CHAMPIONS LEAGUE

El Real Madrid se libra del batacazo con una remontada épica en cinco minutos

En un partido horrible, Cristiano, en el 89' y Morata, en el 94', dan una victoria milagrosa a los blancos frente al Sporting de Lisboa (2-1). El Bernabéu revivió sus noches de glorias europeas.

Morata celebra su gol en el último minuto.

Morata celebra su gol en el último minuto. REUTERS

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Es el Real Madrid. Tiene 11 Copas de Europa y muchos años de historia. Una historia que construyó con cosas inverosímiles. Es el Real Madrid y no tiene explicación objetiva, racional. Por eso es el equipo más laureado de la historia y por eso se llevó un partido que no merecía. Ganó al Sporting de Lisboa en una especia de épica milagrosa que no se sabe muy bien por dónde salió. [Narración y estadísticas: Real Madrid 2-1 Sporting de Lisboa]

Esa épica tantas veces ligada al Madrid tuvo otro capítulo. No es que fuera una final ni un gran partido. Era un debut, un partido a priori asequible que en el caso de fallar tiene su continuación en otros cinco encuentros de la fase de grupos. Pero acabó siendo uno de esos partidos que se recordarán. Porque es muy difícil explicar cómo ganó. En el minuto 88 iba perdiendo 0-1. Era todo un desastre, un equipo sin alma, arrugado, empequeñecido, novato, superado por su rival. Era el 88 y perdía. Cuando pitó el árbitro el final, ganó 2-1. Fue el milagro europeo del Real Madrid.

Los blancos se libraron de un golpetazo mayúsculo porque apareció el corazón. Un partido perdido acabó siendo un éxtasis blanco. En cinco minutos el Madrid remontó como en los viejos tiempos. Salvó un partido trampa y se dio un homenaje. Una fiesta. Todo eso al final, claro. Porque apareció el escudo y salvó la pesadilla de los 85 minutos anteriores. Más que nunca fue el equipo de las Copas de Europa. El campeón. Porque futbolísticamente poco se puede analizar. Su victoria se basó en el corazón.

Sobrevivió a un partido horrible, en el que el Sporting de Lisboa (oficialmente Sporting de Portugal, para no herir sensibilidades) se los comió. Con uno de los despliegues de aficionados más amplios y ruidosos en años en el Bernabéu, el equipo portugués trasladó su poderío en las gradas al césped. Qué manera de dominar tácticamente un partido. Parecían ellos los campeones y el Madrid los visitantes. Jorge Jesús, el excéntrico técnico portugués, se comió a un Zidane dormido, que tuvo que ir cambiando sobre la marcha (y le acabó saliendo bien).

La primera parte se pudo resumir en continuos fallos del Real Madrid, sobre todo en un centro del campo donde se vio a un Modric aislado y falto de ideas. Y sin su cerebro fino, los blancos lo notaron. Cometieron muchos despropósitos y se dejaron llevar en todo momento por un Sporting que supo muy bien a que venía a la capital de España. Jorge Jesús maniató al Madrid, ahogó su salida de balón, electrocutó todas sus ideas y acabó llevando el partido por donde quería. Le salió todo a la perfección pero había cosas que no se pueden controlar.

La sensación era que antes o después el Madrid acabaría marcando y se llevaría el partido como tantas otras veces, por inercia. Pues no. Nada más arrancar el segundo tiempo, Bruno César dejó helado al Bernabéu. El brasileño se aprovechó de un fallo infantil de Ramos y Modric, que no se compenetraron en la línea del área para sacar el balón. Ambos regalaron lo que era una ocasión cantada de gol, que lo fue. Era el primer tanto que recibía el Madrid en su estadio desde el que le marcó Morata allá por mayo de 2015. La superioridad de los portugueses se traducía en el resultado y el Madrid tenía que ir a remolque, algo que poco se había visto con Zidane en el banquillo.

El francés se cargó a la Bale y un desastroso Benzema. Lucas Vázquez, Morata y James al rescate. Los cambios acabaron teniendo efecto. Por ellos y por el espíritu. También quedó en el campo Cristiano. No había hecho nada el portugués, pero estaba ahí. En el minuto 89 cogió una falta. Muchos esperaban otro fallo, uno más a balón parado. Pero la metió. Y de que manera. Cristiano castigaba así al equipo que le vio nacer y que a día de hoy le sigue venerando. El hijo salió bueno, muy bueno, tanto como para en un partido aislado, aparecer como héroe. Y el padre lo sufrió años después. Era el 1-1.

Ya estaba en descuento el partido cuando la cabeza de Morata apareció. Era ya el último minuto. Cuando marcó, acabó el partido. El canterano remató un balón empujado por el Bernabéu. Fue ahí donde más apareció lo que es el Real Madrid. No se sabe muy bien cómo, pero acaba ganando. Aunque no lo merezca o vaya perdiendo en el 88. Aunque haya jugado mal. Es el Madrid. No tiene explicación racional.