Viaje al cerebro del artista

Joann Sfar: “El mundo iría mejor con menos barbas y más bigotes como el de Dalí”

El dibujante Joann Sfar expone, junto a obras de Dalí, ilustraciones que se cuelan en los pensamientos del genio y congelan los minutos previos a sus creaciones.

Salvador Dalí visto por el dibujante francés Joann Sfar.

Salvador Dalí visto por el dibujante francés Joann Sfar.

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El ilustrador francés Joann Sfar emprende junto al espectador un viaje hacia el imaginario de Salvador Dalí, en el museo que París dedica a la obra del artista catalán (Espace Dalí París). Con la exposición Un segundo antes de despertar, lo irracional se da cita en el barrio de Montmartre para pasear a los amantes del surrealismo por el cerebro en ebullición del genio catalán. El visitante se convierte por unos minutos en el testigo privilegiado de los instantes previos al nacimiento de su obra.

En un espacio que envuelve al visitante en un aura de fantasía, Sfar lleva al límite al espectador, haciendo convivir en el mismo espacio y tiempo los pensamientos que él imagina en la mente del pintor y el resultado final. Para el ilustrador, La Mujer en llamas (1935), la Venus de Milo con cajones (1964) o El Minotauro (1981), entre otras, son el resultado de una libertad sin ambigüedades que dice admirar en la obra completa de Dalí y echarla en falta en la actualidad. “Pienso que hoy se ha enseñado a los artistas lo que es el respeto y me urge que lo pierdan”, ha asegurado durante la presentación.

Una de las láminas expuestas, con claras referencias a la obra del catalán.

Una de las láminas expuestas, con claras referencias a la obra del catalán.

Esa liberación era el objetivo último de Sfar cuando aceptó el reto que el Espacio Dalí le propuso: imaginar un encuentro improbable entre él y la emblemática figura del surrealismo. Una cohabitación de su universo y el legado del artista catalán que el ilustrador francés acogió con los brazos abiertos.

Hay que confiscar lo sagrado, todo el hecho religioso, y devolvérselo a los artistas

Aunque afirma conocer la obra de Dalí desde los 19 años, reconoce no haberla comprendido hasta hace escasos meses. “Cuando tenemos algo delante durante mucho tiempo, de repente hay un día en que, quizá por error, nos llega hasta lo más profundo”, asegura a EL ESPAÑOL, y añade que el contexto actual ha jugado un papel clave en su lectura de las creaciones de Dalí.

El dibujante de cómics Joann Sfar.

El dibujante de cómics Joann Sfar.

“Creo que su obra es hoy más oportuna que nunca, porque él entendió algo que hoy me parece que debemos comprender urgentemente: hay que confiscar lo sagrado, todo el hecho religioso, y devolvérselo a los artistas”, continúa.

Misión: resucitar a Dalí

“Un día, después de pasar muchos meses frente a su legado, tuve un momento de lucidez. Al fin había entendido lo que Dalí pretendía con sus obras ligadas a la religión. Y no era otra cosa que hacer vivir la pintura de iglesia en un momento en el que ya no existía. Es extraordinario, porque hoy sí veo en ellas una violencia sexual y a la vez un pudor extremo que sólo un pintor maduro puede tratar con tal frialdad”, ha explicado.

Gala junto a Dalí.

Gala junto a Dalí.

La exposición Un segundo antes de despertar es el eco de su último trabajo: un relato en forma de cómic llamado Fin del paréntesis (Ediciones Rue de Sèvres), en el que homenajea al artista español a través de una historia imaginaria sobre la futura resurrección del genio surrealista. Las viñetas de Sfar más ligadas a los dibujos y esculturas de Dalí son las que hoy se exponen en París para empujar al espectador hacia una introspección de la alucinación sin límite.

Fin del paréntesis presenta la historia de Seabearstein, un artista maldito en el exilio que recibe la misión de resucitar al último profeta no-religioso que jamás existió. Este no es otro que Salvador Dalí, 'criogenizado' en París. Para hacerle revivir será necesario invocarle con la presencia de cuatro musas: unas jóvenes modelos que irán filosofando y recreando con sus propios cuerpos las obras de Dalí de forma mística, casi accidental. El artista se encerró durante tres días con cuatro modelos a las que dibujó desnudas mientras éstas deambulaban libres, representando en forma de teatro y danza las obras de Dalí para inspirar las personalidades de estos cuatro personajes que hoy comparten pared con él.

Humor, sexo y muchas crucifixiones

“Una de estas modelos es narcoléptica, y en la obra se ha respetado. Cuando las otras tres chicas me dijeron que ésta se dormía en cualquier sitio, en cualquier momento, me pareció mágico. Pensé: en el cómic, tú serás Dalí”, ha explicado. El sueño es el motor de estas jóvenes, que al principio gruñen por la ausencia de sus smartphones y después bailan embaucadas en la magia de no tener otro arma que su imaginación para pasar tres días haciendo resucitar al artista.

Otra de las escenas incluidas en la exposición.

Otra de las escenas incluidas en la exposición.

La seducción, el humor y el sexo se cuelan rápidamente en las viñetas de Sfar. En una de éstas, situada en la exposición junto a la pintura de la espalda de Gala, una de las cuatro modelos protagoniza un ataque de celos por la que fue musa de Dalí hasta su muerte. “Todo el día Gala, Gala, Gala, Gala...”, lanza. “Pero si Dalí la dibuja en forma de casa...Créeme, eso apesta”, le anima su compañera de experimento. No hay duda: el surrealismo ha tomado el timón.

Jamás he dibujado tantas crucifixiones como en esta obra

Cuatro mujeres libres y desnudas son, pues, las protagonistas absolutas que bailan al son del alcohol, las drogas, el delirio fruto del aburrimiento y de un hilo musical onírico: el que Olivier Daviaud ha compuesto para acompañarnos en este viaje hacia lo disparatado. De hecho, la exquisita puesta en escena de Un segundo antes del despertar lleva al visitante a dudar de qué lado del muro se encuentra la melodía, si en la utopía, o en la sala.

Para Sfar, esta obra es relevante porque hacer revivir el atrevimiento de Dalí “en un contexto de obscurantismo religioso” como el actual es esencial para recuperar una libertad de expresión a la que considera muchos artistas han renunciado en un ejercicio de autocensura. “Jamás he dibujado tantas crucifixiones como en esta obra. Si hubiese menos barbas y más bigotes como el de Dalí, el mundo iría muchísimo mejor”. No es casualidad si el artista francés alude durante su exposición a la ''Declaración de independencia de la imaginación de los derechos del hombre a su propia locura”, publicada por el genio catalán en 1939.