premio mayor del “Supermartes III”, sino que también ha forzado la salida del senador de Florida, Marco Rubio, un giro que ha allanado su camino a la nominación.

Ni Cruz ni Kasich han mostrado intenciones de dejar la carrera por el momento, pese a sus escasas posibilidades. La razón es que aún pueden intentar impedir a Trump llegar a los 1237 delegados, y forzar así una “convención dividida” en la cual consigan, con el respaldo del establishment, relegar a Trump en sucesivas votaciones de delegados.

La carrera del Partido Demócrata ya está terminada. Como las primarias demócratas se rigen por un sistema de reparto proporcional proporcional de delegados, en el cual los delegados se reparten de acuerdo a la cantidad de votos para cada candidato, Hillary Clinton podría incluso hasta darse el lujo de perder las elecciones siguientes por un margen de hasta un 10% respecto del senador socialista, Bernie Sanders, y aún así capturar la nominación.

Bernie Sanders debería obtener el 60% de los votos en las primarias restantes para batir a Hillary Clinton

Sanders debería obtener el 60% de los votos en las primarias restantes para ser nominado, un escenario muy, muy distante, sólo plausible si Hillary Clinton se viera envuelta en un escándalo mayúsculo sin salida.

Las matemáticas son contundentes: como están las cosas hoy, la Casa Blanca se definirá en un duelo entre Hillary Clinton y Donald Trump.

¿Quién se impondría en esa contienda?

Vale la pena recordar que se trata de los candidatos con mayor imagen negativa en la carrera: la mayoría de los estadounidenses los ven con malos ojos, un contexto que deja abierta la posibilidad de que la campaña general por la presidencia se convierta en una de las contiendas más negativas, duras y ácidas de la historia.

Clinton aparece al frente en todas las encuestas que miden una contienda imaginaria entre ambos. Según el promedio de encuestas del sitio RealClearPolitics, Clinton aventaja a Trump por 47,3% contra un 41%.

Pero aún resta un largo camino hasta noviembre, y, además, en Estados Unidos la clave está en la definición del Colegio Electoral que elige al presidente. Para capturar la presidencia, se necesitan 270 votos. Por la composición del electorado, los demócratas cuentan con una ventaja: arrancan con 217 votos, contra 191 de los republicanos.

La pelea electoral gira en torno a 130 votos de los llamados estados “en disputa” o “púrpuras”, pues no son ni azules (demócratas), ni rojos (republicanos). Estos estados, tradicionalmente, han sido Florida, Ohio, Nevada, Colorado, Iowa, Wisconsin, Pensilvania, New Hampshire, Virginia, Carolina del Norte.

Clinton tiene ventaja en estados como Colorado, Nevada, Virginia o Carolina del Norte, donde el voto latino, que históricamente favorece a los demócratas, tiene una influencia que puede ser determinante. Pero Trump, con su discurso populista y proteccionista, de buena llegada en los estados industriales donde se han perdido trabajos por el éxodo de compañías, puede llegar a plantear un desafío real en Wisconsin, Ohio y Pensilvania.

La pelea por esos estados comenzará pronto a acaparar la campaña.