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Más de 600.000 espectadores han pasado ya por las salas para ver La bola negra. La película, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, ha convertido su llegada en uno de los grandes acontecimientos del año y ha sido elegida por la Academia del Cine para representar al país en los Oscar 2027.

Pero antes de los premios, los festivales y las colas en los cines hubo algo mucho menos visible: un guion y un equipo encargado de encontrar los lugares en los que esas palabras pudieran cobrar vida.

Porque una película también se construye desde sus escenarios. Hay casas que explican a un personaje antes incluso de que hable y espacios que, una vez vistos en pantalla, parecen haber estado esperando durante años a que una cámara llegara hasta ellos.

Los directores del filme y el protagonista, Álvaro Lafuente, compartiendo momentos detrás de cámaras en Comillas.

Los directores del filme y el protagonista, Álvaro Lafuente, compartiendo momentos detrás de cámaras en Comillas. Revolutionary Comunicación

Para La bola negra, ese trabajo estuvo en manos de un amplio equipo de localizaciones liderado por Clara Salvador.

Descubrimos los lugares que, a su juicio, mejor definen la película. Tres destinos muy diferentes entre sí que terminaron convertidos en parte esencial de su universo.

Un pasado común

El primero está en Comillas. Y no es precisamente la foto que suele venir a la cabeza cuando se piensa en la localidad cántabra.

Su equipo encontró allí un edificio contiguo pero perteneciente a la conocida Universidad de Comillas que llevaba tiempo abandonado y lo transformaron en el hospital de sangre de la película.

El paso del tiempo fue el aliado perfecto Clara y su equipo al elegir este enclave.

El paso del tiempo fue el aliado perfecto Clara y su equipo al elegir este enclave. Clara Salvador

Al devolverlo a la vida hubo que empezar por lo más básico: dos meses antes del rodaje, la producción intervino el espacio para retirar la vegetación que lo había ido ocupando.

Para Clara es especial por la propia historia del inmueble, que en su origen también albergó un hospital de sangre. Pero, sobre todo, por su inmensidad y por lo que consiguieron construir allí.

La luz cálida pero tenue que entra desde la ventana lateral refuerza la atmósfera dramática e íntima de la escena.

La luz cálida pero tenue que entra desde la ventana lateral refuerza la atmósfera dramática e íntima de la escena. Revolutionary Comunicación

En este enclave se encuentra, explica, una de las estampas más impactantes de la película desde el punto de vista visual, estético y emocional.

Es una de esas localizaciones en las que el destino deja de ser simplemente el lugar donde transcurre una escena para convertirse en parte de ella.

Conseguido al tercer intento

La segunda localización obligó a mirar mucho más allá de los escenarios que inicialmente tenía en mente el equipo. Los Javis buscaban un teatro de época, bombardeado y en ruinas, que encajara con la historia sin necesidad de grandes ambientaciones.

Primero viajaron hasta Alicante para estudiar una opción. Pero el plan de rodaje no permitía añadir una ciudad más. Después apareció una segunda alternativa: una nave situada en una finca histórica. Tampoco terminó de convencer.

La respuesta estaba en Guadalajara, en el Antiguo Cine Capitol de Sigüenza. Un espacio cerrado desde hacía cerca de cuatro décadas que apareció cuando el inicio del rodaje ya estaba muy próximo.

El hallazgo no significó que todo estuviera resuelto. Para poder rodar allí con seguridad, la producción tuvo que contactar con una empresa de reformas y reconstruir el primer anfiteatro, además de acondicionar el recinto.

Aún en ruinas, se distingue el anfiteatro superior, sostenido sobre la planta baja donde se situaba el patio de butacas.

Aún en ruinas, se distingue el anfiteatro superior, sostenido sobre la planta baja donde se situaba el patio de butacas. Clara Salvador

El resultado es uno de los espacios que Clara considera fundamentales en la película y el escenario de las secuencias protagonizadas por Penélope Cruz como Nené Romero, que califica de icónicas.

También narrativamente. Es allí donde, según explica, la trama consigue romper por un momento su elevada tensión y dejar espacio a un ambiente más distendido, entre las risas de quienes aparecen en escena.

Un destello de plumas y lentejuelas devolviendo la luz a la penumbra de un teatro en ruinas.

Un destello de plumas y lentejuelas devolviendo la luz a la penumbra de un teatro en ruinas. Revolutionary Comunicación

El escenario en construcción

La tercera localización puede parecer, a simple vista, mucho más sencilla. Una casa. Pero precisamente conseguirla implicaba encontrar algo muy concreto: una vivienda particular que estuviera realmente en obras.

Los Javis querían que las escenas de Teresa, el personaje interpretado por Lola Dueñas, transcurrieran en un inmueble que reflejara su personalidad.

Entre paredes desnudas y el humo que se disipa, el peso del pasado se condensa en un silencio compartido.

Entre paredes desnudas y el humo que se disipa, el peso del pasado se condensa en un silencio compartido. Revolutionary Comunicación

Una casa que, en palabras de Clara, hiciera que “cuando la ves, sabes que vive allí”.

El problema era el tiempo. Entre la búsqueda de localizaciones y el inicio del rodaje transcurrían unos cuatro meses, y resultaba complicado encontrar a un particular dispuesto a paralizar una reforma durante ese periodo para permitir la entrada de un equipo de cine.

Un esqueleto de vigas, cables y polvo donde la ficción aún no ha echado raíces, aguardando convertirse en hogar.

Un esqueleto de vigas, cables y polvo donde la ficción aún no ha echado raíces, aguardando convertirse en hogar. Clara Salvador

Finalmente apareció en Cercedilla, en la Comunidad de Madrid. Su propietaria aceptó detener los trabajos y permitir que aquella vivienda se convirtiera durante un tiempo en la casa de Teresa.

Es quizá el mejor ejemplo de hasta qué punto una localización puede contar por sí misma. No hacía falta construir el personaje desde cero: bastaba con encontrar el lugar en el que pudiera existir.

Un equipo estelar

Una labor que, cuando estás acompañado de talento, siempre parece fluir. Trabajar con los Javis, cuenta, resulta especialmente fácil porque tienen muy definida su visión y suelen saber casi al instante si un espacio es el adecuado cuando lo pisan. Si no lo es, se descarta y se continúa buscando.

Porque detrás de las localizaciones que finalmente vemos en pantalla hay muchas otras que no llegaron a formar parte de la película. Lugares visitados, permisos y decisiones que desaparecen cuando comienzan los créditos.

Con actitud desenfadada, cercana y carismática el reparto posa frente a la cámara de la fotógrafa de rodaje Carla Oset.

Con actitud desenfadada, cercana y carismática el reparto posa frente a la cámara de la fotógrafa de rodaje Carla Oset. Revolutionary Comunicación

Para Clara, el resultado de La bola negra tampoco podría entenderse sin el equipo de localizaciones, el más numeroso con el que ha trabajado hasta la fecha.

Solo tres lugares bastan para verlo: un antiguo hospital frente al Cantábrico, un cine abandonado en una ciudad histórica y una casa en obras en la sierra madrileña. Tres destinos que, mucho antes de convertirse en imágenes, tuvieron que ser encontrados.