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Tradicionalmente, la aristocracia española ha tenido la bendita costumbre de llegar tarde a muchas de las modas que conquistaban Europa. Eso sí, cuando se empapaban de ellas, lo hacían hasta los huesos. Era un flechazo para siempre.

Esto mismo pasó con la chinoiserie, o chinería en español, un estilo artístico que inundó las casas reales de Austria, Suecia o Reino Unido en el siglo XVII y XVIII y que nació de la fascinación por ese Oriente exótico, lleno de leyendas y mitos.

Muchos de estos aristócratas quisieron recrear en sus palacios rincones que emularan ese misticismo chino con sedas, porcelanas o almendros en flor. Así surgieron los llamados Salones Chinos, que eran habitaciones privadas donde nobles y reyes se inventaron su propia China como escenario para tomar el té, recibir a invitados de lujo en un lugar extravagante o jugar a las cartas.

El salón mide 60 metros cuadrados y cuatro metros de altura completamente decorados.

El salón mide 60 metros cuadrados y cuatro metros de altura completamente decorados. E. E.

En España, esta moda no caló tan profundamente como en el resto de países de Europa, aunque sí dejó ejemplos únicos como el Salón Chino del Palacio de La Cotilla de Guadalajara, un edificio del siglo XVI.

El inmueble fue la casa en Guadalajara de Ana de Torres y Sotomayor e Ignacio de Figueroa y Mendieta, los Marqueses de Villamejor. Él, hijo de un empresario muy influyente, llegó a ser diputado por esta provincia. Ella, una aristócrata venida a menos, estaba conectada con los círculos más exquisitos y quiso recrear en su palacio recién comprado y reformado esa China refinada de la que se hablaba en Europa.

Así, hacia el año 1890, hicieron traer de la misma China de la dinastía Qing tiras de papel de arroz pintado a mano de los talleres imperiales para organizar un increíble mural en un salón de 60 metros cuadrados y con techos de hasta cuatro metros de altura.

Se trata de una novela visual donde se narra la vida de la sociedad china y hasta de la aristocracia.

Se trata de una novela visual donde se narra la vida de la sociedad china y hasta de la aristocracia. E. E.

Y es que Ana de Torres y Sotomayor no sólo quería soñar con Oriente, también respirarlo, y por eso su Salón Chino es uno de los poquísimos ejemplos que se conservan en Europa en el que los materiales fueron traídos directamente del otro lado del mundo.

En aquellos años, la misión no debió ser nada fácil. Estas finísimas láminas de pasta de arroz pintadas con acuarela y gouache pudieron salir de Cantón o de Indochina, aunque su origen no se conoce concretamente, enrolladas cuidadosamente en cajas especiales para soportar la humedad marina.

El viaje desde China duró varios meses y en un milagro logístico, las cajas llegaron impolutas a Guadalajara, donde comenzó la segunda fase de este trabajo: el montaje.

Otra de las grandes diferencias de esta joya decorativa respecto a sus salones hermanos de Europa, de los que se conservan solo tres, es que no se trata de paisajes, pagodas o animales colocados sin más. El Salón Chino de Guadalajara cuenta una historia en la que aparecen más de 380 figuras humanas.

En estos murales se ven escenas cotidianas de agricultores e intelectuales.

En estos murales se ven escenas cotidianas de agricultores e intelectuales. E. E.

Por eso, los artesanos castellanos tuvieron que ir pegando las tiras verticales de unos 50 centímetros de ancho una a una para hacer encajar el rompecabezas de una manera perfecta, haciendo invisibles las costuras de esta pieza de arte.

Tras la puerta de madera donde se esconde esta joya única, podemos leer con calma una narración gráfica en la que se explica la realidad de los campesinos, con sus faenas en el campo, los mercaderes, la realeza y sus consejeros y hasta los intelectuales de palacio. Una China auténtica.

Como si hubieran arrancado un trozo de la historia de la dinastía Qing, entre estas láminas podemos ver la arquitectura propia de Oriente, con pagodas, puentes, jardines o el interior de las viviendas. Pero también rituales y celebraciones, el cultivo de arroz o la producción de la seda en esa época.

Ana Torres fue la impulsora de este Salón Chino.

Ana Torres fue la impulsora de este Salón Chino. E. E.

La mayoría de estos salones se amueblaban con modelos versallescos o lacados con una técnica de imitación que se desarrolló en Europa, el japanning. Este barniz de goma sobre pinturas en rojo, negro o verde y decorados con dorados dieron el pego durante años en momentos en los que exportar desde China era carísimo.

Por eso, hay que poner en valor la apuesta arriesgada de los Marqueses de Villamejor en un lugar que no era sede real, como Guadalajara, y la apuesta por el refinamiento que nos ha dejado una visita obligada para quienes saben apreciar la exquisitez del arte.

Curiosamente, en septiembre de 2019, los restauradores del Palacio de los Marqueses de Torremejía, en Almagro, se toparon con un segundo Salón Chino con pinturas originales también sobre papel de arroz, de los siglos XVIII y XIX.

Los paneles salieron a la luz justo cuando se retiraron las capas de papel pintado moderno que los cubrió y protegió durante todo este tiempo. Una maravilla que, por ahora, no se puede visitar pero que habla de la valentía de una aristocracia de provincias pero culta.

Los otros salones reales

Gabinete Chino Oval y Gabinete Chino Redondo en Viena.

Gabinete Chino Oval y Gabinete Chino Redondo en Viena. Palacio de Schönbrunn

Los gabinetes chinos del Palacio de Schönbrunn en Viena: El capricho de la emperatriz María Teresa de Austria fue crear un Gabinete Chino Redondo y un Gabinete Chino Ovalado para mostrar al mundo su amor por Oriente. En sus paredes hay paneles de laca negra y porcelanas de la dinastía Ming.

Este Pabellón Chino fue encargado para la reina de Suecia.

Este Pabellón Chino fue encargado para la reina de Suecia. Holger Ellgaard

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Interior del Royal Pavillion.

Interior del Royal Pavillion. Brighton&Hove Museums

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