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Georgina Rodríguez lleva años vinculada a algunas de las ciudades más exclusivas del mundo, pero una parte importante de su historia se encuentra en un lugar mucho más pequeño y rodeado por las montañas del Pirineo.

Hablamos de Jaca, una ciudad oscense de alrededor de 14.000 habitantes, que fue escenario de buena parte de su infancia y adolescencia y también el lugar donde comenzó su formación en danza clásica antes de que su vida cambiara para siempre.

Un lugar al que la empresaria e influencer ha regresado posteriormente para reencontrarse con sus orígenes durante la grabación de su exitosa producción de Netflix. Pero más allá de su vínculo con Georgina, Jaca tiene argumentos suficientes para convertirse por sí sola en destino imprescindible.

Y es que, esta fue una ciudad fundamental en los primeros pasos del Reino de Aragón y actualmente continúa siendo una de las grandes puertas de entrada al Pirineo. Su posición estratégica explica también la riqueza de su patrimonio.

Por aquí atraviesa el Camino de Santiago Aragonés, mientras que en sus calles aparecen iglesias románicas, edificios modernistas, antiguas construcciones civiles y una enorme fortaleza del siglo XVI. A ello se suman los paisajes de montaña únicos y una gastronomía donde el ternasco ocupa un lugar privilegiado.

Una fortaleza del siglo XVI

Pocas imágenes representan mejor a Jaca que su Ciudadela, también conocida como Castillo de San Pedro. La fortaleza comenzó a construirse a finales del siglo XVI por orden de Felipe II dentro de una estrategia para reforzar la defensa de los Pirineos.

Su gran peculiaridad se aprecia especialmente desde el aire: una planta pentagonal rodeada por baluartes que dibujan una enorme estrella de cinco puntas.

Vista aérea de la ciudadela de Jaca.

Vista aérea de la ciudadela de Jaca. iStock

El conjunto conserva buena parte de su estructura defensiva, incluido el gran foso exterior. Para acceder al interior hay que atravesarlo antes de alcanzar una portada que conduce hasta el patio de armas, alrededor del cual se distribuyen las antiguas dependencias militares.

En su interior se encuentra además el Museo de Miniaturas Militares, con miles de pequeñas figuras organizadas en escenarios que recrean diferentes episodios y ejércitos de la historia. Un buen punto de partida para recorrer Jaca a pie. Desde esta fortaleza apenas hacen falta unos minutos para llegar hasta el casco histórico.

Una joya del románico

La siguiente parada imprescindible es la Catedral de San Pedro de Jaca, estrechamente relacionada con el nacimiento y consolidación del Reino de Aragón. Está considerada uno de los primeros grandes ejemplos del románico peninsular. El templo adquirió además una importancia especial gracias al paso por Jaca del Camino de Santiago.

Uno de sus detalles arquitectónicos más reconocibles es el llamado ajedrezado jaqués, una decoración geométrica formada por pequeños bloques que posteriormente se extendió por numerosos edificios románicos vinculados a las rutas jacobeas.

Catedral de San Pedro, Jaca.

Catedral de San Pedro, Jaca. iStock

En torno a la catedral se abre una de las zonas con más ambiente de la ciudad. Terrazas, pequeños comercios y establecimientos tradicionales convierten la plaza en un buen lugar para detenerse antes de continuar la ruta.

Dentro del conjunto catedralicio también se encuentra el Museo Diocesano, especialmente conocido por su colección de pintura mural medieval.

Calles con arquitectura modernista

Jaca no vive únicamente de su pasado medieval. El crecimiento experimentado por la ciudad a principios del siglo XX dejó también interesantes ejemplos de arquitectura modernista.

Un paseo por la avenida del Primer Viernes de Mayo permite localizar varios ejemplos. Entre ellos aparecen Casa Borau, Casa Valero y Casa La Rubia, esta última especialmente reconocible por una estética que recuerda a determinados edificios del modernismo barcelonés.

Las huellas de esta etapa continúan por otras calles del centro histórico, demostrando que Jaca es mucho más que una colección de construcciones medievales.

Del Ayuntamiento a la Torre del Reloj

La ruta puede continuar por la Calle Mayor, uno de los grandes ejes comerciales y sociales de la ciudad. Allí se encuentra el Ayuntamiento de Jaca, cuya fachada constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil renacentista de la localidad. Su portada de piedra y la galería de arcos de la parte superior destacan especialmente dentro del conjunto.

A pocos pasos aparece la Torre del Reloj, levantada en el siglo XV y conocida también como Torre de la Cárcel por uno de los usos que tuvo a lo largo de su historia. Muy cerca se encuentra una estatua dedicada a Ramiro I, considerado el primer rey de Aragón, recordando el importante papel que tuvo Jaca durante los orígenes del reino.

Otro de los edificios históricos que merece una parada es el Real Monasterio de las Benedictinas, conocido popularmente como Las Benitas. Entre las piezas vinculadas al monasterio destaca el sarcófago románico de doña Sancha, hija de Ramiro I.

Un puente medieval sobre el río Aragón

Para alejarse ligeramente del centro urbano se puede caminar hasta el Puente de San Miguel, situado sobre el río Aragón. El puente formaba parte de las comunicaciones entre Jaca y los valles occidentales del Pirineo y estuvo relacionado también con el tránsito de peregrinos del Camino de Santiago.

El paseo hasta este punto permite además abandonar durante unos minutos las calles del casco urbano y acercarse al paisaje natural que rodea Jaca, con las montañas siempre presentes en el horizonte.

Ternasco y cocina de montaña

Descubrir Jaca implica también sentarse a la mesa. La gastronomía de esta parte de Huesca está marcada por su ubicación pirenaica y por recetas pensadas históricamente para soportar los inviernos de montaña.

Uno de sus grandes protagonistas es el Ternasco de Aragón, elaborado con cordero joven y convertido en uno de los productos más representativos de la comunidad. Asado, acompañado de patatas o incorporado a recetas más actuales, aparece habitualmente en los restaurantes de Jaca.

Ternasco.

Ternasco. iStock

La cocina local también permite encontrar migas, carnes, embutidos y platos de cuchara, especialmente apetecibles cuando bajan las temperaturas.

Para terminar con algo dulce, las pastelerías del centro mantienen una larga tradición y sus escaparates son otra tentación durante el paseo por las calles próximas a la catedral.

Una puerta de entrada al Pirineo

Jaca funciona también como una excelente base para explorar el norte de Huesca. Desde la ciudad se puede continuar hacia los valles de Canfranc, Hecho y Ansó, acercarse a estaciones de montaña o recorrer algunos de los numerosos senderos que atraviesan el Pirineo occidental aragonés.

Esa combinación explica buena parte de su atractivo. En una misma escapada es posible caminar por calles con casi mil años de historia, visitar una fortaleza renacentista y poco después, encontrarse rodeado de montañas.

Para Georgina Rodríguez, Jaca tiene además un significado mucho más personal. Aquí transcurrieron años fundamentales de su infancia y adolescencia, mucho antes de su historia de amor con Cristiano Ronaldo, las alfombras rojas, los viajes internacionales y su actual exposición mediática.

Para el viajero, en cambio, la ciudad ofrece otra historia: la de una antigua capital aragonesa que conserva un extraordinario patrimonio a los pies del Pirineo.