Publicada

Tocar el fin del mundo a veces requiere un viaje más corto del que imaginamos. A apenas 45 minutos del aeropuerto de San José del Cabo, el bullicio de esta zona se diluye y el paisaje comienza a ser el único protagonista. Allí, donde la arena árida de Baja California Sur se rinde ante el mar de Cortés y la Sierra de la Laguna vigila a sus espaldas, ocurre un milagro geográfico: un estuario de agua salobre abrazado por palmeras que desafían la sequedad.

En este rincón indómito, Aman ha inaugurado su primera casa en México. La han bautizado Amanvari, tejiendo dos vocablos sánscritos que no pueden definir mejor el lugar: paz y agua. Dieciocho casitas. No hay más hotel que ese.

La elección no fue un capricho geográfico. Diego Lozano, director general del hotel, cuenta a Destinos que Aman llevaba tiempo buscando destinos capaces de ofrecer "una perspectiva alejada de lo esperable" y encontró aquí una convergencia difícil de repetir: mar, desierto, estuario y montaña en el mismo plano.

Las Beachfront Casitas se abren directamente al mar de Cortés

Las Beachfront Casitas se abren directamente al mar de Cortés Amanvari

No viene a conquistar

El hotel abrió sus puertas el pasado 3 de agosto con un proyecto firmado por Elastic Architects, tras las primeras pinceladas de Heah & Co., que arranca de una premisa sencilla: el refugio empieza justo donde el desierto se encuentra con el agua.

Desde la llegada, el recorrido baja hacia la laguna central y sigue bajando hasta la arena. Dentro ocurre lo mismo, con las ventanas colocadas para que el cielo y el mar se metan en las habitaciones casi sin pedir permiso.

Los materiales son pocos y ceden todo el protagonismo al enclave. "Madera de iroko, piedra caliza Champagne con los colores de Baja, mármol Vermont y un granito Caledonia Black elegido por una razón tan concreta como bonita: refleja el cielo", explica Lozano.

El mar de Cortés marca el horizonte de Amanvari, el primer hotel de Aman en México

El mar de Cortés marca el horizonte de Amanvari, el primer hotel de Aman en México Amanvari

Otro de los puntos de diseño más relevantes llevó cerca de mil horas de trabajo. Ese es el techo del bar de Casa Grande, el atrio al aire libre elevado sobre el agua que hace de corazón del hotel.

Allí, Abi y Luisa Calvete, de EXTRA NEUTRO, moldearon capa a capa una cúpula en relieve que se descubre levantando la vista desde la barra. La luz resbala por ella distinta según la hora, así que, dice Lozano, "nunca se experimenta dos veces igual".

Dieciocho casitas y ninguna mira hacia el mismo sitio

El hotel, en vez de articularse en un gran edificio, se ha elevado con casitas salpicadas dentro de distintos lugares de la propiedad. Algunas se esconden entre el palmeral, otras otean el mar de Cortés y la sierra, mientras que cuatro se levantan sobre el estuario y dos pisan directamente la arena.

Todas miden lo mismo, 82 metros cuadrados, y todas ellas viven con las miras puestas al exterior. Lo realmente importante aquí son sus terrazas de hasta doscientos metros, una chimenea al aire libre, ducha exterior y una piscina climatizada de diez metros de largo para una sola casa, tan apetecible como fotografiable.

Dentro, siguen los tonos de la arena. Hormigón blanco alisado a mano, piedra, maderas tropicales, cerámica de encargo y obra original de artesanos mexicanos.

Algunas suman piscina climatizada, chimenea exterior y el palmeral como horizonte.

Algunas suman piscina climatizada, chimenea exterior y el palmeral como horizonte. Amanvari

"La escala íntima de Amanvari es un elemento fundamental de la experiencia del huésped, se percibe una gran sensación de privacidad y amplitud" apunta su director. Con tan pocas llaves, además, el hotel puede permitirse improvisar. Lozano dice que el equipo trabaja para "dar forma a la experiencia según los intereses y el ritmo de cada uno", lo que en la práctica significa que cabe el huésped que madruga para devorar kilómetros y el que decide no moverse de su terraza.

Baja, a la mesa

Al igual que sucede en otros hoteles de la marca, la propuesta gastronómica es otra de sus puntas de lanza. Para esta apertura, la cadena ha contado ya con algunos de sus estandartes. Arva es el más evidente.

Formato propio de la marca, cocina italiana regida por la cucina del raccolto —la de guisar lo que se acaba de recoger, entre clásicos y platos de autor—, repetido en las casas de Aman a miles de kilómetros de Baja. Ocupa el interior de Casa Grande, frente al mar.

El Lounge Bar mira al mar y trabaja una coctelería ligada también al producto de Baja California

El Lounge Bar mira al mar y trabaja una coctelería ligada también al producto de Baja California Amanvari

Sesui hace algo parecido en clave japonesa, pero montado al aire libre y directamente sobre la arena: sashimi, tempura, especialidades a la brasa, además de una barra omakase de diez plazas en la que el menú lo decide el chef con lo que haya entrado ese día.

El que no podría trasladarse a ningún otro sitio es Luma. Está a pie de playa, con el mar delante y la sierra al fondo, y deja que el fuego haga casi todo el trabajo. Por allí pasan marisco, carnes y verdura de temporada acariciados por las brasas, dando lugar a platos de cocina costera mexicana ideales para compartir.

Sesui lleva el producto de Baja al terreno japonés

Sesui lleva el producto de Baja al terreno japonés Amanvari

Detrás de los tres está el chef ejecutivo Daniel Camacho, que trabaja el producto de temporada de la península guiado, según Lozano, "por la historia que hay detrás de cada ingrediente".

Viaje el plato adonde viaje, la despensa se queda cerca: granjas regionales, pesquerías locales, productores repartidos por Baja California Sur y una coctelería que en el Lounge Bar tira también de producto de la zona.

Temazcal en el spa

El spa ocupa nada menos que 660 metros cuadrados y bajo un mismo techo, reúne seis suites de tratamiento, dos casas de hidroterapia, una con banya -sauna tradicional rusa-, otra con hammam y cada una con su poza fría y su poza caliente. Además de gimnasio abierto las 24 horas, estudio de yoga y pilates, pabellón exterior y salón de belleza con head spa.

El temazcal de Amanvari es el primero que la marca incorpora a uno de sus spas

El temazcal de Amanvari es el primero que la marca incorpora a uno de sus spas Amanvari

En el centro de todo eso hay un temazcal, y es la primera vez que Aman incorpora uno. El baño de vapor que las culturas mesoamericanas llevan siglos usando para purificarse y curarse está aquí metido en un jardín desértico privado, con una poza fría justo al salir y una zona amplia para quedarse tumbado después.

Lozano insiste en que se trataba de honrar la tradición e introducirla "de una manera que siga conectada con su origen". De ahí lo más revelador de todo el asunto ya que las ceremonias no las dirige el personal del hotel, sino un chamán local, para que la práctica se aborde "con conocimiento y respeto".

El paisaje fuera del hotel

Buena parte del interés de este tramo de Baja está también ahí fuera. Amanvari ocupa una esquina de Costa Palmas, una finca privada de seiscientas hectáreas con campo de golf de Robert Trent Jones II, marina de aguas profundas, cuatro kilómetros de playa y una huerta ecológica que surte parte de la despensa.

Hay más. Desde el hotel se organizan incursiones a la Sierra de la Laguna, rutas a caballo que encadenan costa, estuario y desierto, y caminatas guiadas.

Costa Palmas cuenta con kilómetros de playa

Costa Palmas cuenta con kilómetros de playa Amanvari

El mar abre el resto: salidas privadas en barco, navegación y excursiones a Cabo Pulmo, parque nacional marino cuyo arrecife está protegido por la Unesco y es uno de los sistemas coralinos más vivos del Pacífico mexicano. En determinadas épocas del año también se sale a ver ballenas.

La apertura no es un movimiento aislado. Amanvari inaugura una tanda americana que seguirán Aman Miami Beach, Aman Beverly Hills, Amancaya —en las islas Exuma, Bahamas— y Amansanu, en el Texas Hill Country. La marca, nacida en 1988 con Amanpuri, suma ya 36 hoteles, resorts y residencias en 21 destinos.

Pero al final, como resume su propio director, la magia de este rincón no se explica con cifras ni aperturas, sino con la abrumadora sensación de comprender hasta qué punto están conectados el desierto, las montañas y el mar de Cortés.