GUERRA EN EL PSOE

Por qué lo llaman ‘no a terceras elecciones’ cuando quieren decir ‘abstención’

La gestora del PSOE suma puntos en el grupo parlamentario para permitir gobernar a Rajoy. Pero la palabra "abstención" sigue siendo tabú. Estos son los cinco motivos. 

Eduardo Madina revisa su escaño, en el que seguirá aunque lo habían asignado a Sánchez.

Eduardo Madina revisa su escaño, en el que seguirá aunque lo habían asignado a Sánchez.

  1. PSOE
  2. Javier Fernández Fernández
  3. Mariano Rajoy Brey

La actividad de moda en el PSOE es coser. El sábado, los miembros del Comité Federal se cosían unos a otros, pero políticamente a puñaladas. Las heridas aún duelen demasiado tras un día calificado por el líder provisional del partido, el presidente de la gestora, Javier Fernández, como “bochornoso”. Por eso, los socialistas están afrontando la semana con calma. Necesitan tiempo antes de enfrentarse a otro abismo. Quieren coser los jirones.

Este martes era día de pleno en el Congreso de los Diputados y ahí se empezaron a ver escenas insólitas hace tan solo unos días. Los miembros de la depuesta Ejecutiva de Sánchez ocupaban las últimas filas en la reunión del grupo parlamentario socialista y se mantenían en silencio.

Entre los 26 parlamentarios (del total de 85) que hablaron, tan solo uno de ellos, Odón Elorza, defendió la necesidad de explorar una alternativa a Mariano Rajoy. Tan solo una de las 26 diputadas, la magistrada Margarita Robles, que no tiene carné del partido, defendió que hay que decir con rotundidad “no” a Rajoy. De lo contrario, habría que hacer un gran esfuerzo de explicación ante la ciudadanía, según ella.

Hay más que comparten ambas posturas, pero lo que cuajó en la reunión a puerta cerrada era el rechazo a las terceras elecciones. “Ahora el debate ya no es entre el Gobierno alternativo, que nunca existió, y la abstención. Ahora es entre terceras elecciones o no”, explica un diputado.

“Mira cómo cose Hernando”

Antonio Hernando, portavoz parlamentario, en el escaño que hasta ahora ocupaba Sánchez.

Antonio Hernando, portavoz parlamentario, en el escaño que hasta ahora ocupaba Sánchez.

“Mira cómo cose ese”, decía con sarcasmo un parlamentario respecto a Antonio Hernando, que llegó sonriente con Javier Fernández a la reunión y que horas después ocupó plácidamente el escaño de Pedro Sánchez, destronado el sábado tras una lucha encarnizada. Hernando, que ha ocupado puestos de responsabilidad con todos los líderes del partido en este siglo, aspira a hacer lo mismo en el nuevo PSOE que pretenden alumbrar los barones vencedores de la refriega del sábado. Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, acudió a un debate sobre el Estatuto de autonomía, y charló animadamente con José Luis Ábalos, líder del partido en la provincia de Valencia, uno de sus principales críticos internos.

“Yo tengo aguja, pero no hilo”, decía entre carcajadas y relajado un cercano a Sánchez, que ha dejado de ser decisivo en el partido en el ámbito nacional. “¡Pero tengo muchas clavadas en la espalda!”, bromeaba. Los nuevos críticos, aunque bromeen aliviados por haber dejado la refriega, velan sus armas y no descartan casi nada. Los menos prudentes dejan en duda si romperían la disciplina de voto y avanzan que Sánchez podría estar ya organizando su regreso a la primera línea de la que sólo ha pasado alejado un par de días.

Aunque el debate en la opinión público sea obvio (¿se va a abstener el PSOE? ¿Qué quiere el PSOE para España y para sí mismo?), los socialistas se están dando una tregua. Estos son algunos de los motivos:

1. Evitar otra erupción en cuestión de días

“Necesitamos unos días de paz”, explica uno de los diputados contentos por la marcha de Sánchez. “Lo del sábado fue muy fuerte, demasiado. Es pronto”, explica otro. Las heridas están demasiado recientes y nadie quiere abrir un nuevo frente.

La comisión gestora que lleva el día a día del partido apenas ha tomado posesión y el partido quiere dejarla trabajar. Al timón está Javier Fernández, también presidente de Asturias, un líder respetado. Y junto a él está Mario Jiménez, hombre fuerte de Susana Díaz, que este martes también asistió a la reunión del grupo parlamentario. Se fue encantado con un clima que, también según la mayoría de diputados, fue cordial y sin rastro de la tensión del sábado. Las heridas aún tienen que cicatrizar.

2. Rajoy no aclara qué hará

Una diputada muy próxima a Sánchez se quejaba amargamente en el patio de la cámara baja. “Ha pasado más de una semana desde las elecciones vascas y gallegas y Rajoy no ha movido ni un dedo, no ha hecho ni un gesto de acercamiento al PNV”. Si Rajoy suma sus cinco diputados a los que tuvo en su investidura fallida, se quedaría a tan solo uno de la mayoría absoluta.

Muchos creen en el PSOE que en realidad, Rajoy quiere elecciones y que endurecerá mucho la negociación, consciente de que a quien menos pueden interesarle una vuelta a las urnas es ahora a los socialistas. “Para abstenernos antes nos hablaban de razones de Estado. Ahora son las razones del PP”, explica un diputado socialista. Entre las medidas para las que podría exigir apoyo de la oposición están los Presupuestos.

¿Podría Rajoy rechazar la abstención del PSOE? Si argumenta que llegados a este punto es mejor que los ciudadanos hablen, es posible, concuerdan los socialistas. “Bien podría decir que con un PSOE roto y con un parlamento contrario, es mejor esperar un par de meses y tener legislatura para cuatro años que no un infierno de un año antes de volver a las urnas”, explica un diputado.

Aunque el PSOE va a tener el debate de la abstención, Rajoy tiene que decir algo. Así que no hay prisa por “llevarle también el desayuno”, en palabras del alcalde de Vigo, Abel Caballero.

3. Hay que convencer a los que dependen de Podemos

La votación en el Comité Federal del sábado evidenció una gran brecha en el PSOE. Dibujó un partido roto en torno a un órdago de Sánchez: celebrar un congreso que no gustaba ni a muchos de sus aliados.

La abstención es otra cosa. Es más delicada, ideológica y estratégicamente. El “no” a Rajoy es algo natural en el PSOE. La insistencia de Sánchez en él ha calado en una parte importante de la militancia pese a la situación de ingobernabilidad.

Pero hay presidentes autonómicos que podrían perder sus gobiernos. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón advirtieron este martes a los jefes de Gobierno socialistas que “tomarán nota” si favorecen un Gobierno del PP. Fue un toque de atención. Sin decir que podrían desestabilizar los Gobiernos de Aragón, Castilla-La Mancha, la Comunidad Valenciana o Baleares, lo sugirieron.

La gestora tiene ahora la misión de atraer a miembros de la Ejecutiva de Sánchez, pero también de evitar que alguno de los barones que tumbó al líder socialista no se oponga a la abstención. Los socialistas baleares mantienen de momento un “no” por convicción. Castilla-La Mancha apuesta cada vez más fuertemente por él y la Comunidad Valenciana se pone de perfil esperando que la gestora y el conjunto del partido asuma el coste para no aparecer como un impulsor.

4. El PSOE aún cree en un milagro: el PNV

La suma de Bildu y Podemos en el Parlamento Vasco es de 29 escaños, uno más que el que tiene el PNV tras un reajuste por el que perdió un diputado. Si el PSOE se mantiene al margen del proceso de investidura, el PNV podría verse obligado a negociar con el PP si no quiere que el próximo lehendakari sea de Bildu. Los contactos entre el PSE y el PNV son, de momento, prometedores. Hay sintonía.

No hay que descartar aún el llamado cambio de cromos: negociar la gobernabilidad de Euskadi y asegurar a Íñigo Urkullu la presidencia si el PNV apoya al PP. Hay otra opción: que se abstenga ante Rajoy. Eso aún forzaría al PSOE a abstenerse, aunque fuese parcialmente, pero serían necesarios apenas un puñado de diputados, por lo que los socialistas creen que sería más fácil justificarlo ante la opinión pública.

5. Tiempo para construir un relato

La gestora cree que, a medida que pasen los días, bajará el shock por los tumultos del Comité Federal. Los diputados creen que en la sociedad acabará calando que era imposible una alternativa al Gobierno de Rajoy, por lo que el “no es no” era nada más que un eslogan estéril e insuficiente para resolver los problemas de los ciudadanos.

Los nuevos responsables del PSOE esperan que la militancia comprenda por qué es tan arriesgado volver a las urnas. No hay candidato claro, la sospecha de gran victoria del PP es fundada y el sorpasso que se evitó en junio podría acechar de nuevo al partido de los socialistas, que va camino de cumplir 140 años.

Pero también creen que pueden convencer a los votantes de que la política se hará desde el parlamento, no desde el Gobierno. Allí, el PSOE, Podemos y Ciudadanos tendrán mayoría. Este argumento sólo tiene un problema: llega demasiado tarde. En julio hubiera sido mucho más eficaz. El nuevo PSOE tiene para eso un culpable: el secretario general depuesto.