Cultura y etnografía

Una biblioteca resucita un pueblo fantasma: 20.000 libros para 33 habitantes

Quintanalara era una aldea de Burgos -formada por ganaderos, agricultores y jubilados- y se ha vuelto punto de peregrinaje. 

La biblioteca de Quintanalara.

La biblioteca de Quintanalara. Cedida por Quintanalara.

Quintanalara es una aldea fantasma; uno de esos pueblos minúsculos de la Castilla olvidada que no salen en todos los mapas. Gasta casitas de piedra, un ayuntamiento con tres ventanas y una iglesia -reconstruida con las manos- que es el orgullo del vecindario. Pilla a 36 kilómetros de Burgos y a mitad de camino hacia ninguna parte, pero está vivo porque tiene memoria. La parroquia hecha a guijarros recuerda a los héroes del pueblo: una placa para el párroco Antonio Ruiz -que era desde fontanero a médico-, otra para Bonifacio Zamora -profesor, poeta y buen contador de historias-. Quintanalara es una madriguera silenciosa del mundo, uno de los pocos páramos que aún mantiene la tradición de hacer carbón vegetal, una familia breve salpicada de ganaderos, agricultores y jubilados. 30 personas censadas y sólo nueve que hacen trinchera en invierno. "Y si no fuera gracias a su esfuerzo, estaríamos abocados al derrotismo: nuestros recursos económicos son muy escasos...", esboza su alcalde, Rubén Heras.

La aldeita quiere existir y ya inventó hace dos años la Feria de la Trufa -que se celebra la última semana de enero- para hacerse transitable. Pero si ahora España la escucha es por la creación de una soberbia biblioteca que ya ha registrado hasta 11.000 títulos, además de otros 10.000 en depósito. El lugar elegido es El Potro, una antigua cuadra levantada con vigas de madera. "Queríamos darle una nueva oportunidad a ese espacio etnográfico, que ya estaba restaurado desde hace tiempo", explica Heras.

El Potro rescata al pueblo

"La idea surge de una imprenta que iba a deshacerse de una serie de libros, así que quisimos aprovecharlos e instalarlos en El Potro". A través de los medios de comunicación de Burgos, hicieron un llamamiento a la donación de volúmenes para completar su biblioteca. Funcionó como nadie esperaba: en menos de cuatro meses ya habían recibido casi 10.000. El atractivo de Quintanalara crecía a golpe de novela, de cubierta vieja y lomo hermoso y resistente. Más tarde crearon una estantería virtual mediante la plataforma BookCrossing [dejar libros en lugares públicos para que los recojan otros lectores, que después harán lo mismo].

Su llamamiento a la donación de volúmenes para completar la biblioteca funcionó como nadie esperaba: en menos de cuatro meses ya habían recibido casi 10.000

Ahora es uno de los puntos geográficos más potentes de este sistema en España: "Es un trabajo duro... hemos ido cifrando cada libro, poniéndole etiqueta y código, registrándolo en la página; estructuramos todo El Potro por celdas; distribuimos las obras por temáticas...". Aunque la mayor parte de donaciones procedía de particulares, algunas entidades, como la Universidad de Navarra, cedieron también cientos de libros: en este caso, alquilaron un camión y lo mandaron al pueblo cargado de 2000 kilos en títulos. Casi nada.

Relata el alcalde que también reciben gran cantidad de libros de escritores, que les obsequian con su propia obra para hacerse con un hueco en Quintanalara. "Invitamos a cuatro escritores burgaleses a la inauguración y nos donaron su trabajo: José Carlos Iglesia, Benicio Castrillo, Roberto Llorente y Belén de la Parte. Alfonso Aguado Ortuño también nos ha regalado sus libros, y José Hernández Quero, ¡desde Granada!, Mercedes Castro Garbajosa, Beni Pérez...", enumera.

Punto de peregrinaje

La biblioteca está abierta 24 horas, todos los días del año. Ha empezado a convertirse en punto de peregrinaje: "¡Tenemos bastantes visitas!", sonríe el alcalde, agradecido. "En este mes de julio hemos recibido unas seis o siete diarias, que para un pueblo como Quintanalara es mucho. En total, han venido ya unas 350 personas: esto está muy bien, quieren hablar con nosotros, nos comentan qué les parece... y la biblioteca se vuelve una forma de socialización para la gente del pueblo, que siempre hemos estado en un punto más opaco con vistas a la integración". Cuenta Heras que, hace poco, se pasó por allí un periodista portugués buscando El Potro y se encontró todo el pueblo vacío. Pasaban las horas y no había rastro de vida humana. Sólo un pequeño cerdo vietnamita que caminaba libre por las calles le hizo pensar que aquello no era Marte. "El hombre empezó así su artículo: 'Llegué allí y sólo había un cerdo vietnamita...'", ríe Heras. "La verdad es que esto en julio es un paraje bastante desolador. Los más jóvenes del pueblo somos mi mujer, mi hijo y yo. La mayoría son jubiletas".

Cuenta Heras que, hace poco, se pasó por allí un periodista portugués buscando El Potro y se encontró todo el pueblo vacío... excepto por un cerdo vietnamita que campaba libre

El alcalde está atónito y feliz de que un proyecto humilde y autogestionado haya funcionado tan bien. Cree que los libros -"en papel", apunta, con retintín- aún interesan a pesar de otras tentaciones turísticas. "¡Yo digo que sí!", repone, con entusiasmo. "A la gente le gusta trastear, oler, tocar, conocer... los he visto emocionarse viendo títulos que le recuerdan a algo de su infancia; diciendo '¡anda!, pensaba que este no lo iba a encontrar nunca'; o 'mira, hay algo escrito sobre esto'". La mayoría de sus tesoros son ediciones antiguas y eso atrae a muchos coleccionistas. Él, personalmente, si tiene que elegir una obra, se queda con algo de Miguel Delibes. Quizá con Un mundo que agoniza: "Me parece necesario recuperarle siempre por ser un autor muy rural".

Las mejores reliquias las han reunido en la Exposición del Libro Antiguo: "Ahí hemos recogido y organizado los libros anteriores al año 50 de los que disponemos... los que fueran editados del año 40 para atrás queremos reservarlos para una colección permanente", explica. Sueña con levantar otro proyecto: un centro de estudios de Historia. "Sería perfecto rescatar todos esos libros... nos gustaría, especialmente, centrarlos en la historia castellana. Hacer un núcleo de consulta. Para eso estamos entablando relaciones con la Fernán González, para que nos cedan los libros que tienen repetidos". Eso sí, esta idea verá la luz dentro de tres o cuatro años. Mientras, El Potro reanima al pueblo dormido. Lo decía Borges en el Poema de los dones: que él se figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca.