Elecciones presidenciales en Argentina

Choque de presidenciables en Argentina con final amoroso

Antaño compañeros de correrías, Daniel Scioli y Mauricio Macri se han enfrentado con escasa oratoria natural y demasiado de ensayo.

Mauricio Macri besa a su esposa al final del debate bajo la mirada de Daniel Scioli.

Mauricio Macri besa a su esposa al final del debate bajo la mirada de Daniel Scioli. Reuters

En los años 80 Daniel Scioli y Mauricio Macri, hijos de empresarios acaudalados y forofos del fútbol, eran amiguetes y corrían juergas juntos en la noche de Buenos Aires. Pero el destino los enfrentó políticamente y anoche se trenzaron en un debate público de presidenciables en Argentina, con escasa oratoria natural y demasiado de ensayo.

“¿Daniel, en qué te han transformado?, decís las mismas mentiras que escuchamos desde hace años del gobierno kirchnerista”, atacó, filoso y de entrada, Macri, candidato del frente opositor Cambiemos, a su ex colega y adversario del kirchnerista Frente para la Victoria (FpV).

La reacción del aspirante a continuar la tarea de los Kirchner en la Casa Rosada consistió en desmarcarse y tomar distancia del apellido que manda hace 12 años en Argentina: “Esta noche (Usted) vino a debatir conmigo, no con un gobierno que termina su mandato el 10 de diciembre”.

Scioli contraatacó agitando el fantasma de que el “neoliberal” Macri obligará a apretarse el cinturón. “Bajo el engaño del nombre Cambiemos –disparó- viene una devaluación del peso y un ajuste económico. Una de dos, nos domina de vuelta el FMI o sostenemos el orgullo y la autoestima de Argentina”.

Consciente de que el bolsillo preocupa al electorado, Macri ha desmentido que planee recortar los subsidios sociales. “Yo no hablé nunca de ajustar”, dijo. Pero no ha negado que unificaría el mercado de cambios de divisas y devaluaría el peso, una medida monetaria que empeoraría la ya rampante inflación.

El duelo ha sido toda una novedad en Argentina, que a diferencia de Brasil y Chile hasta ahora no montaba debates de presidenciables. Por eso, el nivel de encendido de TVs tuvo picos de rating de hasta 53 puntos, sólo dos puntos menos que la final Argentina-Alemania del Mundial de Fútbol 2014.

Tuvo lugar en el aula magna de la facultad de Derecho de la universidad pública de Buenos Aires y se dividió en cuatro capítulos: desarrollo económico y humano, educación e infancia, seguridad y derechos humanos, y fortalecimiento democrático.

En total ha sido una hora y quince minutos de exposiciones, controladas por tres moderadores. “Los candidatos pidieron que no fuera excesivamente largo”, explicó Alejandro Borensztein, productor general del evento, organizado por la ong Argentina Debate.

Un Macri relajado frente a un Scioli tenso

Cada presidenciable habló durante turnos de dos minutos y a continuación  respondió las preguntas y repreguntas de su oponente. “Ahora entiendo a los periodistas, es frustrante, Daniel no contesta a las preguntas que le hago”, acicateó Macri.

El candidato de la oposición lució suelto y por momentos sonriente. Se le notó cómodo tomando la iniciativa y siempre habló tuteando a “Daniel”. El presidenciable kirchnerista, en cambio, se mostró rígido y con gesto amargado. Llamó a su retador por el apellido y, a veces, “Usted”.

Detrás de cada polemista hubo sendos ‘coachings’ a cada lado. Scioli ha fichado a un asesor particular: el español Yago de Mata. Este especialista en marketing político vive en México y ha entrenado a cientos de políticos en España, Miami y los países de Latinoamérica.

Por su parte Macri continúa con el asesor que lo acompaña desde que se zambulló a la política a principios de la década pasada, el ecuatoriano Jaime Durán Barba. El experto trabajó con el empresario Alvaro Noboa, ex presidenciable en Ecuador, y otros políticos iberoamericanos.

Scioli consiguió hacer tambalear a Macri cuando ironizó “si no podes resolver el problema de los ‘trapitos’ (mafia que controla aparcamientos) en la ciudad de Buenos Aires ¿pensás que la gente te va a creer que podés combatir el narcotráfico?".

Y el opositor recuperó la iniciativa desafiando al oficialista a tomar una posición pública de defensa de los derechos humanos de los opositores en Venezuela. También le preguntó sobre la relación del gobierno de los Kirchner con Irán. No hubo respuestas del oficialista. “¿Vamos a estar con los países que defienden la democracia?” machacó Macri.

El presidenciable de Cristina Kirchner ha concurrido medio forzado a este debate. En la primera se vuelta, el 4 de octubre pasado, se permitió no participar en la cita ante las cámaras de televisión polemizando contra Macri y los otros cuatro presidenciables –ya descartados en la primera vuelta- porque las encuestas de opinión le favorecían.

Pero a la hora de la verdad en las urnas, el 25 de octubre, cosechó sólo tres puntos de ventaja sobre el candidato opositor: 37, 08% contra 34,15%. Por eso de cara  al balotaje ha debido bajar al ruedo mediático y dar batalla cara a cara, luego de una prolongadísima campaña de tres meses.

Ambos afrontan ahora como meta la conquista de los 5,3 millones de votos (21,39%) del presidenciable con oportunidades que quedó fuera de juego, Sergio Massa. Este peronista no kirchnerista se ha convertido en árbitro de las presidenciales y adelantó que “no quiero que gane Scioli”, pero no confesó su apoyo a Macri.

Aunque en primera vuelta las encuestas fallaron de la A a la Z pues ninguna siquiera vislumbró la marcha atrás de Scioli, al compás de la retirada del gobierno de Cristina Kirchner, y la remontada de Macri, igual los medios de comunicación difunden estos dias acríticamente esos pronósticos.

Esta vez todos los sondeos vaticinan a Macri como el favorito, por ventajas que oscilan de seis a 12 puntos. Y auguran que Scioli necesitará un empujón muy fuerte para acortar las distancias. Anoche, algunas apuestas y apps en Twitter proclamaron vencedor del debate al opositor.

Lo más vistoso de una catarata de palabras ensayadas ocurrió al caer el telón. Juliana Awada subió al escenario y le estampó un beso de película en la boca a su marido, Macri. Scioli quedó descolocado y medio perdido, tanto fue así que dudó y besó primero a Awada en la mejilla y después a su propia mujer, Karina Rabolini, que le esperaba sin saber qué hacer.