Margarita juega con varios vecinos del pueblo.

Margarita juega con varios vecinos del pueblo. Change.org

Le queda una semana de vida

La vaca Margarita, en el corredor de la muerte: 120.000 firmas para evitar su sacrificio

La Generalitat, dispuesta a eliminarla como "ganado no identificado", pese a que fue criada como mascota.

Daniel Ramírez

La vaca Margarita es un cuento cuando se pone el sol, dos amigas que se juntan para peinarla, bañarla y acariciarle el lomo. También la ilusión de los niños del pueblo, que le llevan temerosos la hierba a la boca y se ríen cuando se dan cuenta de que conservan los cinco dedos. Luego quieren intentarlo otra vez. "La dulce Margarita" es el relato de un huerto en la zona de Tortosa (Tarragona), la rebelión de un pueblo que une fuerzas contra la ley que ha situado su mascota en el corredor de la muerte. Más de 120.000 firmas exigen larga vida a Margarita a través de la plataforma Change.org.

Margarita debe morir en una semana. Así lo dicta la Generalitat en base a una normativa europea que reza: "El ganado no identificado debe ser sacrificado". Casi como un refrán, un dicho que sulfura a los amigos de quienes la apodan "dulce Margarita". "¡Pero es que no es ganado!", explica Elena, de El Hogar ProVegan, que trabaja en el recurso legal que podría salvar a la vaca.

Ella es la vaca Margarita.

Ella es la vaca Margarita. Change

Margarita va a cumplir cuatro años. Poco después de nacer, su propietario la regaló a un amigo, precisamente para evitar su sacrificio. "Es hija de una ternera de lidia, las suelen matar para que no mamen, lo que impediría engordar a su madres y alcanzar el peso perfecto".

Sin transacción económica alguna, Margarita acabó en esta finca de Tortosa. Creció como un perro, como un gato, no ha conocido animales de su especie, sino niños, muchos niños, los que hacen cola para acariciarla. "Por eso la ley no se sostiene en este caso, no se puede tratar a Margarita como si fuera ganado porque no lo es. No se vende su leche, su propietario nunca se ha lucrado con ella".

Una denuncia, el origen del problema

Entonces, ¿por qué debe sacrificarse a Margarita? Su actual dueño, "por desconocimiento", cometió un error: no la inscribió en un registro, tal y como marca la normativa. De ahí lo de "el ganado no identificado debe ser sacrificado" y su pena de muerte, prevista para dentro de siete días. La denuncia de una vecina ha puesto a las autoridades sobre aviso y, considerándola ganado, han ordenado el fin.

"Al dueño le pusieron una multa y le dijeron que si aceptaba su sacrificio, el importe se quedaría en 600 euros. Se agobió y aceptó. Una vecina le informó de nuestra existencia y ha querido cedernos el animal. Nosotros ya trabajamos en el recurso", relata esta responsable de El Hogar ProVegan, un santuario en el monte que acoge animales de este y otros perfiles.

Una chica juega con Margarita.

Una chica juega con Margarita. Change

El dueño de Margarita prefiere guardar el anonimato. "Está muy triste, claro, y además tiene miedo". La avalancha de firmas y apoyo a la vaca tras conocerse su prevista ejecución ha movilizado a quienes le dan de comer y juegan con ella día tras día.

En palabras de Elena, esta normativa de ejecutar todo ganado no identificado fue fruto de la epidemia de las vacas locas. El Hogar ProVegan se puso en contacto con la Generalitat de Cataluña, que aplica esta ley de carácter europeo, para evitar el sacrificio de Margarita. "Nos dijeron que no es cosa suya, que es de los de arriba. Les dijimos que entonces hablaríamos con los de arriba. Ahora estamos con el recurso".

El precedente de la vaca Carmen

Trabajan con entusiasmo, con el precedente de la vaca Carmen en el espejo, un animal que la Comunidad de Madrid trató de ejecutar en base a un informe que la diagnosticaba de tuberculosis. Entonces, Wings of Heart, un santuario similar a El Hogar ProVegan, demostró con otros informes que Carmen no estaba enferma y, gracias al apoyo de 70.000 firmas, logró evitar su sacrificio.

Margarita ya ha cosechado más de 120.000 apoyos. Los días pasan. Faltan siete para que la Generalitat decida si ejecutarla o aceptar el recurso.