Según te acercas, su particular fachada de ladrillo anticipa que estás ante un espacio lleno de contrastes. Este edificio humilde, diseñado por Secundino Zuazo siguiendo la estética de la Colonia San Cristóbal, se consagra hoy como un modelo de restauración sobresaliente.
Su silueta achaparrada y rotunda se recorta contra el espigado perfil de las Cuatro Torres generando un diálogo entre tradición y modernidad que resulta fluido. Una dualidad que también encuentras al cruzar su puerta: un mercado de los de siempre con algo que lo hace único en Europa.
Forma y función se dan la mano en un interior multifuncional y de aire retro
¿Lo más sorprendente? Que su nuevo uso respeta el original y le añade una importante capa de valor. A día de hoy, bajo la gestión de la ONG Cesal, especializada en inserción sociolaboral, tiene el propósito de dar nuevas oportunidades a jóvenes en riesgo de exclusión social.
Aprendizaje en directo
Sus formaciones abarcan no sólo los oficios de hostelería, sino también otros relacionados con la propia actividad de los mercados: carnicería, pescadería, panadería...
Los alumnos son los reponsables del servicio bajo la atenta mirada de tutores que se convierten auténticos mentores.
Durante los cuatro meses del curso —más uno de prácticas—, los alumnos rotan por cada puesto del mercado, aprendiendo de maestros en cada materia que se convierten en sus tutores.
Lo que hace aún más especial este proyecto es que el aprendizaje sucede en tiempo real, ante el cliente. La cocina es abierta y ocupa el centro del mercado. Los alumnos, acompañados de sus formadores, sirven a las mesas con la concentración de quien sabe que cada gesto importa.
El producto de cercanía y de calidad viaja del puesto a la cocina y de ahí directo a tu mesa.
Algunos de esos formadores son antiguos alumnos que volvieron para devolver lo que recibieron. Una forma de circularidad social que resulta tanto o más nutritiva que lo que comes.
Cocinando oportunidades
La carta se nutre del producto fresco de los propios puestos, y se nota. Zamburiñas gratinadas con salsa y lima, tartar de atún rojo, ostras al natural, croquetas de jamón, torreznos, ensaladilla... Lo cierto es que aquí se come muy bien.
La carta evoluciona con el producto que ofrecen los puestos, asegurando lo mejor de cada temporada.
De las brasas salen carnes y pescados: un pargo con refrito de ajos o un chuletón de vaca gallega madurado en cámara. Basta con levantar la vista hacia los puestos del fondo para ver de dónde viene todo: el mostrador de Pescados Madrid, la cámara de maduración de Carnicería Orgaz, los jamones colgados en Jamonalia. Y deja hueco para el postre, no te vayas sin probar sus helados artesanales, hechos también en un obrador propio.
Y recuerda que, aunque es un mercado escuela además de comer también puedes hacer aquí la compra. Y disfrutar de sus planes afterwork e incluso celebrar eventos en su espacio privado.