Osiris Martínez
Publicada

Pekín puede resultar abrumador. Por sus dimensiones, sus grandes avenidas, una historia que se mide en dinastías y la velocidad con la que parece avanzar hacia el futuro. En Chaoyang, su distrito financiero, ese Pekín contemporáneo alcanza una de sus expresiones más rotundas: rascacielos, enormes arterias urbanas y la inconfundible sede de CCTV.

Justo enfrente se encuentra Rosewood Beijing. Basta cruzar la entrada para que la ciudad cambie de escala: techos altos, madera, arte, objetos y texturas crean un espacio amplio pero sorprendentemente íntimo. Hay movimiento en el lobby y en los espacios gastronómicos, pero prácticamente nunca barullo.

Con 283 habitaciones, 52 suites y siete restaurantes y bares, es un hotel de dimensiones considerables que consigue sentirse como algo mucho más privado. Fuera queda el Pekín vertical y futurista; dentro comienza una interpretación contemporánea de una China mucho más antigua.

Un espacio muy abierto que incita a levantar la mirada.

Un espacio muy abierto que incita a levantar la mirada. Rosewood Beijing

Reinterpretando la tradición

BAR Studio, responsable del concepto y los interiores, tomó como referencia los jardines clásicos chinos y el siheyuan, la vivienda tradicional organizada alrededor de un patio.

No se trataba de reproducirlos literalmente, sino de trasladar sus principios a un lenguaje actual mediante la sucesión de espacios, las perspectivas, la conexión entre interior y exterior y una paleta de materiales donde piedra, seda y madera tallada dialogan con mobiliario contemporáneo y arte chino.

El resultado evita deliberadamente la decoración temática. El sense of place, una de las señas de identidad de Rosewood, aparece de manera sutil: en los cuadros, los objetos, los libros... Más que recrear una China del pasado, el hotel propone la imagen de una sofisticada residencia pequinesa reinterpretada desde el presente.

Un diseño que te hace sentir un espacio sumamente íntimo.

Un diseño que te hace sentir un espacio sumamente íntimo. Rosewood Beijing

Apartamento pekinés

Esa filosofía alcanza también las habitaciones. Las categorías de entrada rondan ya los 50 metros cuadrados y una Premier Room, de aproximadamente 55, puede sentirse más como un pequeño apartamento que como una habitación convencional.

Hay libros apilados, arte, piezas decorativas, muebles de diseño, un amplio baño y rincones pensados para permanecer, no únicamente para dormir. El efecto es doméstico sin resultar informal y conserva suficientes referencias asiáticas para mantener la personalidad del lugar.

Las maderas conforman un espacio muy contemporáneo para pasearlo con calma.

Las maderas conforman un espacio muy contemporáneo para pasearlo con calma. Rosewood Beijing

No hay sensación de habitación genérica preparada para el siguiente huésped. En una ciudad de la escala y la intensidad de Pekín, disponer de un espacio que enseguida empieza a sentirse propio acaba siendo parte importante de la experiencia.

Un refugio en Pekín

Rosewood Beijing no está junto a la Ciudad Prohibida ni rodeado de hutongs. Ocupa el Jing Guang Centre, en pleno Central Business District de Chaoyang y directamente frente a la torre CCTV. Alrededor predominan oficinas, grandes avenidas y arquitectura contemporánea.

Más que un hotel desde el que salir a pasear por el Pekín histórico, funciona como un lugar al que regresar después de recorrer una metrópolis inmensa.

Las suites amplias que recrean un refugio dentro del hotel.

Las suites amplias que recrean un refugio dentro del hotel. Rosewood Beijing

Cartografía gastronómica china

La gastronomía es uno de los puntos fuertes del hotel. En lugar de limitarse a acumular restaurantes internacionales, buena parte de su oferta recorre diferentes tradiciones culinarias del país.

Rosewood Beijing cuenta con siete restaurantes y bares, entre ellos The House of Dynasties y Country Kitchen, una oferta que recorre desde la cocina cantonesa y los sabores del norte de China hasta el hot pot, propuestas más internacionales y espacios de coctelería con vistas sobre la ciudad.

Country Kitchen es probablemente uno de los espacios que mejor resume el espíritu del hotel, una opción real pekinesa. Tiene cocina abierta, horno de leña, noodles elaborados a mano, dumplings, pato pekinés y recetas regionales, pero lo verdaderamente interesante es su ambiente. Resulta fácil olvidar que uno continúa dentro de un gran hotel internacional.

El dinamismo de la cocina abierta le otorga rock and roll a la experiencia.

El dinamismo de la cocina abierta le otorga rock and roll a la experiencia. Rosewood Beijing

Las mesas se llenan también de comensales locales, los patos se preparan a la vista y el restaurante tiene la energía de un lugar con vida propia. Por momentos parece más un restaurante encontrado en alguna calle de Pekín que uno de los espacios gastronómicos de un cinco estrellas.

Red Bowl ofrece una versión completamente diferente mostrando el lado nocturno del hot pot. La iluminación rojiza crea una atmósfera nocturna, ligeramente clandestina y casi sexy alrededor de una de las comidas más sociales de China.

Un hot pot en el país que surgieron los hot pots y que tanto se dejan ver ahora por muchos rincones.

Un hot pot en el país que surgieron los hot pots y que tanto se dejan ver ahora por muchos rincones. Rosewood Beijing

Carnes, pescados, mariscos y verduras se cocinan en los caldos que hierven en la propia mesa. Barra, mesas y salones privados completan un espacio que consigue llevar el hot pot hacia un lenguaje contemporáneo sin perder su carácter colectivo.

Incluso el desayuno tiene peso propio. Rosewood mantiene su fórmula habitual de semibuffet combinado con carta, aunque aquí la selección resulta especialmente abundante. Preparaciones occidentales conviven con especialidades asiáticas y platos elaborados al momento, una opulencia que tiene más que ver con la generosidad que con la ostentación.

El perfecto desayuno colocado casi de forma milimétrica a vista de pájaro.

El perfecto desayuno colocado casi de forma milimétrica a vista de pájaro. Rosewood Beijing

Una piscina tropical

Si la gastronomía constituye una de las grandes sorpresas del hotel, la piscina es probablemente la otra. Situada en la sexta planta, la zona acuática ocupa alrededor de 830 metros cuadrados e incluye piscina interior climatizada y jacuzzi. La rodean vegetación y obras del artista chino Liyongfei, mientras una gran cubierta acristalada deja entrar la luz natural.

El resultado tiene algo de jardín tropical urbano. Aunque está completamente cubierta, la abundancia de cristal y vegetación crea por momentos la sensación de encontrarse al aire libre. En una ciudad como Pekín, el efecto resulta especialmente llamativo. No es frecuente encontrar piscinas interiores realmente memorables en grandes hoteles urbanos y esta lo consigue.

La disposición de los elementos configura un espacio abierto por el que moverse.

La disposición de los elementos configura un espacio abierto por el que moverse. Rosewood Beijing

La piscina forma parte del área de bienestar, donde Sense Rosewood Spa completa la experiencia con tratamientos corporales y faciales.

El spa mantiene el tono sereno del hotel y ofrece un paréntesis necesario después de recorrer una ciudad que exige bastante físicamente. Aquí un tratamiento corporal o un masaje acaba funcionando menos como un añadido que como una prolongación natural de la estancia.

Un club privado

La vertiente residencial alcanza quizá su expresión más completa en Manor Club, reservado a determinadas habitaciones Club y suites. Más que el típico executive lounge, se aproxima a un pequeño club social privado.

La amplitud y la madera siguen vigentes en todos los rincones del hotel.

La amplitud y la madera siguen vigentes en todos los rincones del hotel. Rosewood Beijing

Hay comida y bebida durante distintos momentos del día. Salones, billar, terraza y espacios pensados simplemente para quedarse. Su ambiente es más social que corporativo y algunos miembros externos al hotel tienen también acceso, lo que contribuye a que el lugar tenga vida propia y conserve cierto aire reservado.

Un hotel que invita a salir

Por muy cómodo que resulte quedarse dentro, Rosewood Beijing también invita a descubrir la ciudad. Entre sus experiencias aparecen recorridos por los hutongs, visitas a mercados, encuentros con artesanos y actividades relacionadas con tradiciones como la caligrafía. La intención es clara: que el hotel funcione como punto de partida para explorar Pekín.

Abierto en octubre de 2014 como la primera propiedad de Rosewood en China, el hotel resume bien una de las fortalezas de la marca: crear hoteles reconocibles entre sí sin repetir la misma fórmula. En Pekín, esa identidad adopta acento local a través de la piedra, la seda y la madera, el arte contemporáneo, la gastronomía china y las referencias a los antiguos patios tradicionales.

Fuera espera uno de los Pekines más futuristas. Dentro, la sensación inesperada de volver a casa.