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Cuando cae la noche, el Marbella Club muda de piel. Y es que el hotel de la milla de oro marbellí esconde uno de los restaurantes más especiales de toda la Costa del Sol. En su bucólico jardín la luz del sol empieza a apagarse, la suave brisa del Mediterráneo se cuela entre los pinos y las mesas de El Grill comienzan a iluminarse.

Se encienden las velas que ya son un icono en los troncos de esos árboles y, entre bambalinas, empieza una coreografía milimétrica de camareros con chaquetas blancas cruzando la terraza, el sutil tintineo de la plata y las campanas que esconden los platos, y el murmullo de conversaciones en mil idiomas. La noche acaba de empezar y estamos rodeados de lujo y exclusividad en una de sus codiciadas mesas.

El propio restaurante cuida mucho la puesta en escena con manteles y lámparas de tenue luz.

El propio restaurante cuida mucho la puesta en escena con manteles y lámparas de tenue luz. Marbella Club

No se llega a El Grill por accidente. Tampoco es una simple coordenada para carnívoros, aunque sus brasas y magníficos cortes de carne justifiquen el viaje. Estamos ante un lugar suspendido en ese tiempo que parece ya casi no existir y que se resiste a la modernidad de mesas sin mantel. Aquí no hay estridencias ni shows mientras se cena; hay servicio clásico, una bodega impresionante y una carta para disfrutar a lo grande.

El hotel que inventó Marbella

Antes de ser uno de los grandes hoteles del Mediterráneo, el Marbella Club fue una finca. La antigua Finca Santa Margarita, una propiedad junto al mar que Alfonso von Hohenlohe convirtió en hotel en 1954. Aquel primer Marbella Club tenía apenas una veintena de habitaciones, comedor y bar. Lo demás llegó después. Al tiempo también los apellidos europeos, las estrellas de cine, los empresarios, los veranos largos y esa mezcla de lujo relajado y vida social que terminó colocando a Marbella en el mapa internacional.

El hotel se ubica en la antigua finca de Alfonso von Hohenlohe, rodeado de un sentimiento hogareño. Marbella Club

El hotel se ubica en la antigua finca de Alfonso von Hohenlohe, rodeado de un sentimiento hogareño. Marbella Club Marbella Club Hotel

Durante años, el hotel fue casi una casa privada para una determinada forma de entender las vacaciones. Pero nada de lujo ostentoso: más jardín que mármol, más Mediterráneo y más noches largas que ostentación pura. Por allí pasó la jet set que construyó buena parte del imaginario de la Costa del Sol, con esa Marbella que miraba a la Costa Azul pero que era diferente.

Si el propio hotel es un adalid del lujo relajado con sus piscinas, un beach club o la extensa Finca Ana María, una de sus últimas incorporaciones, también es un destino gastronómico de primer nivel. Y lo es con diferentes espacios que van de MC Beach a The Beach Club, de los desayunos de terraza y las cenas en El Patio, a las noches de Rudi’s, el mítico bar del hotel. Y, por supuesto, con El Grill, que ocupa un lugar muy concreto dentro del hotel: la cena más clásica y más especial del Marbella Club.

El código de la elegancia

El Grill solo abre por la noche y eso ya marca el tono. No es un restaurante para pasar a mediodía después de la playa; se viene a cenar. Y ese verbo, aquí, tiene más peso del habitual. La propia casa mantiene un código de vestimenta que deja fuera pantalones cortos, camisetas, ropa deportiva o zapatillas. Dicho así puede sonar rígido, incluso un poco de otra época, pero cuando uno llega y ve la terraza iluminada, los manteles, las chaquetas blancas y las mesas bajo los pinos, todo tiene sentido.

El Grill sigue manteniendo un estricto código de vestimenta entre sus clientes y también con el servicio.

El Grill sigue manteniendo un estricto código de vestimenta entre sus clientes y también con el servicio. Marbella Club

El propio Alfonso von Hohenlohe decía que vestirse para cenar era una forma de quitarse las preocupaciones del día y entrar en otro estado de ánimo, en un estado de relajación. Y así es como da la bienvenida a sus comensales El Grill.

La parrilla como centro de la propuesta

Su oferta gastronómica navega por un recetario de lujo clásico donde no hay espacio para inventos. Ostras con mignonette de Jerez, caviar con blinis y crema agria, foie gras, salmón ahumado de la casa, ensalada de bogavante, cangrejo real, carabinero a la plancha con salsa Nantua o un steak tartare de solomillo que se termina a la vista del cliente.

Son platos que fían su éxito a una materia prima intachable y a una ejecución con la precisión que requieren. Todo ello sumado a una puesta en escena casi teatral, en la que los camareros, de rigurosa chaqueta blanca, sirven los platos bajo campanas que se alzan de forma sincronizada.

El producto, y sobre todo la carne al fuego, son la seña de identidad de un restaurante que apuesta por el sabor.

El producto, y sobre todo la carne al fuego, son la seña de identidad de un restaurante que apuesta por el sabor. Marbella Club

Pero es frente al fuego, ese dominio de Roque, el mítico parrillero que sigue la estela de su padre, donde el restaurante despliega su verdadera esencia. La selección de cortes es un deleite para carnívoros: Châteaubriand con bearnesa, sirloin madurado, entrecot Simmental con hueso al estilo Roque, chuleta de Frisona, el codiciado T-bone Black Angus USDA Prime o un soberbio ribeye de wagyu chileno MB8. ¿De guarnición? Patatas soufflé bajo encargo, pasta gratinada con trufa o parrillada de verduras, entre muchas otras.

Más allá de la carne, los pescados y mariscos a la brasa —rodaballo con salsa Café París, bogavante nacional con salsa de champagne o vieiras con salsa de suquet— y las elaboraciones de corte clásico, como el pato a la naranja, el solomillo con salsa de morillas o un fabuloso Wellington para dos, confirman la filosofía de la casa: aquí se viene a comer francamente bien.

El parrillero Roque Juarez sabe lo que se hace porque ante que él, fue su padre el dueño de este lugar.

El parrillero Roque Juarez sabe lo que se hace porque ante que él, fue su padre el dueño de este lugar. Marbella Club

El remate dulce sigue ese mismo estilo clásico. Desde soufflés al gusto hasta la ya icónica mousse de chocolate Marbella Club, sin olvidarse de una tarta Alaska con pistacho que flambean al momento o de la tarta de manzana asada.

Una bodega con mucho que decir

El vino merece también buena parte de la atención. Aquí, la bodega no funciona como un simple listado de referencias para acompañar los platos, sino más bien como una extensión natural del restaurante. Al frente está Ángel González Garrido, responsable global de sumillería del grupo Marbella Club y sumiller de El Grill, con casi 35 años de oficio y reconocido entre los mejores sumilleres de España.

En un local con el prestigio de El Grill, la bodega se ha convertido en el corazón de su oferta gastronómica.

En un local con el prestigio de El Grill, la bodega se ha convertido en el corazón de su oferta gastronómica. Marbella Club

La bodega, además, tiene algo de gabinete de curiosidades. Allí no solo se guardan botellas; también hay libros, herramientas, pequeños objetos vinculados al vino y hasta cajones con distintos tipos de tierra, raíces de vid y útiles biodinámicos que ayudan a contar de dónde viene cada referencia. Antes de beber, uno puede ver y tocar una parte del paisaje del que nace el vino.

Ángel González Garrido lleva 35 años sirviendo los vinos que son una seña de identidad del restaurante.

Ángel González Garrido lleva 35 años sirviendo los vinos que son una seña de identidad del restaurante. Marbella Club

Las modas irán cambiando y Marbella ya ha mutado infinidad de veces desde aquellos veranos de los años cincuenta. Pero cuando cae la noche, se encienden las velas y la sala entra en movimiento, Marbella vuelve, por unas horas, a sentirse como aquel refugio que enamoró a Alfonso von Hohenlohe y que el conde Rudi ayudó a convertir en leyenda.