Los primeros días de septiembre nos dejan numerosos planes para quienes quieran aprovechar el final del verano con una escapada por Asturias. Uno de ellos permitirá viajar varios siglos atrás entre puestos de artesanía, gastronomía y espectáculos de inspiración medieval.
Arriondas transformará durante cuatro días uno de sus espacios más conocidos para celebrar una nueva edición de su Mercadillo Medieval, una cita que llevará mercaderes, música y animación de época hasta las orillas del río Sella.
Del 3 al 6 de septiembre de 2026, el Parque de La Llera se convertirá en el escenario de este gran mercado histórico, que reunirá alrededor de 200 puestos y diferentes actividades para vecinos y visitantes.
Durante cuatro jornadas, los caminos del parque cambiarán su aspecto habitual entre tenderetes y decoración inspirada en otros tiempos. Artesanía y productos tradicionales compartirán espacio en un entorno verde situado junto al río.
La gastronomía será otro de los grandes atractivos de la cita. Además de diferentes puestos de comida, habrá una zona de restauración con pulpería donde hacer una pausa durante el recorrido. Una ambientación que se completará con espectáculos y actuaciones repartidos a lo largo de los cuatro días, haciendo que la visita vaya mucho más allá de recorrer los puestos del mercado.
Música y espectáculo de fuego
Entre los protagonistas de la programación estará el grupo Xalamut, que realizará diferentes pases musicales y de ambientación durante todas las jornadas. El jueves habrá actuaciones desde las 18:00 horas, mientras que el viernes y el sábado comenzarán ya al mediodía y continuarán durante buena parte de la tarde y la noche.
Uno de los momentos más especiales llegará el sábado 5 de septiembre a las 22:00 horas, cuando tendrá lugar un espectáculo de fuego que añadirá todavía más ambiente medieval a la noche asturiana.
El domingo habrá dos últimos pases, previstos a las 12:00 y a las 13:30 horas, antes de que el mercado despida su edición de 2026.
Mucho más que el Descenso del Sella
La feria es también una buena excusa para descubrir Arriondas más allá de su imagen más conocida. Esta localidad de alrededor de 3.000 habitantes se encuentra donde confluyen los ríos Sella y Piloña, rodeada por algunos de los paisajes más especiales del oriente asturiano.
Su nombre está inevitablemente unido al Descenso Internacional del Sella, pero basta con caminar por sus calles para encontrar otros rastros de su pasado, especialmente en las elegantes construcciones levantadas por los indianos.
Río Sella en Arriondas.
Villa Juanita, Casa Cepa, Casa Mirayes o Villa María son algunos de los ejemplos de aquella arquitectura impulsada por los emigrantes asturianos que hicieron fortuna en América y regresaron a su tierra entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Otro de sus edificios más reconocibles es la Iglesia de San Martín, construida a comienzos del siglo XX. A pocos pasos, el río vuelve a convertirse en protagonista y acompaña buena parte de los paseos por la localidad.
Entre parques y piraguas
El verde tampoco desaparece al entrar en Arriondas. El Parque de la Concordia, situado en la vega formada por el encuentro del Sella y el Piloña, ofrece uno de esos espacios donde descansar antes de continuar la visita.
Cruzando el puente se alcanza precisamente el Parque de La Llera, escenario elegido para el Mercado Medieval y uno de los lugares más vinculados a la vida al aire libre del municipio.
Y para quienes busquen algo más de aventura, queda el gran clásico: descender el río Sella en piragua. Desde Arriondas parten numerosos recorridos que permiten seguir el curso del río entre vegetación y paisajes del oriente asturiano.
Una escapada entre mar y montaña
La ubicación de Arriondas permite además completar el viaje con algunos de los grandes imprescindibles de Asturias. A pocos kilómetros se encuentra el Mirador del Fitu, desde donde la montaña y el Cantábrico aparecen juntos en una espectacular panorámica.
En dirección contraria, siguiendo el Sella hacia el interior, Cangas de Onís espera a apenas unos kilómetros. Desde allí se puede continuar hasta Covadonga y adentrarse en los paisajes de los Picos de Europa.
Y si el viaje pide terminar junto al mar, Ribadesella se encuentra a unos 20 kilómetros. Sus playas, casonas, miradores y casco histórico ponen el broche perfecto a una escapada que comienza entre puestos medievales y termina frente al Cantábrico.