OPERACIÓN UNIVERSAL

El infierno de Torbe: obligaba a chicas rusas emborrachadas a bukakes con hasta 100 hombres

El director de cine porno organizó también las fiestas de los futbolistas señalados por una testigo protegida.

El diretor de cine porno, Ignacio Allende, 'Torbe'

El diretor de cine porno, Ignacio Allende, 'Torbe'

“La chica no sabe a lo que viene. Mañana hay que hablar con la chica porque no sabe nada, pero nada”. Este es un extracto de una conversación entre dos trabajadores de Ignacio Allende, el director de cine porno encarcelado por trata de mujeres, delitos contra menores y blanqueo de capitales. 'Torbe', como se le conoce, también es la persona que, según una testigo protegida, organizó varias fiestas para futbolistas en las que, según los testimonios, se las habría obligado a mantener relaciones sexuales con ellos.

Sin embargo, las acusaciones a Torbe van más allá. Del sumario, al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, se desprende cómo montó bukakes -género pornográfico y una práctica de sexo en grupo, donde una serie de varones se turnan para eyacular sobre una persona- encargados y financiados por un millonario ucraniano, que eran grabados para colgarlos en Internet. Según el testimonio de varios testigos, el ucraniano Boris Malynovsky, también imputado en la causa, traía a mujeres de su país y las dejaba en manos de Torbe.

Éstas eran sometidas a diversas vejaciones. Según testigos presenciales, ellas no sabían para qué venían a España. Según aparece en el sumario, una testigo narró a la Brigada Central Contra la Trata de Seres Humanos de la Policía que algunas de las mujeres "venían a España desconociendo cual iba a ser su función, siendo coaccionados para acceder a la grabación de bukake".

El empresario ucraniano pagaba a Torbe a través de una cuenta bancaria en Hong-Kong para evitar que el dinero fuera detectado, y por lo que el director de cine porno español está siendo investigado también por un presunto delito de blanqueo de capitales.

De la investigación se desprende que venían entre siete y diez días para grabar tres vídeos de contenido “terrorífico”, tal y como describe una de las personas de confianza del director de cine. En estas escenas obligaban a las chicas a tragar el semen de unos cien hombres que habían eyaculado previamente en un bol, y después les hacían vomitarlo.

Beber para soportarlo

Uno de los hombres que participó en esos vídeos, montados desde verano de 2015, aseguró ante los agentes que "la actitud de estas mujeres era la de no estar completamente a gusto con la situación". Según recoge el informe sobre su declaración, el testigo "desconoce los motivos, pensando que pudiera ser por el gran número de hombres que asistían a estas prácticas y la situación incómoda".También recuerda que una de las chicas "se negó a tragar el esperma y como Torbe se cabreaba mucho con ella, accedió finalmente y salió de la habitación llorando".

Por su parte, una de las chicas que presenció las escenas manifestó ante la Policía, tal y como aparece en el atestado, "que en varias ocasiones ha visto como las chicas han comenzado a llorar, siendo Mila quien les ordenaba que debían continuar, enfadándose con las actrices". Asimismo, aseguró que todas las chicas eran rusas o ucranianas y realizaban la grabación en estado de embriaguez. "Algunas de ellas ante la visión de todos los hombres que participaban en el bukake comenzaban a beber para poder realizar la grabación".

Otra testigo de la causa avala esta afirmación al asegurar que las "chicas rusas" bebían mucho alcohol, sobre todo cuando veían el número de bukakeros, en torno a los 100 en la mayoría de las ocasiones. A veces se tenían que interrumpir las grabaciones porque alguna de ellas se ponía a llorar "por lo bochornoso del acto". Sin embargo, ante el miedo de lo que Boris pudiera hacerles tanto a ellas como a sus familias continuaban con la escenas.

"Será nuestro secreto"

“Ante el desconocimiento de la realidad que deben hacer, se derrumba con lloros en el momento de la grabación”, recoge un informe policial que consta en el sumario. El cámara que grababa las escenas no podía soportarlas. "No quiero grabar llantos y llantos y llantos y llantos", se quejaba ante una de las manos derechas de Torbe, según se desprende de las intervenciones telefónicas que constan en el sumario.

La propia Mila, que organizaba los bukakes, reconoció a Mario, la persona encargada de grabarlo: "Ninguna quiere hacer ni venir". Y este le contesta: "Lo de los bukakes es un rollo asqueroso". Así que ella reconoce que es "terrorífico".

Los testimonios contra Torbe que constan en la causa son de enorme gravedad. Así, una chica contó a la Policía que grabó un vídeo porno para el director pero con la condición de que no fuera reconocida. Sin embargo, colgó el vídeo en internet donde a ella se le identificaba claramente. Cuando ella pidió que retiraba el vídeo, Torbe le exigió 6.000 euros. “Torbe le ofreció grabar otro vídeo manteniendo sexo con él en su casa, a cambio de borrar el anterior vídeo”.

Le ofrecía restar de la deuda 150 euros por cada vídeo que grabara manteniendo relaciones sexuales con él. Pero es que los testimonios van más allá. Chicas que aseguran que Torbe mantuvo relaciones con menores de edad y que grabó, o chicas que eran obligadas a acostarse con él.

“Torbe me preguntó si no tenía amigas con las que poder realizar vídeos sexuales, le contesté que mis amigas eran menores de edad, y Torbe me dijo que podrían ir a su casa para hablar y rodar con él si ellas aceptaban y que sería un secreto ente Torbe y ella”, contó una joven a la Policía.

La higiene, mucho que desear

A todos estos testimonios se une una afirmación común en todos ellos. La higiene en las grabaciones organizadas por Torbe "dejaba mucho que desear". No se pedían los análisis perceptivos, únicamente para hongos, "llegando a utilizar varias chicas la misma ropa o el mismo consolador para la realización de los vídeos".

El productor y director no sólo podría haber vejado a las chicas, según la investigación, sino que incluso a varias de ellas las persuadió para que se fueran a vivir con él, siendo éstas normalmente jóvenes con problemas familiares y económicos, "bastante fáciles de convencer".