La Ibiza más conocida parece mirar hacia otras zonas. Hacia las calas que salen en todas partes, los grandes restaurantes y una noche que ha dado fama internacional a la isla. Sin embargo, basta conducir en dirección contraria para descubrir un paisaje que responde a otra manera de ver la isla.
En el norte, las carreteras se estrechan entre pinos y montañas, campos de tierra rojiza, bancales de piedra y casas encaladas. Los pueblos son pequeños y aquí, el Mediterráneo, aparece entre acantilados, casetas de pescadores y calas a las que no siempre resulta sencillo llegar. Y es allí donde se vive de otra manera, mucho más pausada, salvaje a momentos y completamente diferente al resto.
La otra Ibiza
Gran parte de este territorio pertenece a Sant Joan de Labritja, el municipio menos habitado de Ibiza, donde se extiende parte de Es Amunts, una zona de gran valor natural marcada por montes, torrentes, acantilados y una costa más abrupta que la de otros puntos de la isla. La zona es guardiana de calas y playas como Xarraca, Xuclar, Benirràs, Es Caló d’en Serra o Aigües Blanques. Algunas conservan casetas de pescadores, otras quedan rodeadas por pinares y acantilados bajos. No son ya secretas, pero sí que es cierto que mantienen un ritmo muy diferente a los demás arenales de la isla.
En el norte de Ibiza el mar se une con acantilados escarpados
El interior suma pequeños núcleos como Sant Joan, Sant Llorenç o Sant Miquel, mercados de artesanía y una gastronomía que permite alternar lo más tradicional con propuestas contemporáneas. Junto al mar siguen mandando los arroces, el pescado fresco y platos como el bullit de peix o el guisat de peix, presentes en direcciones como Can Gat, Port de Balansat o Pou des Lleó.
Hay opciones más creativas. Casa Lhasa se ha convertido en lugar de peregrinación para aquellos que buscan cocina de mercado y vinos naturales. En Es Figueral, Nudo aporta una mirada más creativa y viajera a un antiguo chiringuito de playa, con varios ex Noma trabajando allí.
Portinatx, entre el bosque y el mar
Portinatx es uno de los pocos núcleos turísticos de esta parte de Ibiza. Se asienta en un tramo de costa escarpada y es otra de las maravillas ibicencas. Allí ya suenan desde hace años emblemas como Los Enamorados, frente al pequeño puerto, mezcla hotel, restaurante, bar y tienda.
Desde aquí también parten senderos hacia el faro des Moscarter y se accede a algunas de las calas más bellas del norte. Es precisamente aquí donde acaba de abrir Nômade Temple Ibiza, la nueva y ambiciosa incorporación del grupo que nació en México y que ya cuenta con proyectos en Tulum, Holbox y Madrid. Apenas lleva un mes funcionando, pero lo sorprendente es que nada transmite provisionalidad.
El faro de Portinatx domina la vista de esta zona del norte de Ibiza
Al contrario, todo parece haber encontrado ya su sitio. Más que un hotel, el proyecto se plantea como un pequeño universo donde arquitectura, gastronomía, música, bienestar y vida exterior funcionan de manera conectada. La idea es recuperar algo de aquella Ibiza libre y creativa que durante décadas atrajo a artistas, músicos e inconformistas, pero traducida a un lenguaje contemporáneo, sofisticado y muy consciente del paisaje.
Una fantasía arquitectónica frente al mar
La llegada produce ya un placer visual. El hotel se despliega como una pequeña población construida en diferentes niveles, con patios, arcos, terrazas y volúmenes escalonados. Por momentos recuerda a la arquitectura tradicional mediterránea, en otros, sus tonos terracota y sus formas monumentales trasladan inevitablemente a Marruecos. Piedra blanca, madera de sabina, fibras naturales y cerámica artesanal construyen un lenguaje que toma referencias de la Ibiza bohemia de los años setenta, pero evita la tentación de disfrazarse de postal hippie.
Nômade Temple Ibiza se integra en el paisaje entre piedra, vegetación y terrazas escalonadas
Su gran piscina domina buena parte del conjunto y se abre hacia el Mediterráneo y el faro de Portinatx. No cae directamente sobre el mar, pero el agua parece prolongarse hacia él, especialmente cuando se contempla desde las camas que la rodean. Tejidos nobles y una vegetación todavía joven, que irá creciendo hasta integrarse por completo en la arquitectura, terminan de construir ese concepto de barefoot luxury tan difícil de conseguir: un lujo relajado, sin rigidez, pero con cada detalle perfectamente medido.
Un hotel grande que no lo parece con una cala al final del camino
Nômade Temple Ibiza cuenta con 182 habitaciones, suites, estudios, lofts creativos y villas privadas. El número podría hacer pensar en un complejo masivo, pero la distribución en edificios, patios y diferentes alturas fragmenta el espacio y evita que el huésped perciba realmente sus dimensiones. Las habitaciones mantienen el mismo lenguaje del resto de la propiedad: iluminación tenue, tonos arena, madera, tejidos naturales y algunos detalles que recuerdan a aquella Ibiza de otros años, aunque pasados por el filtro de un diseño más sofisticado.
Las habitaciones reinterpretan la Ibiza bohemia con materiales naturales y detalles contemporáneos
Desde la piscina, un recorrido de escaleras y terrazas desciende hacia una pequeña cala. No es privada, porque ninguna playa española puede serlo, pero el acceso casi directo desde el hotel y su ubicación hacen que se sienta como un pequeño secreto compartido por muy pocos. La bajada permite entender mejor la relación del proyecto con el paisaje. El hotel no se organiza alrededor de un único edificio, sino como una sucesión de niveles que acompañan la pendiente natural hasta acercarse al agua. Desde algunos rincones, el Mediterráneo aparece de pronto entre pinos y terrazas.
El hotel dispone de acceso directo a una pequeña cala escondida entre pinos y roca
La programación refuerza ese vínculo con el exterior mediante sesiones de respiración, prácticas de kundalini, meditaciones flotantes al atardecer y observaciones astronómicas con telescopio junto a la piscina.
Tres restaurantes para recorrer el día
La gastronomía es uno de los pilares de Nômade Temple Ibiza y está coordinada por el chef ejecutivo Hugo Sabater. La propuesta se divide en tres conceptos con identidades suficientemente diferenciadas como para permanecer varios días en el hotel sin repetir experiencia. Y lo cierto es que una vez se prueban y aunque la isla tenga múltiples reclamos gastronómicos, no apetece ni salir del hotel.
Los volúmenes terracota y los grandes arcos definen la identidad arquitectónica del hotel
Tavla, escrito con uve, es el restaurante más versátil y el lugar donde se sirve el desayuno. El grupo lo define como la “Mesa de los Viajeros”, una cocina construida a partir de una idea sencilla: los productos, las recetas y los sabores siempre han cruzado fronteras. La carta combina el Mediterráneo con la influencia latinoamericana ligada a los orígenes argentinos de la propiedad y a sus primeras aperturas mexicanas, donde sirve ensaladas, ceviches, tacos, pizzas, pescados, carnes a la parrilla...
4FU3GOS desciende entre pinos hasta una cala casi secreta de Portinatx
Unos cuantos niveles más abajo aparece 4FU3GOS, el espacio más espectacular de la propuesta. El restaurante se ubica en terrazas frente a la cala, entre árboles, mesas de madera y vistas a un mar de un azul que resulta imposible dejar de fotografiar. La cocina se centra en el producto local, la pesca del día y el fuego. En la carta figuran la gilda ibicenca de atún rojo, la albacora soasada con ajoblanco de coco, una fantástica gamba cruda con aguachile cremoso, los berberechos al limón o las espardenyes con holandesa de sobrasada.
Kuu Jū combina técnica japonesa y producto local en un omakase cambiante.
En la parte alta del hotel, Kuu Jū propone el formato más íntimo. Su barra omakase combina técnica japonesa y producto ibicenco en un menú cerrado y cambiante, en el que pueden aparecer pescados locales, hierbas de la isla, cítricos y caldos elaborados expresamente para cada pase. El propio nombre resume el concepto: Kuu alude al espacio y al vacío, mientras Jū introduce la idea de fluidez. No busca trasladar Japón literalmente a Ibiza, sino trabajar desde sus técnicas sin perder de vista el lugar, como ocurre con el nigiri de gamba roja de Ibiza y el de sirvia local o con bocados como un gyoza de guiso de calamar con sobrasada.
Un spa bajo tierra, Café, conversación y una puerta inesperada
Bajo el hotel, GÖN House of Healing ocupa 810 metros cuadrados inspirados en las cuevas del norte de Ibiza. El agua articula sus circuitos térmicos y tratamientos, que comienzan eligiendo aceites elaborados con plantas y aromas vinculados a la isla, como lavanda o romero.
Café Libre ocupa uno de los espacios centrales de la propiedad y quiere ser algo más que una cafetería de hotel. Al frente está Filippo, italiano, barista y heredero de una familia dedicada a la pastelería y a un café literario en su país. Su idea une “la cafetería italiana para despertar y la española para compartir”. Hay café de especialidad, infusiones, chai, repostería artesanal y propuestas nutritivas, pero también una gran mesa que anima a conversar y a relacionarse con el espacio de otra manera.
Café Libre combina café de especialidad, repostería artesanal y conversación sin prisas
Filippo lo resume con una frase que explica bien el espíritu del lugar: “Buenos cafés, buenos postres y vulnerabilidad”. En apenas unas semanas, asegura, alrededor de esa mesa ya ha habido conversaciones, risas y alguna lágrima. Su máxima es igualmente rotunda: “El amor nos guía y la técnica nos da confianza”.
Cerca se encuentra Bazaar, una tienda inspirada en los mercados tradicionales de Estambul y los zocos marroquíes, con moda, artesanía y objetos de diseño. También está Nômade Studio, un estudio de grabación profesional para artistas residentes y productores. Pero la sorpresa llega detrás de una puerta que fácilmente podría pasar inadvertida.
Dante’s HiFi+ esconde un bar audiófilo inspirado en su célebre sede de Miami
Al cruzarla aparece Dante’s HiFi+, la sede ibicenca del conocido bar audiófilo de Miami. La luz se vuelve roja, las paredes se llenan de vinilos y el hotel cambia por completo de registro. Abierto hasta las dos de la madrugada, combina sesiones musicales, cócteles y una poderosa cultura del sonido. Es la última parada de un recorrido que puede comenzar con una meditación, continuar con un baño en la cala y terminar escuchando discos sin haber salido del hotel.
Nômade Temple Ibiza quiere recuperar la isla libre, creativa y ligeramente indómita que convirtió el norte en territorio de artistas e inconformistas. Puede parecer una promesa ambiciosa para un hotel recién abierto, pero lo sorprendente es que no se percibe como una declaración de intenciones. La arquitectura impresiona, la gastronomía está a la altura y el servicio consigue algo más difícil, que un proyecto de esta escala se sienta cercano.