Si hay algo que se aprende al viajar es que no hay mejor manera de conocer el mundo que a través de sus historias: son sus habitantes, las personas que marcan la esencia de un lugar, quienes dan forma y moldean muchos de los atractivos que componen nuestra lista de imperdibles cuando los visitamos.
Precisamente es eso lo que ocurre en Billund, donde desde hace décadas existe un nombre claro vinculado a su territorio. LEGO, una institución en el universo de la infancia —aunque sus piezas han conquistado siempre a niños y a adultos por igual —, posee un origen que nos lleva de la mano hasta Jutlandia, la península que ocupa buena parte del territorio continental de Dinamarca.
Es allí, entre praderas verdes, frondosos bosques y diminutas localidades, donde aterrizamos para dejarnos embaucar por sus bondades. Por un destino que ha sabido hacer de la creatividad, el juego y la imaginación sus principales señas de identidad.
Sendero de pilares. Arte y horizonte en el paisaje.
LEGO House, el principio de todo
Ubicada en el mismo lugar donde nació el primer ladrillo de LEGO, se alza LEGO House, nuestra primera parada. Un edificio cuyo descubrimiento es toda una experiencia, pues sus 12 mil metros cuadrados —o, dicho de otro modo, 22 ladrillos de LEGO gigantes— dan lugar a una estructura arquitectónica tan única como fascinante.
Si ya su exterior impresiona, el interior no es para menos: en sus entrañas aguardan más de 25 millones de piezas de LEGO para promover nuestro ingenio y creatividad a todos los niveles.
Para entender bien su historia, sin embargo, debemos retroceder hasta 1932, cuando el carpintero Ole Kirk Kristiansen comenzó a fabricar juguetes de madera en su pequeño taller.
Escaleras de LEGO House. Un mundo de bloques amarillos y blancos.
El mundo se hallaba en plena crisis económica y él, entre coches, aviones y su popular pato de madera con ruedas, logró que su modesto negocio fuera creciendo hasta bautizar a la empresa con un nombre que acabaría siendo universal: LEGO, resultado de unir las palabras danesas leg godt, "juega bien"
El gran salto llegaría, sin embargo, cuando el plástico sustituyó progresivamente a la madera y Godtfred Kirk Christiansen, hijo de Ole, desarrolló el sistema de construcción que terminó dando lugar al ladrillo LEGO tal y como lo conocemos hoy, patentado en 1958.
La compañía continúa hoy en manos de la familia Kirk Kristiansen y mantiene en Billund su sede y su corazón. En las entrañas de LEGO House, y con el famoso Árbol de la Creatividad frente a nosotros —un árbol de 15 metros construido con piezas LEGO—, nos entregamos a sus cuatro Experience Zones dispuestos a construir, a resolver problemas, inventar personajes, crear historias e incluso dar vida a nuestras propias criaturas.
En su interior, ya lo advertimos, las horas vuelan.
Más allá de LEGO... ¿o no?
Tal vez tanto crear da algo de hambre, y aunque el propio LEGO House cuenta con su zona de restauración, elegimos tomarnos un respiro en la popular Billund Bageri, a solo 3 minutos a pie.
Artesanal, crujiente y recién salido del horno. Sabe a hogar.
Esta popular pastelería cuyo origen se remonta a 1929 bulle de actividad a todas horas: sus extensas vitrinas atesoran auténticas delicias danesas, desde la tradicional bollería a sándwiches y smørrebrød de todo tipo —esto es, una rebanada de pan con todo tipo de ingredientes dispuestos sobre él—, ofreciendo la oportunidad de reponer energías con los sabores más arraigados a esta tierra.
¿Qué tal animarnos con uno de ellos a base de lechuga, gambas y huevo duro? Antes de abandonar su amplio local, por cierto, no estará de más llevarnos un típico rugbrød a casa —pan de centeno oscuro, compacto y de sabor ligeramente ácido—: un suvenir original.
A un simple paseo por las calles comerciales de Billund, donde se alternan cafeterías con negocios locales de moda o decoración, alcanzamos otra de esas localizaciones dignas de incluir en la ruta: la casa construida en 1959 para Godtfred Kirk Christiansen, hijo del fundador de LEGO, su esposa Edith y sus tres hijos.
De estilo vanguardista, fue diseñada por Aage Bundgaard y tuvo además una peculiaridad muy propia de sus moradores: antes de levantarla, se realizaron propuestas y maquetas diferentes utilizando piezas de LEGO.
Hoy, aunque el antiguo hogar se ha transformado en un museo dedicado al mundo del oso de peluche, conserva buena parte de su esencia original y, más importante aún, el Edith's Garden, un espectacular jardín de más de 10 mil metros cuadrados diseñado en 1960 por el paisajista Egon Lauritzen y la propia Edith.
Casitas amarillas, hortensias en flor y esa paz inconfundible del paisaje danés.
De acceso gratuito, paseamos por sus senderos topándonos con exultantes rosas y dalias desbordando los parterres.
Un paseo por el arte
Aunque el universo LEGO regresará una y otra vez a nuestro itinerario, Billund es mucho más. Lo comprobamos al alcanzar el Skulpturpark, donde la ciudad demuestra que sí, que también sabe jugar en serio.
Caminamos con los ojos bien abiertos por algo más de un kilómetro de zonas verdes, descubriendo sorprendentes esculturas contemporáneas. Piezas integradas en el paisaje que, en ocasiones, se hallan semiescondidas.
Pero en Billund, lo de jugar va mucho más allá del significado literal de la palabra: aquí forma parte, también, del urbanismo. De hecho, desde hace años, la localidad trabaja bajo el concepto de Capital de los Niños, una iniciativa que busca que los más pequeños participen en la manera de diseñar y vivir la ciudad.
Cruzar este arco y volver a tener ocho años. Que empiece la aventura.
¿El resultado? Espacios públicos concebidos para estimular el movimiento, la creatividad y la interacción, convirtiendo el paseo por Billund en una suerte de juego urbano en el que no faltan, por supuesto, los parques temáticos.
¿El más popular? LEGOLAND, claro. Este enorme espacio al aire libre abrió sus puertas en 1968 junto a la fábrica de LEGO, cuando la compañía decidió crear un lugar en el que sus ladrillos pudieran saltar de las cajas y convertirse en ciudades, monumentos, personajes y mundos enteros.
La apuesta funcionó, y aquel primer parque recibió alrededor de 625 mil visitantes durante su primer año. Hoy, LEGOLAND Billund —porque ya existen otros similares por el mundo— reúne más de una decena de zonas temáticas, desde Miniland —una Dinamarca en miniatura— hasta áreas dedicadas a piratas, vikingos, ninjas o, ¡Star Wars!
Jelling, de LEGO a los vikingos
Y va a ser que sí: que tras tantos ladrillos de colores, necesitamos cambiar un poco de escala. Así que ponemos rumbo a Jelling, una última parada en el viaje algo diferente: a solo 25 kilómetros de Billund, el paisaje nos devuelve a una Dinamarca mucho más rural.
Creatividad en estado puro: cuando millones de piezas reviven a los gigantes del pasado.
Nos hallamos en el complejo que acoge uno de los lugares históricos más importantes del país y una de sus grandes joyas vikingas: las piedras rúnicas de Jelling, los dos enormes túmulos funerarios y la iglesia, conforman un conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Pero es que la importancia histórica de este enclave supera cualquier otro lugar: fue aquí, precisamente, donde Harald Blåtand, rey de Dinamarca en el siglo X, dejó grabada en piedra en el siglo X una de las declaraciones más importantes de la historia del país: que había hecho a los daneses cristianos y unificado el reino, además de incorporar a Noruega a sus dominios.
Recorremos el conjunto a pie, entendiendo cómo estos monumentos formaban parte de un paisaje ceremonial mucho mayor. Una gran instalación de piedras blancas marca hoy el perímetro de la antigua muralla que rodeaba el asentamiento reproduciendo la forma de un enorme barco de más de 350 metros de longitud.
Antes de partir, accedemos al Kongernes Jelling, el centro de visitantes, donde se ofrece una introducción muy visual e interactiva al mundo de los reyes vikingos y a la transformación de Jelling a lo largo de los siglos. Indispensable.
Siglos de historia vikinga grabados en piedra, guardados bajo el sol de Dinamarca.
Cómo llegar
La suerte es que, llegar a este remoto enclave danés, es de lo más sencillo. Billund cuenta con su propio aeropuerto internacional, al que aerolíneas como Norwegian ofrecen numerosas conexiones semanales con diferentes ciudades de España como Madrid o Málaga.
¿La última incorporación? El vuelo directo que han añadido desde Barcelona para la temporada estival. Una manera de acercarnos, un poco más si cabe, a este fascinante territorio danés.