Robótica

La última amenaza del robot para la cultura: pinta, escribe y compone

Nuevos sistemas informáticos avanzados se lanzan a la creación artística y cultural, aunque aún parece improbable que vayan a superar a los humanos.

El ordenador Iamus, creador de la primera orquesta artificial.

El ordenador Iamus, creador de la primera orquesta artificial. Wikimedia Commons

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En el otoño de 1948, el padre de la Inteligencia Artificial (IA) programó una gigantesca computadora para que informara a sus cuidadores humanos de sus progresos y errores mediante notas musicales. Podríamos ver en aquel trabajo del británico Alan Turing el origen del familiar tono de error de Windows que muchos escuchamos a diario, o incluso de las notificaciones del correo electrónico o el WhatsApp. Pero Christopher Strachey vio mucho más allá.

Strachey, un joven profesor de escuela y avezado pianista, leyó en 1951 el manual escrito por Turing para programar la computadora Mark II de Manchester. Entonces tuvo una idea: con aquellas notas, la máquina podía crear música. Strachey se presentó en el laboratorio de Turing con su propuesta, y éste le dio una noche; le explicó cómo manejar la consola de la computadora y se marchó, dejando a Strachey a solas con el monstruo. A la mañana siguiente, Strachey mostró a su anfitrión el resultado: a su orden, la Mark II comenzó a bocinar tocando el God Save the King, el himno nacional británico. "Good show", observó Turing.

Recientemente, dos investigadores neozelandeses han restaurado una grabación de aquel trabajo de Strachey, tomada por un equipo de la BBC en 1951 y considerada la más antigua que se conserva de música generada por ordenador. Pero tanto la Mark II de Manchester como la CSIRAC australiana, también empleada por entonces para el mismo fin, se limitaban a reproducir canciones creadas por el ser humano.

Los algoritmos de composición y los sintetizadores de sonidos no tardarían en llegar. A finales de los años 60, compositores como la estadounidense Wendy Carlos y grupos pioneros del tecno como los alemanes Kraftwerk comenzaron a trabajar con sintetizadores y vocoders. Poco a poco los músicos humanos fueron apoyándose más en las máquinas para componer y producir. Hoy ellas lo hacen solas.

Una máquina educada en el conservatorio

En 2012, con ocasión del centenario del nacimiento de Turing, la London Symphony Orchestra grabó el álbum Iamus, la primera gran obra musical creada enteramente por un ordenador (del mismo nombre) sin intervención humana y sin directrices basadas en el estilo de compositores de carne y hueso. Obviamente, la máquina y su programación sí tienen artífices orgánicos, y son los investigadores de Melomics, un proyecto nacido en la Universidad de Málaga bajo la dirección de Francisco Vico, Catedrático en Ciencias de la Computación e IA.

El único input humano que Iamus recibe es el conocimiento de la teoría musical incluido en su programación. Sus cuidadores sólo le imponen la instrumentación y la duración de la obra, según explica Vico a EL ESPAÑOL. Iamus no trata de imitar a ningún compositor humano: "no hay conocimiento de otros autores ni sus obras, no ha procesado ninguna partitura, sólo reglas de composición, lo que se aprende en un conservatorio", resume Vico.

La música creada por IA está en pleno auge. En 2014 Melomics lanzó 0music, un álbum de música popular compuesto por otra máquina llamada Melomics109. Este año se ha estrenado en Londres Beyond the Fence, un musical creado por IA. En septiembre, el Laboratorio de Ciencias de la Computación de Sony en París ha anunciado la publicación de dos canciones pop generadas por el sistema de IA Flow Machines.

Sus autores explican que una de ellas, Daddy’s Car, se inspira en el estilo de los Beatles, mientras que Mr. Shadow recoge influencias de maestros estadounidenses como George Gershwin y Cole Porter. Ambos temas son adelantos de un álbum compuesto enteramente por Flow Machines que se publicará en 2017. El director del proyecto, François Pachet, reconoce a EL ESPAÑOL que Daddy’s Car es "bastante imitativa" de la impronta de Lennon y McCartney, pero alega que Mr. Shadow es "más creativa".

Obras delirantes

Pero si alguien piensa que la música está más abierta a la participación de las máquinas por la estrecha relación de este arte con las matemáticas, que olvide la idea: los sistemas de IA están haciendo también sus incursiones en otros campos tradicionalmente reservados a la creatividad humana. En Japón existe un premio literario de ciencia-ficción, el Shinichi Hoshi de Nikkei, que admite trabajos escritos por autores no humanos. En la edición de este año, celebrada en marzo, se presentaron 11 novelas escritas por IA. Una de ellas, titulada sin tapujos El día que una computadora escribe una novela y producida en la Universidad Futura de Hakodate, pasó la primera ronda de selección, aunque no resultó premiada.

La IA también hace sus pinitos en las artes plásticas, con resultados sorprendentes. El proyecto Inceptionism de Google se basa en un sistema llamado Deep Dream que aplica a una imagen de partida hasta 30 capas de "neuronas artificiales", según sus creadores. Cada capa se especializa en un tipo de trabajo, como identificar formas o buscar bordes y esquinas. El resultado final es una interpretación que nada tiene que ver con la imagen original y que da lugar a obras de una belleza hipnótica y alucinatoria, que cualquiera atribuiría a un artista humano con gran talento creativo. En febrero, la Fundación para las Artes Gray Area de San Francisco subastó varias de las obras producidas por la red neural de Google.

El cine tampoco escapa a la invasión de las máquinas. La película de terror y ciencia-ficción Morgan, estrenada en septiembre, ha sido la primera en tener un tráiler generado por IA. Los responsables de la 20th Century Fox encargaron el trabajo al supercomputador Watson de IBM, que estudió centenares de ejemplos para aprender qué esperarían los espectadores humanos.

También este año, un sistema llamado por sus creadores Long Short-Term Memory, pero que ha elegido para sí mismo el nombre de Benjamin, escribió un guión para un cortometraje de ciencia-ficción. La extraña película pergeñada por Benjamin, titulada Sunspring y estrenada en la web Ars Technica, se presentó en el festival de cine de ciencia-ficción Sci-Fi London de la capital británica.

No obstante, todo lo anterior tiene su letra pequeña. Para la composición del libro japonés, los investigadores suministraron a la máquina una línea general de la historia, además de ciertas frases y palabras a utilizar. Las pinturas de Google son, en el fondo, interpretaciones de obras ya existentes, aunque profundamente alteradas. El tráiler de Morgan clavaba las convenciones del género, pero el clip oficial creado por los humanos es una verdadera película de la película, insinuando el argumento de un modo que escapa a la capacidad de Watson. En cuanto a Sunspring, resulta curiosa y divertida por lo delirante del guión, pero poco más; la escritora Pat Cadigan, miembro del jurado del festival, dijo a sus responsables: "Les daré la máxima puntuación si prometen no volver a hacerlo jamás".

¿Qué es la imaginación?

"La IA ha demostrado una capacidad para el análisis que puede ser tan buena como la humana", apunta a EL ESPAÑOL el director de cine Suman Ghosh, profesor de estudios cinematográficos de la Universidad de Bath Spa (Reino Unido). Pero para Ghosh, que ha escrito sobre la incursión de la IA en el cine, los seres humanos tienen una capacidad de imaginación que los capacita para pensar más allá de una serie de parámetros establecidos. "La IA seguirá subordinada a los humanos hasta que tenga el don de la imaginación", concluye.

Imágenes creadas por la red neural de Google.

Imágenes creadas por la red neural de Google.

Pero ¿qué es la imaginación? Vico no duda de que los ordenadores están más limitados que los humanos en su capacidad de percibir, asociar o recombinar estímulos. Pero se pregunta: "¿Qué diferencia hay entre creatividad y algoritmo?". Para el fundador de Melomics, algunos artistas explican su obra como la simple aplicación de reglas en un orden; es decir, un algoritmo. Por el contrario, otros defienden la existencia de algo más que no puede explicarse. "Opino que cuando estos últimos consigan explicarnos en qué consiste esa alma, espíritu o lo que sea, podremos avanzar", advierte Vico.

Por su parte, Pachet trata de desgranar en qué consiste eso que llamamos imaginación: "Las técnicas de aprendizaje de las máquinas, que pueden generalizar a partir de un conjunto de ejemplos, son también capaces de crear artefactos nuevos con el mismo estilo", razona. "La cuestión es hasta qué punto aquello que los humanos consideran creativo o nuevo se mantiene realmente en el mismo estilo o debe ser otra historia". Para el investigador francés, en el fondo la creatividad "a menudo es un cambio ligero en una dimensión". Y esto, afirma, pueden hacerlo las máquinas.

Creadores eficientes, pero discriminados

Otra cosa es que los sistemas de IA sean capaces de acertar con los gustos de los humanos como para que sus obras lleguen a alcanzar el éxito de un Harry Potter, un Star Wars o unos Beatles. Según Ghosh, "el gusto del público es impredecible; ni siquiera los mejores creadores pueden garantizar el éxito de sus proyectos". Pachet considera que los dos temas creados por Flow Machines "podrían ser éxitos, si se escucharan como cualquier otra obra musical".

Este último podría ser precisamente el problema. Vico cuenta que el trabajo de Iamus fue elogiado por críticos sin saber que se trataba de música generada por IA, pero reconoce que aún existe una barrera a la hora de valorar el producto de una máquina con los mismos criterios que el de un ser humano. Pachet teme que el público escuche las canciones de Flow Machines como "artefactos", y no como simple música. "En Europa mucha gente reacciona negativamente, ya que ven los ordenadores como objetos ajenos a la cultura; en Japón o los países anglosajones son más indiferentes a esta dicotomía", analiza. "Pero probablemente las nuevas generaciones sean más receptivas".

En cualquier caso, esta nueva generación de creadores electrónicos no va a detenerse; al fin y al cabo no se cansan ni sufren el bloqueo del escritor. Ni siquiera necesitan café para trabajar toda una noche; y del sexo, drogas y rock and roll, se concentran sólo en lo tercero. Pachet está colaborando ahora con artistas humanos para ampliar las posibilidades de Flow Machines de cara al mercado musical general. Para el experto, no estamos lejos del día en que triunfarán las canciones y series de televisión escritas por máquinas. "Con las novelas será más difícil, pero creo que también llegará", aventura.

Sin embargo, una muestra de que a la IA aún le queda camino por recorrer la dejó Benjamin, el guionista de Sunspring, en la ceremonia de entrega de los premios del festival londinense. El director del certamen, Louis Savy, decidió entrevistarle en directo en el escenario, y nada más apropiado que pedirle su opinión sobre las posibilidades de esta nueva oleada de artistas de silicio. "¿Cuál es el futuro del entretenimiento escrito por máquinas?", le preguntó Savy.

Ésta fue la respuesta de Benjamin: "Es un poco repentino. Estaba pensando en el espíritu de los hombres que me encontraron y los niños que fueron todos manipulados y llenos de niños. Estaba preocupado por mi orden. Yo era el científico del Espíritu Santo".