Investigación mexicana

Siguen el rastro de los teléfonos usados por los asesinos de la sobrina de Villar

Un amigo de la víctima fue la persona encargada de llevar el dinero a los secuestradores, que usaban varios números de teléfono.

María Villar en una imagen de Youtube

María Villar en una imagen de Youtube

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La Policía mexicana sigue el rastro de varios teléfonos utilizados por los secuestradores de María Villar Galaz, la sobrina del presidente de la Federación Española de Fútbol que fue hallada muerta hace una semana en el municipio de Santiago Tianguistenco, Estado de México. Según han informado a EL ESPAÑOL fuentes de la investigación, durante el tiempo que retuvieron a la mujer se pusieron en contacto con la familia en varias ocasiones para exigir el dinero. Llamaban desde distintos números de teléfono que fueron registrados por los investigadores. 

Al menos en dos de esas llamadas pusieron al teléfono a su víctima como prueba de vida. En esas breves comunicaciones María Villar se limitó a pedir a sus allegados que hiciesen lo que pedían sus captores y que siguieran todos los pasos. Las fuentes consultadas indican que en este tipo de secuestros son habituales esos mensajes por parte de las víctimas. Son los propios secuestradores los que les obligan a decirlo.

Sin infraestructura

Acerca de los secuestradores, desde la investigación relatan que no se mostraron especialmente agresivos en sus llamadas y que utilizaron a varios interlocutores. En ningún momento se presentaron con ningún nombre, ni dijeron que formasen parte de ninguna banda en concreto. No era siempre la misma persona la que hablaba. Las autoridades mexicanas tienen ya la certeza de que el grupo no contaba con la infraestructura necesaria para mantener el rapto durante meses por lo que todo encaja en la descripción de un secuestro express.

Maria Villar se subió a un taxi que paró en medio de la calle, algo poco recomendable en algunas zonas de México. Se aconseja subirse sólo en paradas habilitadas a aquellos vehículos que son oficiales y cuentan con licencia. Sospechan los investigadores que los secuestradores detectaron que María Villar era extranjera y pensaron que podrían exigir un buen dinero por su liberación. El acento, la forma de vestir, objetos como el bolso o el teléfono móvil suelen elementos que tienen en cuenta estos criminales.

El dinero pactado

Sobre la cantidad de dinero pagado, la fuentes consultadas explican que en este tipo de secuestros los captores parten siempre de una cifra astronómica y a partir de ahí van negociando y reduciendo sus expectativas. El precio que se entregó finalmente fue el pactado por ambas partes. En concreto, fue un amigo de la víctima el encargado de llevar el dinero a los secuestradores. La cantidad rondaba los 60.000 pesos mexicanos (unos 3.000 euros), siempre según las mismas fuentes.

A la hora de hacer la entrega, los captores siempre obligan a la otra parte a hacer numerosos movimientos, cambios de dirección, incluso de vehículo. Miembros de la banda se reparten por el recorrido para cerciorarse de que el que entrega el dinero no va acompañado de policía. Según estas fuentes, el amigo de María Villar no llegó a entrar en contacto visual con los sospechosos en ningún momento. Tras depositar el dinero en el punto acordado, se marchó rápidamente tal y como le recomendaron las autoridades.

La búsqueda de la mujer

La entrega se realizó el pasado miércoles por la noche. La confianza de la Policía y los allegados de la víctima era que los secuestradores cumpliesen su palabra y liberasen a la española, pero al ver que el paso de las horas no traía buenas noticias comenzaron a buscarla en hospitales y en distintos depósitos de cadáveres.

Para entonces ya había llegado a México el primo de la víctima, Gorka Villar, acompañado de dos negociadores de la Policía Nacional. Todos ellos colaboraron en la búsqueda hasta que finalmente llegó la mala noticia de que María Villar había sido encontrada sin vida en un arroyo.Los dos agentes de la Policía Nacional siguen en México colaborando con las autoridades locales, aunque sin capacidad de investigar por su cuenta.