Cataluña

La batalla por el relato exterior

El Diplocat compara la acción del Ministerio de Exteriores contra la diplomacia catalana a la actitud del Gobierno turco con respecto a quienes se interesan por el genocidio armenio.

Raül Romeva, durante su primera reunión con los delegados catalanes en el extranjero

Raül Romeva, durante su primera reunión con los delegados catalanes en el extranjero Twitter

En marzo de 2014, la facultad de derecho de la Universidad de Lisboa organizó un debate sobre el proceso soberanista catalán. En la jornada participaron expertos portugueses en derecho, política e historia de la Universidad y fue inaugurado por Francesc Homs, el consejero de presidencia de la Generalitat en ese momento. Cuando la embajada española en Portugal se enteró del acto, llamó uno por uno a los ponentes del debate para pedirles que no participaran en él.

El caso, que denunció en un artículo en el diario Público el profesor portugués que organizó el acto, es un ejemplo más de una lista inacabable de situaciones similares. La batalla entre la Generalitat y el Gobierno central tiene muchos frentes abiertos. La actuación de ambos, sin embargo, evidencia que uno de los más determinantes se juega fuera de las fronteras del Estado.

El Ministerio de Exteriores y la Generalitat luchan desde 2012 una guerra soterrada para controlar el relato en el extranjero sobre lo que sucede en el proceso independentista. El nuevo Govern de Puigdemont ha redoblado su desafío y, en un hecho inédito hasta la fecha, ha decidido crear una Conselleria de Asuntos Exteriores con Raül Romeva al frente. “La Secretaría había quedado pequeña desde el punto de vista organizativo”, explica Jaume Clotet, director general de comunicación del Govern y hasta hace pocos días portavoz de la Secretaría de Exteriores de Cataluña. “Un departamento permitirá hacer lo mismo pero de manera más eficaz”.

La acción exterior de la Generalitat y de otras comunidades autónomas no es ninguna rareza. La Junta de Andalucía, por ejemplo, también tiene una Secretaría de Asuntos Exteriores. La novedad es que por primera vez la acción exterior de una Comunidad Autónoma contará con una estructura organizativa exclusiva, con rango de Consejería, dentro del Gobierno. La primera respuesta del Ejecutivo central fue pedir su suspensión al Tribunal Constitucional. “Cataluña continuará ejerciendo sus competencias en Exteriores como ha hecho hasta ahora”, respondió el viernes pasado la portavoz de la Generalitat Neus Munté.

La cooperación, principal perjudicada

La principal perjudicada por la ampliación de la acción exterior de la Generalitat ha sido la ayuda a la cooperación. En 2010 se presupuestaron casi 40 millones de euros para ayudas a ese sector y 17 para acción exterior: casi el 70% del presupuesto se dedicó a ayudar a las ONG’s mientras que la acción exterior se consideró algo secundario.

En 2015, en cambio, se dedicaron 7,2 millones a la ayuda al desarrollo mientras que la acción exterior se llevó casi 10 millones. Algo que demuestra un giro en las prioridades: el 58% del presupuesto se destinó a acción exterior y la ayuda a la cooperación quedó en el 42% de la partida.

Preguntado por este cambio en el presupuesto, Clotet asegura que no tiene nada que ver con el proceso soberanista. “Son cosas distintas”, responde por correo electrónico. “El presupuesto ha bajado por culpa de las dificultades presupuestarias de la Generalitat causadas por, entre otras, el expolio fiscal”.

El presupuesto para la acción exterior de la Generalitat en 2015 fue de poco más de 17 millones de euros. De esa cantidad, 3 millones se destinaron a financiar las 7 delegaciones catalanas repartidas por el mundo (Bruselas, Nueva York, París, Londres, Berlín, Roma y Viena) y 2,5 millones se destinaron al Diplocat, un consorcio paralelo a la Secretaría de Exteriores que, entre otras acciones, se dedica a conseguir que los periódicos internacionales publiquen artículos sobre Cataluña. De esa partida presupuestaria se destinaron 7,2 millones para cooperación a través de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD). El resto se destinó a una treintena de centros de promoción de negocios, a las cinco oficinas del Instituto Ramón Llull y a las 10 de la Agencia Catalana de Turismo.

Aunque no se puede comparar ya que España tiene relaciones diplomáticas y embajadas en todo el mundo, el presupuesto del Gobierno para política exterior en 2015 fue de 1.419 millones. De ese presupuesto se destina un 54% a diplomacia y el 36’6% a ayudas a cooperación.

El ‘casus belli’ de Margallo

Cuentan en el el ministerio de Asuntos Exteriores que José Manuel García Margallo, su titular en funciones, ha hecho de la cuestión catalana su casus belli durante la legislatura. Margallo se ha preocupado tanto del asunto que se ha ganado el irónico apodo de ministro de Asuntos Catalanes.

Antes de la Diada de 2012 Margallo estuvo concentrado en otros asuntos, sobre todo la operación ‘Marca España’ para recuperar la marca-país a través de la diplomacia. Después del 11 de septiembre de 2012, sin embargo, el ministro ha dedicado todo su tiempo y energía a luchar contra el desafío independentista con la aquiescencia de Rajoy. Margallo elaboró junto a un grupo de diplomáticos voluntarios un documento de 240 páginas llamado Cataluña en España. El informe se mandó a todas las embajadas y consulados españoles con órdenes claras para que se defendiera la Constitución española “siempre que hubiera ocasión”.

Así justifica Margallo su obsesión en su libro Todos los cielos conducen a España, Cartas desde un avión (Planeta, 2015): “La viabilidad y el reconocimiento de una Cataluña independiente depende de dos cosas: el reconocimiento internacional y la pertenencia a la Unión Europea. Y ambos asuntos se incluyen en mi cartera ministerial”.

La batalla exterior

“La actitud de Exteriores respecto al proceso soberanista recuerda, salvando las distancias, a cómo actúa el Gobierno turco con cualquier cosa relacionada con el genocidio armenio”, explica Albert Royo, Secretario General del Diplocat.

Tanto Royo como Clotet aseguran que Exteriores se dedica a boicotear “permanentemente” cualquier acción exterior de la Generalitat. “Podría poner una docena de casos de esta actividad permanente que lesiona los derechos de los catalanes”, asegura Clotet.

Royo recuerda el caso de la charla en Portugal y cita otros ejemplos. Recuerda cómo el Ministerio forzó que la Generalitat invitara a un miembro de Societat Civil Catalana a un acto en la Universidad de Cracovia o como a veces acuden diplomáticos españoles a sus actos a repartir fotocopias que defienden la unidad de España.

También asegura que, después de que el Diplocat consigue publicar un artículo en algún medio internacional, la Embajada de ese país presiona al medio para que le publiquen un artículo de respuesta. “Se produce en el exterior un debate que nos gustaría que se produjera aquí”, afirma Royo, que a pesar de las críticas asegura que no todos los diplomáticos del Ministerio actúan igual. “Algunos están a la altura de su cargo y entienden que representan a un Estado, no a un Gobierno”, explica.

Ambos representantes creen, sin embargo, que la acción exterior del Ministerio no favorece a los intereses catalanes o de sus empresas. “Si no no haría falta hacer tantos esfuerzos en materia exterior”, responde Clotet, que recuerda el viaje a la China del conseller de Agricultura Jordi Ciuraneta. En ese viaje, realizado el pasado noviembre, el conseller denunció que la embajada presionó para suspender reuniones entre su consejería, el Gobierno chino y empresarios del sector agrícola catalán.

No solo la Generalitat y el Ministerio intentan proyectar su mensaje más allá de nuestras fronteras. Según fuentes de los servicios jurídicos del Parlament, la resolución rupturista se mandó a todos los Gobiernos y parlamentos extranjeros después de aprobarse. Cuatro meses después, todavía ningún Gobierno ha contestado ni siquiera para confirmar que la recibió.

La paradiplomacia

La versión oficial tanto de la Secretaría de Exteriores como del Diplocat es que su tarea es favorecer la exportación de las empresas catalanas, proyectar la cultura catalana y captar inversiones y turismo. “Solo nos dedicamos a explicar el proceso puntualmente”, argumenta Clotet.

“No somos diplomáticos ni pretendemos serlo”, añade Royo. “Solo pretendemos dirigirnos a la opinión internacional y hacer llegar información acurada al exterior”. Según Royo, la tarea que lleva a cabo la Secretaría de Exteriores es “paradiplomacia”. “Son relaciones internacionales desde Gobiernos no estatales, es algo que hace todo el mundo”, añade.

A pesar de las buenas palabras, la Generalitat ha decidido priorizar su acción exterior justo en la legislatura en que quiere consumar la ruptura con España. Romeva anunció recientemente que el Govern próximamente intentará abrir dos delegaciones más y tiene planificadas 17 de nuevas. El día en que se convirtió en Conseller de Exteriores, Romeva dejó entrever sus intenciones: “Hemos creado un departamento que como tal no existía. Esto es una señal de la importancia que le queremos dar a este aspecto”.