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Lejos del bullicio de Los Ángeles o del magnetismo tecnológico de Silicon Valley, esta sorprendente ciudad concentra su oferta en su pasado vinculado a la fiebre del oro, su excelente vida cultural y su cercanía a la naturaleza más explosiva.

Resulta llamativo que, a pesar de hallarse a apenas un par de horas de lugares tan icónicos como San Francisco, el Lago Tahoe o Yosemite National Park, la que lleva siendo capital del estado más transgresor de Estados Unidos desde 1850, no se halle entre los lugares más visitados de California.

Sin embargo, su rica historia, sus más de 250 días de sol al año y su bullente escena cultural hacen que cada vez sean más quienes le echan un ojo con el objetivo de escaparse unos días y descubrir sus encantos.

La vieja ciudad de Sacramento.

La vieja ciudad de Sacramento. iStock

Sacramento cobró importancia en el mapa de Estados Unidos allá por 1848. Fue entonces cuando Sutter's Mill, ubicado a unos 70 kilómetros al noreste de la ciudad, se convirtió en noticia al descubrirse oro en su territorio. Esto tuvo como consecuencia la llegada de miles de buscadores del metal precioso a la región, los conocidos como forty-niners.

La ciudad tenía la fortuna de hallarse justo en la confluencia entre dos de los ríos más importantes, el Sacramento —que le da nombre— y el American, lo que la convirtió en el principal punto de entrada hacia las diferentes minas.

Hasta ella llegaban constantemente barcos desde San Francisco cargados de mercancías, pero también de aventureros con una maleta llena de sueños dispuestos a lograr —o al menos, intentar— hacerse ricos.

Arrancó así el periodo que se conoce como la Gold Rush, años en los que Sacramento vivió una transformación absoluta, convirtiéndose en un auténtico hervidero de actividad. Comenzaron a abrir negocios de todo tipo, desde tiendas a alojamientos y talleres, pues se necesitaba abastecer a las miles de personas que llegaron a la zona.

Se dice, de hecho, que no todos los que hicieron grandes fortunas lo lograron a costa del oro: también quienes comerciaban con herramientas y servicios hicieron su auténtico agosto. El progreso fue tan acelerado que Sacramento no tardó en ser nombrada la capital de California: se iniciaba así un nuevo capítulo de la historia del oeste americano.

Hoy, el Old Sacramento, con calles de madera que evocan aquella lejana época, permite experimentar a quienes lo visitan un viaje al siglo XIX. Aquí se conservan antiguos saloons y almacenes de estilo western, pero también museos que narran los momentos más importantes de su pasado, tiendas de suvenires, restaurantes que recrean el ambiente de entonces y hasta estudios fotográficos en los que dejarse inmortalizar con trajes de la época.

En el California State Railroad Museum, además, aguarda una colección de antiguos vagones y ferrocarriles que documentan la época en la que Sacramento fue sede occidental del ferrocarril transcontinental.

Edificio del Capitolio del Estado de California en Sacramento, California, Estados Unidos.

Edificio del Capitolio del Estado de California en Sacramento, California, Estados Unidos. iStock

Sacramento monumental

Para continuar ahondando en ese lado de la ciudad que tanto nos atrae, no podemos dejar de visitar su edificio más elegante y señorial, también construido en el boyante siglo XIX: el Capitol, el corazón político de California, destaca con su arquitectura neoclásica y su inmensa cúpula de 39 metros de diámetro.

Es posible hacer una visita guiada gratuita a su interior recorriendo históricas salas como la Galería del Senado o la Sala de Asambleas para comprobar, de paso, qué grandes nombres han pasado por el Gobierno californiano. Solo hay que echar un vistazo a los retratos que decoran algunos de sus pasillos más representativos: no faltan personajes como Ronald Reagan o el mismísimo Arnold Schwarzenegger, que ostentó el título durante ocho años.

Después tocará pasear por Capitol Park, que rodea el enigmático edificio. Se trata de uno de los espacios urbanos más importantes y simbólicos de la ciudad: 16 hectáreas de zonas verdes diseñadas en 1870 como un jardín victoriano repleto de senderos por los que perderse. Aquí hay cabida para 2.000 árboles y más de 200 especies diferentes de plantas, entre ellas, secuoyas, camelias o rosas.

A un salto, otro reclamo: la Leland Stanford Mansion es una mansión victoriana histórica construida en 1856 que perteneció a Leland Stanford, una de las figuras clave en la historia de California: además de ser uno de los cuatro grandes magnates del ferrocarril durante la fiebre del oro, fue gobernador de California y fundador de la Stanford University. Hoy, y tras haber funcionado a lo largo de la historia como residencia familiar, orfanato y hospital infantil, es un museo estatal.

Al otro lado del río

Explorar la ribera oeste del Sacramento nos lleva hasta la Tower Bridge, uno de los grandes iconos de la ciudad y una pieza clave para entender su evolución urbana, ya que desde su inauguración en 1935 conecta el centro con West Sacramento. Fue diseñado con una clara inspiración Art Déco como un puente basculante vertical que permite el paso de embarcaciones elevando la zona central, un detalle que revela la importancia histórica del río como vía de transporte.

Uno de sus detalles más característicos es su color dorado, que añadieron en 1976 con motivo del bicentenario de Estados Unidos: desde entonces, no es de extrañar, se convirtió en protagonista de postales y fotografías.

Al cruzarlo se alcanza el River Walk Park, un parque que discurre en paralelo al río que es el spot favorito de ciclistas, runners y deportistas varios. Desde sus senderos, además —y aquí va un tip— se obtiene una de las mejores vistas del skyline de la ciudad.

Doco en Sacramento.

Doco en Sacramento. Visit Sacramento

De vuelta al downtown, y dispuestos a descubrir el lado más alternativo de Sacramento, nos plantamos en DOCO, el distrito que concentra la vida urbana más transgresora: aquí hay estímulos de sobra con los que entretenerse, ya sea tomando algo en sus animadas terrazas, descubriendo la escena gastronómica de la ciudad en sus restaurantes de renombre o disfrutando de sus galerías, tiendas y arte urbano.

Un lugar para crear comunidad en el que tampoco faltan exclusivos hoteles donde hospedarse: el Kimpton The Sawyer, con un interiorismo inspirado en la abrumadora naturaleza que gobierna el norte de Sacramento, es la apuesta más refinada del vecindario.