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Pedro Piqueras es uno de los rostros más conocibles de la televisión en España. Durante cerca de 35 años estuvo vinculado a los informativos, desde sus primeros pasos como presentador en 1988 hasta su despedida de la pequeña pantalla en diciembre de 2023.

Ahora, a sus 71 años y alejado del ritmo diario de los platós de televisión, el albaceteño disfruta de una etapa mucho más tranquila. Y para ello ha elegido un lugar muy diferente a Madrid: Altea, una localidad de la provincia de Alicante de alrededor de 24.000 habitantes donde el periodista tiene una vivienda frente al Mediterráneo.

El propio Piqueras ha hablado públicamente de la tranquilidad que encuentra en este rincón de la Costa Blanca. Un destino que, más allá de sus playas, sorprende por un casco antiguo de casas encaladas, callejuelas empedradas, talleres de artesanía y miradores desde los que contemplar buena parte del litoral alicantino.

Situada a los pies de la sierra de Bèrnia y abierta al Mediterráneo, Altea cuenta además con unos ocho kilómetros de costa y conserva parte del trazado de la antigua villa amurallada.

Una combinación de patrimonio, mar y vida tranquila que ayuda a entender por qué se ha convertido en el lugar elegido por Piqueras para esta nueva etapa.

El casco histórico más bonito de la Costa Blanca

Para conocer Altea hay que empezar por su parte alta. El casco antiguo, conocido como El Fornet, conserva una sucesión de calles estrechas, escalinatas, fachadas blancas y pequeñas plazas que han terminado convirtiéndose en una de las imágenes más características de la localidad.

Una de las vías más populares es la calle San Miguel, donde se concentran pequeñas tiendas, talleres artesanos y galerías. A medida que se asciende aparece al fondo la estampa más reconocible del municipio: las dos cúpulas azules de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo sobresaliendo entre las casas blancas.

Casco viejo de Altea.

Casco viejo de Altea. iStock

El recorrido desemboca precisamente en la Plaza de la Iglesia, uno de los principales puntos de encuentro de Altea. Sus terrazas y su posición elevada la convierten en una buena parada antes de seguir descubriendo la parte histórica.

Allí se levanta la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, construida a comienzos del siglo XX y reconocible desde numerosos puntos del municipio gracias a sus características cúpulas cubiertas de cerámica azul y blanca.

Miradores con vistas al Mediterráneo

Uno de los grandes atractivos de recorrer la parte alta de Altea son las vistas. Muy cerca de la iglesia se encuentra el Mirador de los Cronistas, también conocido como Mirador de la Muralla.

Desde este punto se contempla la bahía de Altea, la Serra Gelada y buena parte de la costa. En los días de mayor visibilidad, la panorámica alcanza otros lugares reconocibles del litoral alicantino, como el Peñón de Ifach.

Vista panorámica de la Costa Blanca.

Vista panorámica de la Costa Blanca. iStock

El paseo puede continuar por calles como Santa Bárbara, Mayor, Salamanca o Concepció, donde todavía es posible apreciar el trazado irregular de la zona histórica.

En esta parte de Altea también se encuentra Casa Cervantes, un singular edificio de principios del siglo XX construido por Francesc Martínez i Martínez. Su fachada combina diferentes influencias arquitectónicas y conserva una representación del perfil de Miguel de Cervantes como homenaje al escritor.

Las antiguas puertas de la villa

El pasado defensivo de Altea todavía puede reconocerse siguiendo el trazo de la antigua fortificación del siglo XVI y en diferentes puntos de su casco histórico. Uno de los más interesantes es el Portal Vell, una de las antiguas entradas que permitían atravesar el recinto amurallado.

Junto con el Portal Nou, constituye uno de los principales testimonios que quedan de las puertas que comunicaban el interior de la antigua villa con el exterior.

Otro elemento fundamental para conocer este pasado es la Torre de Bellaguarda. Construida en el siglo XVI, formaba parte del sistema de vigilancia de la costa ante las incursiones que llegaban desde el Mediterráneo.

Tras diferentes intervenciones y restauraciones, el entorno funciona hoy como un mirador desde el que contemplar tanto el mar como la parte alta de Altea.

Ocho kilómetros de costa

Más allá de las calles blancas que aparecen en prácticamente todas las fotografías de Altea, el Mediterráneo es otro de sus grandes protagonistas. El término municipal dispone de alrededor de ocho kilómetros de litoral, donde se alternan playas urbanas y rincones más apartados.

Entre las más conocidas se encuentra la playa de la Roda, situada junto al núcleo urbano y muy próxima al paseo marítimo. También destacan Cap Negret y Cap Blanc, buenas opciones para quienes prefieran permanecer cerca del centro.

Vista aérea en Altea.

Vista aérea en Altea. iStock

Algo más alejadas aparecen playas como l'Olla, desde donde se puede contemplar el Peñón de Ifach, o las zonas de Mascarat y la Solsida.

A diferencia de otros destinos próximos de la Costa Blanca, muchas de las playas de Altea están formadas por pequeños cantos rodados y grava en lugar de grandes extensiones de arena fina.

Un paseo junto al mar

Otra forma de descubrir la localidad es recorrer el Paseo del Mediterráneo, especialmente durante las últimas horas del día.

El recorrido bordea buena parte de la fachada marítima y permite enlazar diferentes playas urbanas mientras se suceden terrazas y restaurantes especializados en pescados, mariscos y arroces.

Siguiendo junto al Mediterráneo se puede llegar también hasta el puerto de Altea, donde las embarcaciones deportivas han pasado a formar parte habitual del paisaje. Desde esta zona parten además diferentes actividades para recorrer la costa desde el agua, desde kayak y paddle surf hasta excursiones en barco.