No es necesario pasar mucho tiempo en Helsinki antes de ser conscientes de que, entre las características que mejor definen a este país nórdico, se halla su pasión por el diseño.
Un factor que lleva siendo parte de la forma de vida de los finlandeses desde hace décadas, cuando logró democratizarse y alcanzar muchos hogares del país con objetos y mobiliario que, no solo destacaban por su estética, sino también por su funcionalidad.
Pero resulta que aquí, más allá de lo doméstico, el diseño alcanza también lo cotidiano. Por eso Helsinki es una muestra tan clara de esta realidad: en la capital nórdica una biblioteca puede funcionar como un auténtico salón de barrio, un parque infantil está pensado para ser accesible y acogedor, una parada de tranvía puede convertirse en parte del paisaje urbano y hasta los servicios municipales se diseñan desde las necesidades de quienes los utilizan.
El diseño se amolda a lo cotidiano como una forma de crear espacios para que la gente sea feliz.
Esta relación entre diseño y vida cotidiana tiene una larga historia y ayuda a entender por qué Helsinki fue elegida Ciudad Mundial del Diseño en 2012.
Los nombres que marcaron el camino
Uno de los responsables de esta revolución que supo unir a Helsinki con el diseño, traspasando las fronteras del país, fue Alvar Aalto, arquitecto y diseñador que, junto a su esposa Aino Aalto, llevó el funcionalismo hacia un terreno más humano, introduciendo en sus propuestas formas orgánicas y materiales naturales.
En 1935, ambos fundaron Artek junto a Maire Gullichsen y Nils-Gustav Hahl con un propósito que iba más allá de vender muebles: promover una nueva cultura de vida en Finlandia a través de la combinación de arte, arquitectura y tecnología. Su pieza más democrática quizá fue también la más sencilla: el Stool 60, diseñado por Aalto en 1933.
Tres patas de abedul curvado y un asiento circular crearon un taburete que puede servir igualmente de asiento, de mesita auxiliar o incluso de pequeña estantería. Lo increíble es que se fabrica ininterrumpidamente desde hace más de 90 años y apenas ha cambiado, precisamente, gracias a esa versatilidad y sencillez que hace que siga formando parte de hogares, escuelas y espacios públicos.
El Stoll 60 convierte algo que parece a priori sencillo, en un elemento que lleva casi un siglo siendo ejemplo de arquitectura cotidiana.
La historia de Aalto también está detrás de otra de las imágenes inseparables del diseño finlandés: el jarrón Aalto de Iittala, por ejemplo, creado a partir de un concurso de diseño de vidrio en 1936 y presentado internacionalmente en la Exposición Universal de París de 1937. Con el tiempo se convirtió en uno de los objetos de vidrio más reconocibles del siglo XX: aún hoy se fabrica cada ejemplar mediante soplado en la fábrica de la marca.
Con Marimekko, sin embargo, entró en escena el color. Fundada en Helsinki en 1951, la firma revolucionó el textil finlandés con sus estampados grandes, atrevidos y reconocibles, convirtiendo vestidos, cortinas e incluso vajillas en auténticas declaraciones de estilo.
Demostró así que funcionalidad y alegría no son conceptos opuestos, y que una prenda, una taza o un mantel pueden cumplir perfectamente su cometido y, al mismo tiempo, aportar vitalidad y personalidad a la vida cotidiana.
Marimekko y sus bolsos estampados de lo más llamativo.
Un paseo por el diseño
Y ahora sí: después de conocer los nombres y piezas que han convertido el diseño finlandés en un referente internacional, toca comprobar cómo esas ideas son adaptadas e instaladas en la propia ciudad. Un lugar idóneo para comenzar a descubrirlo es el Design District, el barrio que concentra la efervescencia creativa de la capital.
Compuesto por varias calles, en ellas se reparten tiendas de diseño, galerías y hasta un museo, el Architecture & Design Museum, nacido en 2024 de la unión del antiguo Design Museum y el Museum of Finnish Architecture, que reúne colecciones y exposiciones de lo más interesantes.
Por Helsinki también se puede pasear con calma y entrar en galerías de arte.
Otra de las paradas imperdibles, claro, es la tienda de Artek, donde los muebles de Alvar y Aino Aalto dejan de ser imágenes de un libro para convertirse en objetos que podemos tocar, probar y, sobre todo, imaginar dentro de nuestra propia casa. Siguiendo la ruta, alcanzamos Esplanadi, uno de los grandes ejes del centro de Helsinki.
Un paseo y parque urbano en la que el diseño se presenta de una manera mucho más comercial. Aquí se hallan las tiendas de Iittala —si es que acaso nos apetece llevarnos a casa una vajilla Teema— o Marimekko, en cuyas estanterías siempre hay alguna pieza adaptable a nuestro bolsillo.
Para más compras debemos acercarnos a Pieni Roobertinkatu, donde se halla Artek 2nd Cycle, que en lugar de muebles recién salidos de fábrica ofrece piezas vintage y de segunda mano. Muy cerca, en Annankatu, Lokal otorga una mirada mucho más contemporánea y artesanal, concentrando galería y tienda con exposiciones que van cambiando y una selección de cerámica y piezas.
Piezas vintage se combinan con una estructura contemporánea.
En Papershop, tienda especializada en papelería, cuadernos y objetos de escritorio, comprobamos cómo incluso algo tan aparentemente sencillo puede convertirse aquí en una pequeña lección de diseño.
Más allá del centro histórico
Tal vez, sin embargo, sea buena idea alejarnos un poco del núcleo comercial para comprender hasta qué punto Helsinki ha convertido también el diseño en una cuestión de utilidad pública. Lo entendemos al llegar a Oodi, la fascinante biblioteca central inaugurada en 2018 frente al Parlamento, cuya espectacular fachada de madera curvada no nos pasa inadvertida.
Aun así, es al entrar cuando entendemos que estamos ante algo mucho más ambicioso: Oodi fue concebida como un gran espacio público para leer, trabajar o crear entre libros, por supuesto, pero también posee salas de trabajo, estudios y espacios abiertos a usos muy diferentes.
Oodi y su amplitud, un punto de referencia para los residentes de la ciudad.
En esta misma línea, se halla también Arabianranta, al norte del centro, donde se encuentra el antiguo complejo industrial de Arabia, convertido hoy en un importante núcleo de diseño, arte y educación. Aquí nació la histórica fábrica de cerámica, fundada en 1873, y el complejo conserva parte de aquella memoria industrial. El Arabia Museum permite, además, conocer su historia y la de sus diseñadores.
Pero, más allá de centrarnos en la búsqueda del diseño en objetos y edificios, en Helsinki también es buena idea alzar la mirada para ver cómo este se relaciona con el paisaje. Gracias a la arquitectura de Alvar Aalto, podemos hacer otra lectura de la ciudad con construcciones concebidas para ser utilizadas, pero también para aprovechar la luz, los materiales naturales o la relación con el entorno.
Su huella está presente en diferentes puntos de Helsinki, permitiendo entender cómo aquel funcionalismo que defendía formas sencillas y soluciones prácticas acabó adquiriendo una dimensión mucho más humana.
Una especie de piscina sin límites donde acabar el día de la mejor manera.
Esta misma filosofía, de hecho, la encontramos también en un lugar mucho más inesperado, pues en un país en el que la vida no se entiende sin la sauna, tenían que existir espacios contemporáneos como Löyly, que ha sabido convertir esta tradición en una experiencia arquitectónica: madera o paisaje se integran en un edificio que mira hacia el Báltico.
Y en el centro, ¡sorpresa! Una pequeña capilla, Kamppi Chapel —la Capilla del Silencio—, concebida como un espacio de recogimiento que demuestra que el diseño puede utilizarse incluso para crear un refugio en medio del movimiento urbano.
Otra manera más de demostrar que aplicar el diseño a la vida, lo hace todo más amable.