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Rebuscando en la memoria, Oriol Romeu (Crevillente, Alicante) confiesa que en su familia se ha vendido vino desde hace varias generaciones. "Mi abuelo y mi bisabuelo iban por los pueblos. Pero luego plantaron uva de mesa y cuando su padre dejó el comercio, él lo dejó también. Mi madre no se dedicó al campo, así que se perdió una generación y no quedaba nada del vino que sacaban de sus viñas".

Así que a él le tocó hacerlo todo, solo y desde cero. En 2019, decidió recuperar el sueño de unas viñas que estaban en las últimas y en 2022 consiguió sus primeras uvas que se comercializaron en 2023, con unos vinos que han sorprendido, y mucho, a los restauradores y chefs más importantes de Alicante, incluido varios con estrella Michelin.

Sus primeras botellas, Tallamar, fueron un tinto elaborado con uvas al 50% de Arcos y Monastrell, dos variedades autóctonas que conviven perfectamente con los suelos jurásicos, con gravas calcáreas, toscas y arena que conforman estas tierras. Pero la dureza del terreno hace que sean caldos salinos, con potencia y, sobre todo, con tradición.

Oriol Romeu ha apostado por vinos de parcela, que representan toda la fuerza de esa tierra.

Oriol Romeu ha apostado por vinos de parcela, que representan toda la fuerza de esa tierra. E. E.

Casi obligado por las circunstancias, la apuesta de Oriol Romeu ha sido la de hacer vinos de parcela, algo muy apreciado por los buscadores de pequeñas joyas ya que muestran el carácter auténtico de, en este caso, unos barrancos donde históricamente siempre se han plantado vides aunque con un destino más doméstico que premium.

"Vino de calidad se haría, pero se vendía todo a granel. La zona es muy buena para hacer vino por el tipo de suelo, pedregoso. Con labrarlo, las viñas van, enraízan bien y la planta crece alegre. La uva es buena y el clima seco hace que no tengan tantas enfermedades", asegura este viticultor enamorado de un paisaje a veces seco pero siempre profundo.

Aunque desde pequeño siempre había estado ligado a la agricultura, echando una mano en lo que su abuelo tenía plantado, el campo no fue la primera opción de Oriol Romeu. Lo suyo ha sido, más bien, una insistencia del destino.

Oriol Romeu en una de sus viñas en el sur de Alicante donde ha creado una bodega él solo.

Oriol Romeu en una de sus viñas en el sur de Alicante donde ha creado una bodega él solo. E. E.

"Estudié Estadística y cuando acabé con 23 años, no encontraba trabajo ese verano y me fui con un amigo a Suiza. Allí terminé en una bodega y lo que iba a ser un trabajo de verano, fueron seis años".

Esa experiencia le cambió la vida y le inoculó el virus de la viticultura y de todo lo que rodea a este arte alquímico. De hecho, se matriculó en un Máster de Enología y siguió aprendiendo en el país helvético, donde le ofrecían un camino de futuro.

"Pero yo siempre tenía el gusanillo de querer hacer en mi tierra lo que estaba haciendo en Suiza. Y por eso regresé", confiesa con un tono neutro, como quien se ha jugado su futuro a las cartas sabiendo que iba a ganar porque guardaba un as en la manga.

El vino preferido de Romeu es Barranc Fort.

El vino preferido de Romeu es Barranc Fort. E. E.

En este caso, su carta ganadora era la tradición, la tierra, las raíces, la Historia y su historia. "Todo lo hice desde cero. Subí arriba a la montaña, donde tenía viñas mi abuelo, y quedaban cepas de Monastrell por los márgenes, las cogí y las utilicé. Planté también Forcallat Blanc, Arco y Verdill".

Poco a poco fue recuperando las tierras de su familia y hasta se atrevió a colocar su bodega en un garaje que tenía en Crevillente para tratar de abaratar la inversión inicial, por si algo salía mal. "Tenía miedo porque no era del sector y empecé en un garaje cueva, que hay muchos aquí, y es perfecto porque aísla del calor y mantiene la temperatura".

Estas características del suelo tan singulares y las variedades autóctonas han convertido a los vinos de Alicante en caldos resilientes a los cambios climáticos, más estables de lo que podemos pensar y con muchas potencialidades en el mundo del vino; con una DO donde cada vez más se apuesta por lo auténtico, trabajado casi de una forma artesanal.

La uva autóctona de Alicante es muy resistente al cambio climático y al calor.

La uva autóctona de Alicante es muy resistente al cambio climático y al calor. Oriol Romeu

"La uva es toda mía. Es una producción limitada, pero cuidada y en ecológico, aunque no lo he certificado. Son de 8.000 a 10.000 botellas al año que básicamente se distribuyen en Alicante", explica en un alto en los trabajos de vendimia. "Ahora solo me faltan el Arcos y el Monastrell".

Algo único

No es fácil describir qué tipo de vinos hace este enólogo más allá de que apuesta por la mínima intervención. "La estabilización intento hacerla por frío o filtrarlo por placas, procesos más físicos que químicos. Experimento con uvas autóctonas porque hay muchas variedades y claro hago vinos para vender porque si no, mal asunto", bromea.

Uno de sus favoritos es Barranc Fort, el nombre de la pardela que le da vida. "Me costó mucho sacar uva por los conejos y otras historias, pero cuando conseguí el vino me encantó porque sale de un barranco en la sierra que tiene cuatro suelos calcáreos diferentes y es más salino".

Oriol Romeu ha apostado por tres vinos: Tallamar, Qanat y Barranc Fort.

Oriol Romeu ha apostado por tres vinos: Tallamar, Qanat y Barranc Fort. E. E.

La Guía Peñín aumenta esta lista de preferidos y asegura que uno de los mejores caldos de esta bodega es Qanat N 2024, que en 2025 consiguió 91 puntos. Y eso que su hermano blanco no se quedó atrás, con 90.

"Estoy muy contento con las puntuaciones porque es una referencia para gente de restauración y particulares", explica Oriol sin demasiado énfasis porque él lo que quiere demostrar es que en esa tierra también se puede hacer vino de calidad.

De hecho, este año se ha atrevido con un vino dulce, naturalmente dulce, que acabó siendo un regalo para muchos restauradores, algunos con estrella Michelin, que buscan algo diferente en el terruño para sorprender a sus clientes.

"Lo vendí muy bien. La verdad, no sé si al final alguien más seguirá mis pasos, pero yo estoy haciendo lo que creo y lo que me gusta. Es una satisfacción ver hasta dónde he podido llegar con mi esfuerzo y con lo difícil que es el campo".

Por ahora, 91 puntos y subiendo.