En la última planta de uno de los hoteles mejor situados de Madrid, rodeado de museos, del Jardín Botánico y a escasos pasos de la Estación de Atocha, el Radisson RED acoge durante varios meses una de las cenas más particulares y distintas del panorama culinario.
La experiencia creada, originalmente, por el chef Omar Sartawi, se encuentra ya disponible en 20 países del mundo. En España, este es el único punto donde embarcarse en un recorrido que pasa por algunas de las obras de los artistas más reconocidos de la historia como Michelangelo o Picasso, entre otros.
Sin embargo, en cada país la propuesta varía ligeramente. Si bien los siete artistas son los mismos, los ingredientes y las elaboraciones cambian levemente. Aquí, el equipo a cargo de la oferta gastronómica del hotel, ha configurado el menú basándose en el producto nacional, como el bacalao, la carne o el Idiazábal, y la profundidad de los sabores.
Un espacio pensado para comer y recordar la historia del arte.
La terraza amplia y abierta que permite observar las construcciones del barrio de Embajadores tales como el Monasterio de Santa Isabel y las casas en pendiente, contrasta con el salón donde transcurre la noche. Es un espacio íntimo, oscuro y con música clásica de fondo que incrementa, poco a poco, las expectativas.
El pase está pensado para un máximo de 12 comensales. La sala queda dividida en tres mesas separadas por cubiletes donde se apoyan pequeñas pantallas de proyección, las cuales reflejan el cuadro pintado por Leonardo Da Vinci allá por 1503, la Gioconda, que 'cobrará vida' y será la guía de la velada.
La mesa constituye un 'batiburrillo' de elementos dispuestos de forma organizada. Por un lado, un cofre con dos linternas a los lados genera inquietud y misterio. En el centro de la mesa, unos pequeños recipientes con los tres elementos de un Negroni: ginebra, vermú rojo y el Campari; a modo de aperitivo. Y delante del comensal, una pequeña lona que tapa por completo lo que hay debajo y que el personal insta a no tocar.
Nada más sentarse en la mesa, un Negroni a medio hacer saludo a los comensales.
La sucesión de lo salado
El primero de los platos se encuentra en el interior del baúl de madera. Junto con la ayuda de las instrucciones de la Mona Lisa y del propio chef Omar, que aparece de manera digital a pequeña escala en la mesa gracias al proyector que se eleva sobre la misma, los comensales deben abrir el cofre para degustar el primero de los pases en honor a Michelangelo, donde la albahaca y el tomate no faltan y el queso Idiazábal corona una pequeña tartaleta.
El primer pase recuerda a La Creación de Adán.
Cambiando totalmente de registro, el artista más 'revolucionario' y símbolo del arte urbano contemporáneo, Banksy, aparece en escena otorgando un aura más moderno a la experiencia con el hip hop de fondo.
Spray en mano, los asistentes deben rociar la lona situada en frente suya. Tras ello, los camareros la retiran, y por fin se resuelve el misterio. Debajo yace un carpaccio de langostinos que había estado ahí desde el comienzo de la cena.
Una vez resuelto el misterio, el sabor a mar inunda los paladares de los comensales.
Le sucede un impecable bacalao con texturas de coliflor y ajo negro. Es el plato inspirado en la obra de Pablo Picasso, sobre el que se sitúa un retrato basado en las musas como Dora Maar o Jacqueline Roque del artista malagueño. Una especie de papel comestible insípido.
La otra obra comestible, esta vez, inspirada en Picasso.
Mientras tanto, entre pase y pase, la Gioconda ameniza la espera e introduce los conceptos que caracterizan a cada autor a la vez que los colores y los elementos digitalizados proyectados sobre la mesa van y vienen. Sin duda un atractivo para quienes desean recordar la historia del arte.
Llega el momento de sentirse como un auténtico pintor. Bajo el expresionismo abstracto que caracterizó las obras de Jackson Pollock, tres pequeños recipientes, un hoisin de fresa, un puré de zanahorias y un licuado de manzana verde configuran la paleta de colores con la que el comensal traza el cuadro a su gusto sobre el silpat, una especie de libre albedrío artístico. Unas crudités de verduras sirven para mojar y degustar.
Si se habla de arte y gastronomía, uno de los cuadros más famosos es la Lata de Sopa Campbell del estadounidense Andy Warhol. Este quinto pase viene oculto bajo una representación del mítico envase, a la que le acompaña una concentrada demi-glace de ternera, con la que se riega el solomillo del interior del pequeño recipiente.
La archiconocida Lata Campbells genera expectación por saber que habrá en el interior.
El colofón dulce
Otro de los artistas más importantes de la historia reciente de España, Salvador Dalí, transporta el surrealismo a la mesa. Mientras a la digitalizada Gioconda se le dibuja el clásico bigote del pintor catalán, llega otro cofre, esta vez azul, que contiene una crema catalana de frambuesa y helado de vainilla, reflejo de elegancia y que impacta, casi, como una de las obras de Dalí.
Este cofre no posee contraseña, pero lo que guarda sigue siendo muy valioso.
El menú se cierra con otro cuadro comestible, esta vez de Vincent van Gogh. Un delicado y sedoso coulant de chocolate soporta la Noche Estrellada, al que se le pinta con diferentes salsas al gusto mediante unos diminutos pinceles
La paleta de colores para completar el Van Gogh.
Por un precio de 110€ por persona, la velada se extiende más allá de las dos horas pero sin sentirse larga ni pesada. Esta cena temática estará disponible, al menos, hasta el mes de enero en el Radisson RED y sólo entre jueves y sábado en horario nocturno. Además, quienes lo deseen, pueden elegir un menú vegetariano por 100€ y para los más pequeños, una versión infantil a 70€.